COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) – A Jorge Luis Justiniano (38), el policía protagonista de esta historia, se lo escucha bien. Pasó menos de un mes que dejó la clínica donde estuvo internado en grave estado y aún no puede caminar. Sin embargo, eso no opaca su serenidad.

Jorge tuvo la posibilidad de contarla luego que sufrió un grave accidente en el Camino Centenario que hizo temer por su vida. Los primeros partes médicos no eran muy alentadores; Jorge tenía fracturas en sus dos rodillas, un dedo del pie, cadera, brazo izquierdo, costillas, y traumatismos graves en cuello y médula. Sin embargo, lejos de todos los pronósticos, salió adelante y por estos días se recupera en su hogar.

“Vamos bien, todavía no camino, pero ya estoy en mi casa”, dice Jorge en una entrevista telefónica con ADNSUR. “Estoy en cama nomás, me paro muy poco, pero todavía tengo un trecho más para mi recuperación. Los médicos dicen que voy a caminar bien, que es un tiempo, hacer kinesiología y seguir adelante”.

Jorge es optimista y lo transmite a través de su voz. Una vez por semana asiste a los controles y todos los días va a kinesiología. Una ambulancia lo va a buscar para que pueda realizar el tratamiento que le permita salir adelante.

“Viene la ambulancia y me lleva. La ART por ahora me está cubriendo todo. Todavía no puedo apoyar la pierna por la operación en la cadera. Recién lleva dos meses y debe cumplir un mes más por lo menos para que quede bien y pueda empezar a mover las piernas; y después tengo la operación en la cervical porque tenía una vértebra quebrada y eso lleva más tiempo, pero vamos bien”, señaló.

 

 

TRAS LOS PASOS DEL PADRE

Jorge es oriundo de Formosa, la tierra adonde su padre fue trasladado por su oficio de Gendarme. Nació en Las Lomitas, pero creció en Ingeniero Juárez. Cuenta que cuando terminó la secundaria, su hermana, que es policía en esa provincia, le dijo que ingrese a la fuerza, pero él no quiso y luego optó por seguir los pasos de su padre.

Ese oficio, precisamente, fue su pasaje a la Patagonia. “Yo era Gendarme y me mandaron a Perito Moreno (Santa Cruz), pero después decidí dejar porque no me hallaba y me fui a mi pueblo. Como tenía gente conocida me vine a Comodoro, trabajé un tiempo en una empresa de seguridad y después me salió la posibilidad de entrar a la policía”, recuerda sobre sus inicios.

Jorge hace 12 años que es policía de Chubut. Estuvo cinco años en la Seccional Séptima del barrio Máximo Abásolo y luego, cuando le colocaron un marcapasos, fue trasladado al Centro de Instrucción Policial, donde pudo deleitar a aspirantes, camaradas y superiores con sus comidas.

Es que Jorge ya en Comodoro continuó yendo tras los pasos de su padre, quien fue chef en hoteles de Buenos Aires y en la propia Gendarmería, y se puso a estudiar gastronomía en el IGA, gracias al apoyo de un jefe que le acomodó los horarios.

 

 

UN ACCIDENTE QUE CAMBIÓ TODO

En el Centro de Instrucción Policial además de cocinar realiza relevos de guardia. Precisamente, ese domingo 17 de mayo iba a reemplazar a su compañero en el turno de las 6:45. Sin embargo, nunca llegó.

En el camino que une los barrios Pietrobelli con General Mosconi chocó de frente contra un joven que manejaba con más de 2 l/g de alcohol en sangre. Él estuvo consciente en todo momento. 

“Yo me acuerdo todo, en ningún momento perdí el conocimiento. Me acuerdo que cuando vi la curva lo único que alcance a ver fue las luces de frente del otro auto, él se cruzó para mi carril. Fue en la curva, yo doble pero el directamente no dobló, no me dio tiempo a nada”.

Jorge tiene guardada las imágenes en su retina y las sensaciones en sus músculos: el momento en que explota el airbag de la Chevrolet Montada que conducía; cuando llegaron la policía y los bomberos; el momento en que le ponen una camisa para sacarlo de la camioneta; y como se le caía la cabeza producto de la lesión en la cervical.

Él lo cuenta como suena; con detalles, sin titubear, como si el accidentado fuera otro. Asegura que de ese día recuerda todo: su llegada al Hospital, el traslado a la clínica y la primera tomografía. Luego de eso nada.

Los primeros partes médicos no eran muy alentadores para la esposa de Jorge, una maestra jardinera que conoció en unas vacaciones en sus pagos y dejó todo para darle una chance al amor. Acompañada por los compañeros del cabo primero, tuvo que escuchar que todo pendía de un hilo y que su compañero de vida estaba muy grave. Solo había que esperar.

Jorge nada recuerda de eso. Sin embargo, lo sabe por las conversaciones que tuvo después con ella y con cada uno de los que fue a brindarle una palabra de aliento. 

“Según lo me dijo mi señora estuve en estado crítico, con respirador, que casi estuve más del otro lado que de este. Supuestamente tuve despertares violentos, pero recién me acuerdo cuando me desperté a mitad de mes. Me acuerdo que justo la veo a mi hermana y digo ‘qué hace acá”, recuerda entre risas.

De toda esta pesadilla, lo más gratificante fueron las visitas que recibió, la contención de sus camaradas a su mujer y la atención en la clínica. “Ella tuvo contención de mis compañeros. Esa noche se largó a llorar, tenía que esperar un llamado que era sí o no, hasta que un día la llamaron y le dijeron que estaba recuperándome. Pero no me puedo quejar. Mucha gente me acompañó; mis compañeros, mucha gente llamaba y quería ayudar a mi señora. Eso es lo bueno. Yo hasta el día de hoy sigo pensando por qué me pasó, pero recibí mucho apoyo y eso es lo mejor”, dice agradecido.

Jorge Luis la pudo contar y quedarse de este lado. Ahora le queda un largo tramo de recuperación, pero como él dice y remarca por suerte está bien.

 

Jorge además de policía es chef, el encargado de cocinar en el Centro de Instrucción Policial de Kilómetro 3.Jorge además de policía es chef, el encargado de cocinar en el Centro de Instrucción Policial de Kilómetro 3.
Jorge además de policía es chef, el encargado de cocinar en el Centro de Instrucción Policial de Kilómetro 3.