RAWSON (ADNSUR) - “¿Dónde hay un mango, viejo Gómez?”, la letra del tango que inmortalizó Tita Merello los años posteriores a la crisis del 30, parece más actual que nunca por estos días en la provincia del Chubut. La frase tanguera ronda por la cabeza de los casi 65 mil empleados estatales, que nominalmente tienen salarios muy buenos, por encima de la media nacional e incluso del sector privado, pero que en la práctica no se cumplen, porque se volvieron imposibles de afrontar para las cuentas del Estado, que paga cada 40 o 50 días.

En consecuencia, los empleados públicos viven tapados de deudas porque cobran tarde, lo que provoca el corte de la cadena de pagos de buena parte de la economía local, especialmente en la zona del valle y de la cordillera, donde los comercios subsisten en gran medida del bolsillo de los estatales. A la demora, se suma la falta de previsibilidad, lo que es peor aún: para un empleado chubutense, es casi imposible anticipar en qué fecha del mes va a cobrar, y eso torna imposible administrar la economía familiar.

Este panorama que se observa desde hace un año, se fue agravando aún más en los últimos meses: en la segunda mitad de 2019 se cobraba escalonado pero dentro del mes inmediato posterior. En este 2020, el depósito se fue estirando en el tiempo a causa de un déficit estructural que sigue subiendo y que hoy ronda los $ 2.400 millones mensuales. Aunque parezca increíble, en una provincia que no puede pagar los sueldos, el gasto público sigue subiendo, porque la masa salarial no para de crecer todos los meses, y supera en un 40 % a los fondos disponibles. La consecuencia está a la vista: se adeudan dos meses y medio, producto del vencimiento de los salarios de julio, agosto y el medio aguinaldo, sin contar el retroactivo pendiente de cláusula gatillo de las paritarias 2019.

Como ya hemos venido explicando en notas anteriores, la salida a esta crisis pasa por un doble efecto, que implica por un lado un achique del gasto y por el otro un aumento de los ingresos, lo que tiene que surgir de un plan económico que es reclamado a gritos por la oposición, el gobierno nacional y los potenciales inversores. En ese sentido, se espera por un paquete de medidas que el gobernador Mariano Arcioni anticipó que se va a estar anunciando esta semana. Pero además en esta nota, vamos a contar cuáles son las ideas que están en mente para dar el primer e imprescindible paso, que es conseguir la plata para empezar a acortar la deuda salarial.

 

 

MEDIDAS INMINENTES

Lo que está en carpeta para ser anunciado por el gobierno en las próximas horas, ya ha sido anticipado en gran parte a nuestros lectores en entregas anteriores: hace más tres meses publicamos en ADNSUR que el gobierno trabaja en un ordenamiento tributario para recaudar lo que hoy no está cobrando en impuestos provinciales vinculados al campo, el agua y la pesca, así como ajustar otros en juegos de azar, al tiempo que se pretende auditar mejor los recursos extractivos.

También fuimos dando detalles del proceso de renegociación de la deuda, cuyo éxito no está para nada garantizado y que en todo caso no será una solución, pero permitiría achicar el déficit y aliviar la “sangría” de los bonos Bopro y Bocade. Y ya anticipamos otras medidas en carpeta para achicar gastos, como el “tope salarial” para los sueldos más altos, que sigue en agenda pero necesita previamente lograr una estabilidad en las fechas de pago y tener los sueldos al día.

Por eso, el primer objetivo que desvela al gobernador y su equipo por estas horas, es de dónde obtener el dinero para saldar una deuda salarial que asciende, sumados dos meses más el medio aguinaldo y el retroactivo, a $ 17 mil millones. Hubo gestiones ante Nación, pero la respuesta de los funcionarios fue que por el momento no hay “caja”, pero además hace falta un plan más previsible por parte de la provincia para salir de su desequilibrio.

La falta de caja y liquidez se comprobó esta semana, con el anuncio del Presidente Alberto Fernández de buscar una solución al conflicto de los sueldos de la policía bonaerense, pero no poniendo la mano en el “bolsillo”, sino distribuyendo los fondos de manera diferente: es decir, devolviendo a la provincia de Buenos Aires ingresos que había perdido por coparticipación, y que habían ganado zonas como la Ciudad de Buenos Aires.

Ese anuncio, abrió una “puerta” inesperada para la provincia del Chubut, que también podría aprovechar la oportunidad para reclamar que se le devuelva aquel 0,86 % que cedió en un gesto político durante la presidencia de Raúl Alfonsín, y que hoy sería maná del cielo en una provincia con un serio problema de caja. Esto fue anticipado esta semana por ADNSUR y confirmado por el gobernador este viernes, pero en ese caso, la respuesta exitosa dependerá de una fuerte movida política de todos los sectores, por lo que se trata de una posibilidad a mediano plazo, no inmediata.

Más allá de lo anterior, está claro que es muy difícil por el momento un salvataje nacional por la vía del Aporte del Tesoro o de un financiamiento del Fondo Fiduciario Federal. Descartada esta opción, los fondos deberán buscarse en el mercado financiero, y Chubut deberá salir a tomar deuda, tal como anticipamos hace dos semanas. Y aquí es donde se barajan dos alternativas, que detallaremos a continuación.

 

 

 

NUEVO PRÉSTAMO

Para el nuevo préstamo que tendrá que tomar la provincia si quiere conseguir plata para pagar los sueldos atrasados y hacerse de un fondeo para lograr ser más previsible, surgen en principio dos posibilidades, ambas confirmadas a ADNSUR por fuentes oficiales. Por un lado, salir a colocar letras en el mercado por el sistema de “dólar linked”, muy seductor para los inversores. Por el otro, solicitar a la Legislatura una nueva autorización para endeudarse y armar luego un fideicomiso a través del Banco del Chubut.

Entre las dos alternativas de endeudamiento hay diferencias, que se plasman en ventajas y desventajas a tener en cuenta, en un mercado muy volátil donde el monto a conseguir (se necesitan miles de millones de pesos) y la tasa de interés, son todavía imposibles de predecir. En el primer caso, el de las letras con dólar linked, no haría falta ninguna ley, porque el gobierno se valdría de una autorización con la que ya cuenta para endeudarse en hasta U$S 180 millones, con un plazo máximo de 30 meses.

En cambio la segunda opción, depende de una ley que requerirá consenso con la oposición y el alineamiento de planetas para que la Cámara de Diputados logre sesionar. En ese caso, podría hablarse de un endeudamiento a mayor plazo, por ejemplo hasta 10 años, lo que daría más tiempo para acomodar los números, con la garantía de los futuros ingresos de la coparticipación federal.

Más allá de la idea de los armadores, en la práctica será el mercado el que dirá si estas inversiones propuestas por una provincia con gran parte de sus ingresos futuros comprometidos, son atractivas para quienes buscan obtener un buen margen de ganancia de manera segura. Y en este aspecto, hay algo clave a tener en cuenta: el gobierno pedirá especialmente un “gesto”, una “mano” a los sectores privados que operan en territorio chubutense y que tienen una renta importante. La idea es plantear a las principales empresas vinculadas al petróleo, el aluminio, la pesca, y los casinos, para que apuesten por la oferta de Chubut, y tomen las letras o aporten al fideicomiso, tal como hacen de manera permanente en el mercado con otras acciones o bonos. A algunos empresarios, es probable que los llame el mismísimo gobernador Arcioni.

LOS DOS INSTRUMENTOS

Si profundizamos las dos principales herramientas que se barajan en el gobierno para salir a tomar dinero líquido, vemos que en el caso del programa de letras ya autorizado -que hoy permitiría obtener hasta unos 18 mil millones de pesos como máximo-, se trata de atraer con una inversión que hoy es una de las vedettes del mercado en una macroeconomía que tiene muchas restricciones para la compra de dólares para los ahorristas.

Se trata de un instrumento que se paga en pesos pero con el capital atado a la evolución del dólar oficial. En un contexto de brecha cambiaria elevada, el dólar oficial cada vez tiene más presión devaluatoria. Por ese motivo, a los inversores que apuestan a estos instrumentos se les asegura una cobertura ante un salto del tipo de cambio oficial en los próximos meses. No son pocos en el gabinete quienes creen que esta podría ser la opción más rápida, tomando deuda a un plazo de 30 meses, es decir, a devolver dentro de esta misma gestión. Si se mira el vaso medio lleno, un éxito en la renegociación de la deuda externa en dólares lograría que los vencimientos empiecen a caer después de esa fecha, a partir de 2025.

 

 

La otra opción, que puede darse en simultáneo con la anterior, pasa por la creación de un fideicomiso a través del Banco Chubut, a través de una ley que pediría a la Legislatura una autorización a realizar operaciones de crédito público para endeudarse mediante la emisión de títulos públicos o contratación de préstamos para cubrir desequilibrios.

Este empréstito podría otorgar un plazo mayor de hasta 10 años, habilitando la afectación en garantía de los recursos provenientes del Régimen de Coparticipación Federal de Impuestos o de las regalías hidrocarburíferas. Pero el paso previo requerirá más tiempo, con un proyecto en el que seguramente meterán manos los diputados de todos los bloques. Demandará seguramente varias semanas de negociación política, un plazo del que el gobierno hoy no dispone.

En resumen, el presente financiero de Chubut es caótico, y el futuro es incierto. Se necesitan medidas de manera urgente para salir de la serie de errores que llevaron a esta situación. Hará falta un plan creíble y mucho diálogo para convencer a futuros inversores y al arco político opositor, que hasta el momento viene actuando con mucho compromiso institucional. El gran desafío es que la provincia vuelva a ser previsible, algo que hoy parece una utopía.