COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Son las 7 de la tarde de un viernes. Gente de distintas edades aprovecha el calor del verano para tomar una pinta en una cervecería de moda; fenómeno que crece desde hace unos años. Otros en cambio eligen la playa para tomar mates, descansar, caminar o correr. 

Qiu Zong Ming (83) está terminando su recorrido diario: 6 kilómetros de caminata que realiza en tres horas para cuidar su salud. Con su tradicional gorro de arpilla, el bastón de madera en que se apoya y su típica vestimenta que lo distingue, este hombre nacido en Taiwán recorre las calles de Rada Tilly.

Hace tiempo que quiero entrevistarlo y aprovechó la oportunidad. “Hola, cómo está?,  ¿Habla español?

 

 

DE CHINA AL SUR DE LA PATAGONIA

Pasaron tres días de aquel viernes en que decidí acercarme a saludarlo. Son las ocho y media de la noche y Qiu está en la rotisería que tiene sobre avenida Segui, en Rada Tilly. Cuando entro, lleva una bandeja de ensalada rusa en sus manos; su paso es lento y pausado, está en pleno trabajo. Lo primero que hace es pedirme disculpas. Fui un rato antes pero él estaba caminando. Asegura que se olvidó y vuelve a disculparse. 

Una vez que termina, Qiu se sienta en una pequeña mesa y comienza la charla: “Este es el momento de más atención, donde más tengo que estar”, dice por su trabajo, la rotisería que montó su esposa hace 14 años.

Enseguida entra un cliente, y él grita algo que repetirá al menos tres veces en nuestro encuentro: “¿Hola, usted ya pidió?”. Y luego, otro grito mediante, por la distancia y la edad, le avisa a su esposa.

 

 

Qiu en la actualidad tiene 83 años, su esposa, Xu Ren Ying (71). Cuando fui por primera vez a buscarlo para la entrevista, me atendió ella. Dijo que no hablaba bien español y que su esposo estaba caminando, que siempre suele hacerlo unas tres horas.

Él por su atuendo es casi parte de la postal de Rada Tilly, alguien que todo el mundo alguna vez vio, pero de quien no se sabe mucho. Por eso fuimos a buscarlo.

Qiu nació en Taiwán, pero cuando era joven emigró a China. Asegura que estudió medicina, pero no terminó y decidió irse a vivir al gigante asiático. Allí conoció a su esposa. Él tenía 50 años.

El protagonista de esta historia asegura que en ese país estuvo preso por intentar escapar hacia Corea del Sur, “como muchos cubanos que quieren escapar”. Por eso admite que no dejó cualquier país.

Fue recién en 1987 cuando se fue de China gracias a la ayuda de su hermano, que vivía en Buenos Aires. Primero vino solo y luego viajó su esposa y su hija: la compositora Haien Qiu, quien por entonces tenía solo 3 años.

Qiu y su familia estuvieron tres años en Buenos Aires. Luego decidieron continuar su vida en el sur. Puerto Deseado fue su hogar durante cinco años. Allí trabajó en una pesquera de un japonés hasta que su jefe se fue de la zona. Fueron años buenos e incluso pudo comprar una casa, pero cuando el trabajo terminó decidió buscar nuevos aires. 

Comodoro Rivadavia, la capital del petróleo, y tierras de inmigrantes fue el lugar que eligieron. Aquí se dedicó a vender maní dulce y brotes de soja por las calles de la ciudad. “Con eso mantener la familia, pero solo sobrevivir”, dice a la distancia.

 

 

Hace 14 años Qiu y Xun dejaron Comodoro Rivadavia y se vinieron a Rada Tilly, donde abrieron “Os shangai -tokio”, una rotisería de comida oriental. El menú tiene de todo, desde pan chino al vapor, gyoza, chopsuey, Chau Mein, hasta Yo Tofu con Algas Kombu, platos exóticos que invitan a adentrarse en esa cultura.

Por supuesto, no faltan los adornos de ese país, y a un costado también está el carro de Qiu, aquel que le sirve para apoyarse en sus caminatas diarias. Es que perdió un ojo y con el otro ve poco, lo que explica de alguna forma las antiparras que suele llevar para cuidarse de la tierra y la arena que muchas el viento hace revolotear en la costanera.

Qiu asegura que fue uno de los primeros que vendió sushi en la rada, pero esos tiempos no eran los de ahora. “Antes no prospera, ahora sí”, dice, y cuenta que ahora lo prepara una vez por semana, ya que lleva mucho trabajo y está muy cansado. 

Por su edad ya no cocina tanto como antes, y su esposa está  encima de la rotisería. Él se encarga de la receta. A su actividad todos los días le suma la caminata, aunque cada vez es más difícil. “Son casi seis kilómetros, de punta a punta, pero a veces cuando hay viento, yo miedo y no caminar”.

Otra vez entra un cliente a la rotisería. Una mujer con una pequeña. Qiu pregunta lo mismo: “Hola, ¿usted ya pidió? Ella le contesta que sí. Xu le trae su pedido y le invita un pequeño bocadito. Ella elige llevárselo. 

La charla llega a su fin, les pido una foto, y antes de irme Xu me pide que tome uno de los bocados. Lo pruebo, es de verdura, frito en aceite, una delicia. Me da una bandeja, la acepto por respeto y agradecimiento por haber conocido un poco del mundo de Qiu, este hombre que es parte de la historia urbana de Rada Tilly.