COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Al calor de los cañones de la primera guerra mundial y en el planeamiento de la Revolución Rusa que llegaría en 1917, Lenin escribía uno de sus libros fundamentales denominado “Imperialismo, fase superior del Capitalismo”. En esa obra, hacía referencia a Argentina de manera descarnada al afirmar “en América del Sur, 5 bancos alemanes tenían 40 sucursales y 5 ingleses, 70 sucursales. En los últimos 25 años, Inglaterra y Alemania  invirtieron en Argentina, Brasil y Uruguay 4 mil millones de dólares y –como resultado- disfrutan del 46 % de todo el comercio de los 3 países”. En otro tramo de su estudio, Lenin dispara directamente contra nuestro país al asegurar “Argentina se halla en una situación tal de dependencia financiera con respecto a Londres que se la debe calificar de colonia comercial inglesa”.

A finales de 1917, Lenin y los bolcheviques alcanzaron el poder en Rusia en Petrogrado, Moscú y un puñado de ciudades porque luego se desató un cruenta guerra civil entre el Ejército Rojo (al mando de Trotsky) contra el Ejército Blanco (con las fuerzas residuales que respondían al zarismo). Sin embargo, el 14 enero de 1918, Lenin (que ya era presidente del Consejo de los Comisarios del Pueblo de la República Federativa de Rusia) recibió a Gabriel Martinez Campos que era el embajador argentino. 

Argentina se conmovió con la Revolución Rusa y se gestó la “Semana Trágica”. La represión posterior se interpretó en Rusia (en tiempos sin Internet, redes sociales ni información inmediata como hoy en día) como un ‘ataque directo contra los trabajadores rusos’. Esa complejidad de la época enfrió las relaciones. Con el paso de tiempo y la llegada de Perón al poder en Argentina –paulatinamente y en un marco de desconfianzas recíprocas- las relaciones fueron restaurándose.

Recién, el 7 febrero de 1953 a las 17:10 hs, Leopoldo Bravo (embajador argentino en la URSS) ingresó al Kremlin – luego de atravesar estrictos controles- para reunirse con el poderoso líder Stalin que –a esa altura- era uno de los grandes triunfadores de la segunda guerra mundial y que empezaba a desplegar su poderío en el bloque de Europa oriental durante los primeros años de la ‘Guerra Fría’. O sea, era una de las personalidades más populares y poderosas del mundo. Justamente, Stalin no era de origen ruso, había nacido en Gori (un pueblo muy pobre de la República de Georgia), situada al sur del antiguo Imperio Ruso.

En esa histórica audiencia en el Kremlin, Stalin le preguntó al argentino sobre el desarrollo del petróleo en el país y si la explotación la realizaban técnicos argentinos, se interesó por los principios doctrinales del peronismo pero subordinó la independencia económica para darle sentido a la soberanía política y la justicia social.

El momento en que el líder soviético requirió más atención fue cuando advirtió que  “creo que es relativamente poco lo que puede hacer un país aislado en lucha contra los intereses foráneos. Cada día veo más claro que el único camino que les queda a las naciones de América Latina es unirse en una federación para resistir con más probabilidades de éxito los embates de las potencias capitalistas. Durante el zarismo, los ingleses eran dueños de casi toda la ciudad de Leningrado y en especial de su puerto. Fue necesaria la revolución para que los pudiéramos echar. En realidad, los pueblos lo que quieren es trabajar y que el país se construya día a día”.

Stalin conocía muy bien la problemática porque –en los primeros tiempos de la Revolución Rusa- ocupó el cargo de “comisario de las nacionalidades” por su origen georgiano y por haberse enfocado antes de la temática a través de su estudio “El Marxismo y la cuestión nacional”. No pudo dedicarse con especial atención a esa función porque –rápidamente- fue enviado a Tsaritsin para hacerse cargo del frente sur en la guerra civil donde demostró importantes cualidades de un mando férreo y determinaciones tajantes que caracterizarían su propia llegada al poder luego del fallecimiento de Lenin en 1922. 


Brezhnev: “Donde vaya Argentina, irá Latinoamérica”

Durante las década de los ’50 y ’60, la entonces URSS consolidó su enorme poder en la zona de influencia en el Bloque Comunista que abarcaba a Europa Oriental y naciones de África, Asia y América Latina. En 1962, Cuba fue el epicentro de una disputa geopolítica de URSS y EEUU  a través de “la crisis de los misiles” donde se amenazaron mutuamente con ataques que dejaron en evidencia el equilibrio hegemónico y la ‘gobernabilidad global’ de ambas potencias.

En Argentina –en 1973- el Peronismo volvió al poder luego de 18 años de proscripción. Una de las figuras de ese Gobierno –en un contexto atravesado por la violencia política, la crisis económica y la caída del precio del petróleo- fue José Ber Gelbard quien logró reunirse con Leonid Bezhnev el 5 de mayo de 1974 a las 14 hs. Allí hablaron del comercio de las carnes, los ríos de llanura, las represas, las usinas hidroeléctricas, la siderurgia y armas pero Brezhnev señaló con especial énfasis “nos gusta mucho el pescado así que pesquen y mándennos” en una reunión que se extendió por más de 2 hs. Al saludarse para despedirse, Brezhnev le susurró al funcionario argentino “hacia donde vaya Argentina, irá Latinoamérica”. En ese momento, Gelbard (ministro de Economía) se estremeció y lo interpretó como el corolario de un encuentro exitoso.

Eran los tiempos más complejos de la historia reciente argentina. Pocos días antes, en el acto del 1 de mayo de 1974 Perón había pronunciado un enérgico discurso que los Montoneros interpretaron como una expulsión del Movimiento peronista. El 1 de julio, Perón falleció y comenzó una etapa de sangre y fuego entre la Triple A y el sector de la izquierda peronista, la violencia política en todas sus variantes, los ataques a los cuarteles militares (entre ellos, el regimiento de Infantería 29 de Formosa como el más cruento ocurrido el 5 de octubre de 1975) y –a finales de año- el ‘Operativo Independencia’ en Tucumán que desembocarían en el trágico golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

En 1980, Argentina sorprendió a sus aliados del ‘bloque occidental y cristiano’ de EEUU y su zona de influencia- al no adherirse al bloqueo de la venta de granos a la URSS.

En 1982 –ante el estallido del conflicto de Malvinas- la URSS se abstuvo en la votación de la resolución 502 de las Naciones Unidas que establecían el retiro de las tropas argentinas, el cese de hostilidades y la reanudación de las negociaciones. El gobierno argentino esperaba que impongan el veto como miembro del Consejo de Seguridad pero las apresuradas negociaciones no prosperaron. A pesar de ello, el hundimiento del Crucero General Belgrano del 2 de mayo de 1982 generó un mayor compromiso de la URSS porque –a partir de ese momento- brindaron una colaboración con el rescate de los náufragos. Durante las semanas siguientes del conflicto, existió colaboración satelital cuya utilidad no pudo ser garantizada totalmente. A comienzos de junio de 1982, Sergei Striganov (embajador de la URSS en Argentina) mantuvo una reunión con Galtieri en la que una oferta de una mayor colaboración militar soviética estuvo en agenda que se enfrentó con una cerrada oposición por parte de la Junta Militar. De todos modos, Argentina recibió importantes recursos militares por parte de Libia que –sugestivamente- eran de origen soviético que llegaron al país en legendarias misiones de las tripulaciones civiles de Aerolíneas Argentinas que siguieron la ruta El Palomar – Recife – Islas Canarias – Trípoli y viceversa.

Con el regreso de la Democracia, Alfonsín  le otorgó una especial prioridad a la relación con la URSS para incrementar el comercio y avanzar en proyectos de cooperación agropecuaria, industrial y de infraestructura. En la reunión directa con Alfonsín en 1986, Gorbachov destacó que “Argentina era el socio más importante para la URSS en América Latina si se exceptuaba a Cuba. Una parte de la generación eléctrica de Argentina se produce con elementos soviéticos”. El último presidente argentino en visitar a la URSS en ese status fue Carlos Menem. Hubo interés en aumentar el comercio, el intercambio militar e incluso el funcionamiento de la Áreas de Inteligencia. En ese marco, Gorbachov sorprendió a la delegación argentina al revelar “en mi juventud, tenía la impresión que América Latina era el patio trasero de los EEUU, pero ahora existe un gran proceso de transformación con mayor responsabilidad de los actuales dirigentes”.

G-20, Malvinas, Reactores nucleares y ‘Vaca Muerta’ en la agenda del S. XXI

Los años siguientes vieron el derrumbe de la URSS como se la conocía y una profunda crisis económica, política y moral con el surgimiento de las mafias. La llegada de Vladimir Putin al poder de Rusia no demoró su especial atención a América Latina –en especial- a Brasil (con quien es aliado en el bloque económico de los países ‘BRICS’ junto con India, China y Sudáfrica), Venezuela y Argentina. En los últimos 6 años, Putin visitó nuestro país en 2 oportunidades. La primera ocasión fue en julio del 2014 cuando se reunió con la entonces presidenta Cristina Fernández y compartieron una serie de eventos protocolares. La última visita fue en diciembre del 2018 cuando el líder ruso llegó a Buenos Aires para participar de la cumbre del G-20 del que nuestro país fue anfitrión.

Durante el gobierno de Alberto Fernández, Dmitry Feoktistov (embajador de Rusia en Argentina) protagonizó una serie de hechos con un especial protagonismo. En primer lugar, le precisó al periodista Santiago Cúneo en el canal 22 que “la cooperación mediática es muy importante porque cuando más nos conozcamos, vamos a poder hacer más cosas juntos. Yo vivo enfrente de la Casa Rosada y veo que el presidente trabaja hasta muy tarde porque veo al helicóptero irse recién a las 21:30 hs. El presidente anterior regresaba mucho antes. Espero que el presidente Fernández pueda visitar Moscú este año. Tenemos agendado un plan con Argentina. Hoy hablamos de asuntos sociales, comerciales, económicos, cooperación técnico-militar y también desafíos en el combate al terrorismo y al crimen organizado. Nosotros seguimos con mucha atención la situación del submarino ARA San Juan porque nosotros tuvimos una tragedia similar con el submarino Kursk. El presidente Putin estuvo muy conmovido por esa tragedia del pueblo argentino. Rusia es uno de los países que más participó en la búsqueda del rescate del submarino. Permanecimos en la zona por un tiempo mucho mayor que los otros países”.

Y luego reveló “Rusia tiene los proyectos de desarrollar la energía nuclear y convencional. El 20% de la energía argentina se produce con equipos rusos. Hay empresas rusas interesadas en proveer equipos para las centrales hídricas. La Federación propuso opciones para cooperación con la energía nuclear basadas en el desarrollo de un reactor potente y otros de potencia intermedia e incluso la construcción de una central nuclear flotante que uno de los proyectos más innovadores del mundo porque Rusia es el único país que construyó una Central flotante. Argentina es un país extendido del norte al sur, tiene salida al mar y la ventaja que ese tipo de reactores puedan ser instalados en cualquier lugar y abastecer de energía a las localidades más pequeñas o quienes lo demanden. Uno de los proyectos más ambiciosos es la construcción y reformas de las líneas férreas Bahía Blanca –Vaca Muerta que son 750 kms. en total. Hay que construir 150 kms y reparar los otros 600 kms. El valor de ese proyecto es de 800 millones de dólares. Rusia es un país de un gran tránsito ferroviario y tenemos mucha experiencia en la materia. Es un proyecto de un gran interés porque Argentina tiene el segundo yacimiento mundial del petróleo y gas no convencional. Otro de las propuestas es el suministro de locomotoras y otros vehículos para Argentina”. 

“Los ingleses deben devolver las Islas Malvinas a Argentina”

En un acto institucional en febrero en Ushuaia (la capital de la provincia de Tierra del Fuego, Islas Malvinas, Islas del Atlántico Sur y la Antártida) junto al gobernador fueguino Gustavo Melella y los veteranos de Malvinas, Feoktistov afirmó “los rusos nos unimos a ustedes para honrar la memoria de los caídos en las islas Malvinas".

"Quiero decirles a todos los veteranos y los argentinos que Rusia siempre estuvo y estará con ustedes. Siempre los apoyaremos en todo y sobre todo en la cuestión de la soberanía de las Malvinas como lo hemos hecho siempre en las Naciones Unidas" enfatizó.  "La hora del colonialismo pasó y los ingleses deben devolver las Islas a Argentina", completó el embajador ruso en el país.

En tal ocasión, Melella aseveró "haber escuchado de un embajador de una potencia mundial como Rusia declarar abiertamente, como ya lo ha hecho durante todos estos años, el apoyo a la soberanía de Argentina sobre las Malvinas, pero hacerlo aquí, en Tierra del Fuego, en la tierra de Malvinas, en el Monumento a los Caídos en Malvinas, fue un mensaje muy fuerte".

En términos diplomáticos fue una de las acciones más audaces de la embajada de Rusia en la Argentina que se muestra proactiva y con un impulso renovado luego de los vínculos estrechos entre ambos países con la vacuna Sputnik V que sitúa a Rusia con un predominio geopolítico global al máximo nivel.

Este escenario deja al descubierto una serie de incógnitas sobre los verdaderos móviles del acercamiento explícito de Rusia a Argentina. Siempre es un riesgo este tipo de vinculaciones entre una potencia y una nación en desarrollo porque la ecuación suele inclinarse a favor del más poderoso. Como en toda negociación, se abre un camino en que la dirigencia política argentina tendrá que priorizar el interés nacional por sobre las ambiciones extranjeras pero preservar a un aliado de primer orden que se sienta a la mesa chica del poder mundial con total protagonismo.