La vida para Dalal y Said “Coco” Massad desde hace 40 años que no es la misma. La Guerra de Malvinas les dejó la ausencia física de su hijo Marcelo Daniel, sin embargo, su recuerdo sigue intacto en su casa de la localidad de Banfield. 

Los años llevaron a que la casa sufriera remodelaciones, pero la habitación de Marcelo Daniel nunca fue tocada y quedó tal cual la dejó ese día que se embarcó rumbo a Río Gallegos.

Marcelo Daniel murió cuando una ráfaga de ametralladora le cruzó el cuerpo durante un combate en Monte Longdon. Ese mismo día, su papá sin saberlo, fue a comprarle un auto para cuando regresara y así sorprenderlo.

La noticia de la muerte de su hijo la recibieron días después cuando un compañero de combate de su hijo les trajo un rosario con sangre que llevaba colgado del cuello al momento de morir. 

“Ahora lo tomamos como un templo. Tal es así que yo, algunos días entro, le rezo una oración mirando el retrato de él, le pido alguna cosita que necesito”, cuenta Coco, su papá, a TN.

La habitación de Marcelo. Foto: captura TN
La habitación de Marcelo. Foto: captura TN

La foto de Dani que sostiene un fusil y sonríe a la cámara. Coco se la sacó un día que fueron a visitarlo mientras hacía el servicio militar en el regimiento 7 de La Plata y forma parte de todos los recuerdos.

Marcelo viajó hasta Río Gallegos y de allí fue a Malvinas a combatir. Foto: TN
Marcelo viajó hasta Río Gallegos y de allí fue a Malvinas a combatir. Foto: TN

La habitación deja en evidencia el amor por el fútbol del adolescente y en el placard aún hay ropa guardada de él. "Era pilchero", recuerda su papá mientras alrededor se ve el escritorio de madera y la biblioteca con libros.

“Mantener la habitación intacta no es engañarme, siento que él está con nosotros. Entro y salgo de acá del cuarto y no le puedo hacer cambios porque siento que él está. No que él va a volver, pero que está. Lo recuerdo, lo extraño, veo sus cosas lindas, rezo por él”, cuenta su mamá.

Las cartas que escribió estando en combate son parte de esa habitación. “Papá Coquito, si no llego a escribir otra carta quiero desearte feliz cumpleaños. Quiero volver y abrazarlos a todos y no soltarlos más. Estando aquí estoy aprendiendo lo que es una familia. Recién ahora me doy cuenta estando a tantos kilómetros. No les voy a mentir, nada más me puse a leer sus cartas empecé a llorar como un tonto. Me despido porque no tengo más espacio para escribir. Saludos a todos”.

“Todos los años, todos los días, todas las horas son importantes para nosotros. Pero cuando se cumple un aniversario uno lo recuerda con más intensidad, con más fervor, con más amor”, afirma Coco a horas de un nuevo aniversario del conflicto bélico.

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