COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) – Angustia, incertidumbre, preocupación, ansiedad, tristeza, depresión, impotencia, stress, ganas de volver a la libertad. Esos son algunos de los sentimientos que estudiantes de secundaria, nivel terciario y universitario de Comodoro Rivadavia sienten por esta paralización que impuso el aislamiento por el coronavirus.  

Las palabras y frases se repiten en las páginas de “Estudiar en tiempos de pandemia, voces y experiencias de estudiantes”, un informe que fue elaborado por el grupo de investigación “Proyecto juventudes Comodoro”, que indaga desde 2016 las prácticas y policías públicas en juventudes. El mismo está integrado por profesionales de diferentes áreas de las Ciencias Sociales.

El trabajo toma las experiencias de 110 estudiantes de nivel secundario, terciario y universitario que fueron entrevistados en forma virtual entre abril y junio, y analiza todo lo que produjeron en el ámbito educativo los primeros meses de aislamiento por el coronavirus.

Así, en el informe de 61 páginas se puede conocer cuáles son las principales dificultades que atraviesan los estudiantes, su mirada sobre la educación pública y el contexto provincial, pero a la vez conocer el impacto que tuvo el aislamiento en el vínculo que existe entre vida cotidiana y educación, algo difícil de sobrellevar en tiempos de virtualidad y trabajo en casa.

La doctora en Ciencias Sociales Luciana Lago, investigadora Conicet, es una de las cabezas del grupo de investigación que también integran la magister Ana Lía Pomes; la trabajadora social Pamela Rojas; la abogada Julia Sanabria; el magister Piero Ronconi; la profesora Natalia Álvarez; las técnicas Araceli Ponce y Patricia Gordillo; y los estudiantes Patricia Mercado, Ailin Victoria, Gabriela Rodríguez, Paula Zuluaga y Valentina Roattino.

Este miércoles ella dialogó con ADNSUR y contó que el objetivo “fue generar un registro de estas experiencias de jóvenes estudiantes de distintos niveles".

“Veíamos que estaban circulando muchas encuestas. Entonces pensamos: a esos datos vamos a ponerle una mirada más cualitativa, poner palabras a lo que se está viviendo con las posibilidades que tenemos; entrevistas por WhatsApp, reuniones y escribir en colectivo con documentos compartidos y abiertos”, explicó.

La fotografía fueron tomadas por estudiantes del Instituto  y publicadas en el trabajo. Las mismas reflejan como vivieron el aislamiento.
La fotografía fueron tomadas por estudiantes del Instituto y publicadas en el trabajo. Las mismas reflejan como vivieron el aislamiento.

INDAGAR EN LOS JÓVENES A TRAVÉS DE SU MIRADA

El estudio se centra en la línea de investigación en estudios sociales de juventudes, un campo nuevo en las Ciencias Sociales que busca trabajar con jóvenes que tengan participación en lo que se produce y dice sobre ellos. Por esa razón, incluye también fotografías capturadas y trabajadas por Diana Seoane Rosso y Florencia Olivares, estudiantes del Instituto 810.

Según explicó Lago, los estudiantes de los tres niveles mostraron puntos en punto en común al momento de pensar el aislamiento y cómo afecta el desarrollo educativo. “Hay bastante puntos en común dentro de las diferencias y las cuestiones significativas”, indicó. “Por ejemplo, el nivel terciario a diferencia de la Universidad y el nivel medio ya contaban con experiencias en lo que es la educación con soportes virtuales. Los institutos superiores (NdR: donde se forman los futuros profesores) tienen un saber previo y de hecho el diseño curricular de ellos propone la utilización de las nuevas tecnologías, es un manejo mayor del que podemos encontrar en la universidad donde el paso a las aulas virtuales fue más brusco”.

“Otra cuestión que nos sorprendió fue la capacidad de reflexionar sobres las políticas públicas en términos de becas, la situación en que se encuentra el TEG (Transporte Educativo Gratuito). Vemos que en la universidad hay mayor alcance de programas de beca como el Progresar que no están tan extendidos en otros niveles”, agregó.

“Y otra cosa que vimos es que en las conclusiones plantemos tres cuestiones en cuáles detenerse y reflexionar: una tiene que ver con las políticas públicas que alcanzan a los estudiantes; otra con la necesidad que las instituciones empiecen a entramarse en claves más comunitarias, de hecho en estos días sale una demanda por parte de estudiantes para que se habiliten las bibliotecas donde puedan tener acceso a internet y un espacio con convicciones para estudiar con todo lo que ello implica: la calma, la luz, la tranquilidad; y lo último que vemos que el paso a la virtualidad quedó en manos de que lo resuelve cada estudiante y hubo escasas acciones de acompañamiento, porque vinimos del lenguaje de lo que fue Conectar Igualdad que en estos momentos hubiese sido clave y tenemos el pasaje a la educación virtual pero ¿qué acciones se están dando para acompañar este pasaje”, se preguntó la investigadora.

Angustia y estrés, los efectos de la pandemia en los estudiantes de secundaria y universitarios de Comodoro

LAS DIFICULTADES DE ESTUDIAR EN AISLAMIENTO

Las respuestas de los estudiantes consultados abren aún más este interrogante, y a la falta de acompañamiento en la transición de una modalidad a otra se sumaron la falta de internet en algunos casos, las malas conexiones, la posibilidad de tener solo datos, y no contar con wifi, y las dificultades que conlleva tener una computadora o un celular adecuado, algo que hoy depende del bolsillo de cada uno, con precios que cotizan a valor dólar.

Por ejemplo, un estudiante de la Escuela 770 que no quiso dar su nombre dijo: “Mi herramienta de estudio es el celular; muchas veces me limita en cuanto a la lectura, aplicaciones o archivos que necesitan más espacio de almacenamiento”.

Estas dificultades se suman a la adaptación a un nuevo lenguaje, algo que le ha costado no solo a estudiantes sino también a profesores, tal como dijo Laura, una chica de la Escuela 745; o como mencionó Marisa, una estudiante del Instituto Austral que asegura que “los docentes hacen lo que pueden para hacer llegar el material, para que las clases sean normales”. Pero también como admitió Lucia, del Colegio Universitario Patagónico, quien siente que no está aprendiendo.   

Datos, wifi, memoria son algunos de los principales inconvenientes en una época que tener internet es indispensable.

Las realidades son distintas y cada situación es un mundo, no solo por parte económica sino también por la etapa que el estudiante atraviesa en cuanto a su cursada. Por ejemplo, no es lo mismo para un estudiante de primer año de secundario que para uno que está terminando y tiene la incertidumbre de cómo será su ingreso a la Universidad y si está preparado, como tampoco es lo mismo para un estudiante que está próximo a recibirse de profesor y que hoy se pregunta cómo será la educación para la cual se formó.

Sobre ese punto Lago asegura que “es significativo para estos estudiantes reconocer que parte de lo aprendido para la escuela que ellos se formaron va a ser distinta. Pongo el ejemplo de los estudiantes de Educación Física que todo lo hacen con juegos y contacto; hoy claramente va a ser distinto. Entonces hay toda una inquietud de cómo va a ser su inserción profesional, cómo va a impactar en las escuelas y los vínculos que son necesarios para sostener la educación. Eso también lo vimos en los universitarios, que hay como una pregunta referida a la inserción profesional”, explicó al respecto.

Los vínculos son otro factor movilizante para los estudiantes, pero no solo con sus pares, sus compañeros y profesores, sino también con lo que sucede en el seno del hogar, ya que en algunos casos deben compartir computadora con otros hermanos, mientras que en el ámbito universitario algunos deben combinar estudios con la crianza de los hijos, hoy en casa y con tareas por el aislamiento.

A estos factores externos a la educación pero vinculantes también se suma el empleo, una dificultad que exteriorizaron varios entrevistados de nivel terciario, quienes combinan estudios con trabajo, pero que en este contexto no podían salir a trabajar o perdieron su fuente ingreso.

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Sin duda, los efectos de la pandemia en los estudiantes exhiben los principales desafíos a futuro, no solo para los alumnos sino también para los profesores e investigadores que en este caso también apelaron a la virtualidad a través de entrevistas por WhatsApp, reuniones por Zoom y escritos por Google Drive, toda “una adaptación a producir en la emergencia”.

La gran pregunta que surge ahora es cómo será el regreso a las aulas y por qué no la continuidad en el sistema de quienes culminan una etapa.