COMODORO RIVADAVIA (Por Raúl Figueroa / Especial para ADNSUR) - La evolución salarial pierde largamente la carrera frente a la inflación, algo que se evidencia especialmente en los primeros meses de este año, pero que sería obtuso desconocer que comenzó a dar señales mínimamente en los últimos 5 años.

Impuesto a las ganancias mediante y techos paritarios cada vez más explícitos desde el poder político y la obediencia gremial, Comodoro Rivadavia se asemeja a un banco de pruebas en el que el ascensor sube aceitadamente para los precios, mientras las escaleras para salarios se hacen cada vez más empinadas.

Con más de 28.000 pesos necesarios para cubrir la canasta básica total en la ciudad del petróleo sin calma, sólo 3 sectores laborales superan esa cúspide y el resto queda resignado a cubrir la canasta en forma parcial, o a la combinación de ingresos en el hogar para superar la meta.

Los acuerdos de precios cuidados son cada vez más escasos y menos efectivos. Quien hace regularmente las compras sabe que los cartelitos de precios de un litro de leche a 11 ó 12 pesos muchas veces adornan una góndola vacía, mientras los estantes de cartones a 15 ó 17 (o más de 20) pesos por litro desbordan del mismo producto.

PRECIOS FUERA DE CONTROL

El intento del gobierno provincial para fijar algunos cortes de carne (picada, asado sin hueso y cuadrada para milanesas) a precios por debajo de 100 pesos el kilo, además de algunos cortes de carne de cerdo, significan más un reconocimiento a los precios fuera de control que un instrumento eficaz para parar la avalancha.

Y si bien puede ser un paliativo de cierto alivio para algunas familias, lo cierto es que mientras las grandes cadenas de comercialización sigan recaudando con el costo de oportunidad que le sigue pagando el sector de mayor poder adquisitivo y capacidad de financiación, la brecha seguirá lejos de saldarse.

Podrá argumentarse, desde el gobierno provincial, que la inflación y las variables económicas son un resorte de alcance nacional, por lo que no sería justo desconocer el acuerdo por precios de la carne. Lo cual es cierto.

Tan cierto como el hecho de que las paritarias provinciales fijaron un techo por debajo del 30%, lo cual queda lejos de recomponer el poder adquisitivo perdido entre octubre del año pasado y lo que va del corriente, cualquiera sea el porcentaje final de inflación que quiera darse por válido: basta pensar que un kilo de asado (con hueso) se pagaba en octubre a 130 pesos, mientras hoy puede superar los 190.

Y si bien también es cierto que la discusión paritaria se reabrirá en la última parte del año, resulta bastante complejo imaginar, en la situación financiera de la provincia (con los ingresos en retroceso y un alto nivel de endeudamiento) que la expectativa salarial en esa nueva instancia pueda aproximarse a la evolución que continúan demostrando los precios.

MIRADAS

Un trabajo de la consultora Noanomics demotró en enero de este año que las negociaciones salariales en las provincias se ubicarían muy por debajo del 30%, lo cual sería el modo de reducir el déficit en esas jurisdicciones.

En otras palabras, la necesidad de ajuste fiscal (en un contexto de baja de recursos provinciales, que en Chubut y Santa Cruz juegan no sólo por la reducción de regalías petroleras, sino también por la menor coparticipación federal a través de la caída del consumo) de las provincias se aplicaría no a través de recortes salariales, sino con incrementos por debajo de la evolución del costo de vida.

La mirada no puede limitarse sólo a lo que ocurre en las provincias. El caso de la Universidad de la Patagonia es un ejemplo de que a nivel nacional el ajuste se cumple rigurosamente. Esta semana no habrá actividad docente en esa institución, en continuidad del reclamo por incremento salarial de un 45%. Es improbable que el gobierno acceda a ese pedido.

La aplicación del impuesto a las ganancias sobre sueldos, que empeoró en la región luego del “alivio” aplicado por el presidente Macri (que volvió a incluir a un gran número de trabajadores de la región bajo el alcance del tributo al trabajo) se combina con la suba de precios, con el único resultado posible de una disminución de la capacidad adquisitiva.

CANASTA BÁSICA VS. SALARIOS

La cátedra de Finanzas Públicas de la Universidad de la Patagonia, dirigida por el licenciado Alejandro Jones junto al contador César Herrera, sorprendió esta semana con una nueva evolución de la canasta básica total (incluye no sólo alimentos, sino alquiler y servicios básicos) en Comodoro Rivadavia, al establecer que en marzo de este año superó los 28.000 pesos mensuales, con un incremento del 4% en relación a enero.

Algunos otros detalles de ese trabajo permiten enfocar mejor el problema y observar que si bien los precios se aceleraron en los últimos meses, la suba ha sido constante en los últimos años. En ese marco, puede decirse que la inflación no ha hecho “distinciones ideológicas”.

En efecto, la canasta básica alimentaria tenía en agosto de 2011 un costo de 1.924 pesos (para una familia tipo de 4 integrantes), mientras que en enero de 2016 ese mismo cálculo fue establecido por el equipo de la cátedra (en un trabajo que incluye relevamiento de precios constante en góndola, a partir de la participación de alumnos) a 7.443 pesos. Es decir, una variación que supera el 386%.

En el mismo período, las negociaciones salariales no superaron –salvo alguna excepción inherente al poder de fuego del gremio del que se tratara- el 30% anual, por lo que claramente los salarios retrocedieron frente a esa evolución de precios. No sólo porque en términos nominales crecieron menos que el costo de vida, sino porque a medida que se incrementan sufren mayores descuentos a través del impuesto a las ganancias.

El equipo de cátedra determina luego el costo de la Canasta Básica Total, que consiste en calcular el resto del gasto necesario para vivir, una vez cubiertas las necesidades nutricionales de la familia. Incluyendo viviendas, servicios y otros requerimientos, el costo de vida para el mismo núcleo familiar es estimado en 28.268 pesos para marzo de este año, sin contar aún el impacto que tendrá la fuerte suba de tarifas eléctricas que comenzaron a conocerse con las facturas de abril.

¿QUIÉNES GANAN BIEN?

Al cruzar datos del Ministerio de Trabajo de la Nación, el contador César Herrera observa que sólo 3 ramas de actividad superan el costo de la Canasta Total. En efecto, según datos oficiales (a los que habría que descontar más afinadamente las deducciones por ganancias, según advierte el mismo docente) las ramas de actividad que superan la vara de los 28.000 pesos son el petróleo, con un promedio salarial de 42.628 pesos netos; Electricidad, agua y cloacas (trabajadores de las cooperativas de servicios), con un promedio de 32.842 pesos netos; servicios financieros y bancarios, con 31.476 pesos.

El resto queda muy lejos, como el caso de Educación, con un promedio de 8.757 pesos netos; servicios en Salud, con 14.087; Construcción, con 16.723; y Comercio, con 12.805.

En estos últimos casos, vale observar que apenas superan la línea de la canasta básica alimentaria, mientras que la combinación de ingresos en el hogar (entre los integrantes de la familia) o la apelación a más de un cargo (como ocurre en el sector docente) son los instrumentos que posibilitan sortear la línea de pobreza.

Desde diciembre en adelante, la teoría liberal se ha aplicado casi de manual. La transferencia de recursos que significó la devaluación del peso combinada con la quita de retenciones al campo y otros productos primarios como la minería, más la suba de tarifas a partir de la eliminación de subsidios a la generación eléctrica y al precio del gas, se inscriben en las primeras páginas de aquel libro.

Los sectores menos favorecidos transfieren así recursos a la parte más alta de la pirámide. Sin embargo, tampoco la épica kirchnerista ni la lucha contra los buitres supo encontrar un freno al deterioro salarial y aceleración del tren inflacionario.