COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Plantas de choclo que quieren seguir creciendo más allá del techo; pepinos verdes y largos que aún tienen esa especie de espinas que indican que todavía no fueron cosechados; tomates de diferentes variedades y gustos, que basta con desempolvar para comer como si fueran fruta.

No es el norte del país ni la zona de Mendoza, es la árida Comodoro Rivadavia, tierra de mar y cerros, donde muchos repiten una frase que cada vez suena más mentirosa: en Comodoro no se puede plantar.

La imagen de la cosecha de verduras se da en el corazón del barrio Pueyrredón. En el patio de Sebastián Pérez Munuera (45), un ingeniero Forestal, integrante de la Comisión de Mara Rugby Club, que demuestra que plantar en Comodoro es posible. 

Hace tres años decidió darle continuidad a su pasión y se animó a plantar las primeras verduras. No conforme con ello, en el último año construyó su propio invernadero que le permitió plantar otras semillas que antes no soñaba. 

El resultado fue contundente. Solo en un año Sebastián cosechó más de 400 kilos de verduras que utilizó para consumo personal, repartiendo entre familiares y amigos. Su éxito fue tal que hace poco tiempo un restaurante le ofreció comprarle toda la producción. Sin embargo, su “no” fue rotundo, y las razones se explican en esta crónica. Pero vamos al inicio.

 

Solo el ancho de su terreno y una parte de su patio le bastaron al protagonista de esta historia para tener una gran huerta.
Solo el ancho de su terreno y una parte de su patio le bastaron al protagonista de esta historia para tener una gran huerta.

 

UNA PASIÓN QUE VIENE DE CHICO

Sebastián nació y se crio en Comodoro Rivadavia, pero por el trabajo de su padre terminó siendo un nómada que vivió en diferentes ciudades de Argentina y hasta en Lima, Perú.

Cuenta que tenía 8 años cuando plantó por primera vez, luego de una tarde de visita en la casa de su madrina. “Me acuerdo que estaba en la casa de mi madrina, tenía 8 años, y saliendo encontré raíces de lechuga. Me dio una lástima que estén tiradas en el suelo; las llevé a mi casa y las sembré. Así empecé a tener lechugas y en mi casa empezamos a comerlas. Como vi que eso funcionaba empecé a expandirme y plante morrones y tomates”, recuerda. 

Para Sebastián la tierra siempre fue su pasión. Por esa razón, cuando terminó la secundaria se volcó a la Agronomía y se fue a estudiar a Cinco Saltos, Río Negro. Durante tres años estudió esa carrera, pero luego decidió cambiar y se fue a Esquel, donde siguió Ingeniería forestal. 

Cuenta que mientras estudiaba, trabajaba en el Servicio Forestal del Manejo del Fuego, y tenía otros trabajos que le permitian llenar el bolsillo. 

Una vez que se recibió volvió a Comodoro Rivadavia, trabajó en diferentes consultoras y hace unos años ingresó a Pan American Energy, donde se desempeña como Coordinador de Remediación de la Unidad Cuenca del Golfo San Jorge. Apasionado por su carrera, también hizo un máster en Gestión por derrames de hidrocarburos.

Hace tres años, luego que construyó su casa en un terreno que alguna vez fue de su abuelo, Sebastián comenzó a plantar sus propias verduras. Su pequeña hija, que ahora tiene 5 años, fue su principal motor y hoy tiene tomates rojos, amarillos, naranja, rosados, cuatro variedades de Cherry, lechugas, papas, un limonero, morrones, choclos, entre otras verduras.

“Como mi nena no comía verduras empecé a sembrar con ella”, recuerda Sebastián. “Muchas plantas las sembró ella, incluso ese choclo. Ahí empezó a comer, porque es distinto el hecho de ver la semillita, cómo va creciendo, regarla y sacar la verdura”.

 

Su pequeña hija fue la inspiración de Sebastián. La pequeña no comía verduras y ahora ella misma busca los tomates en la huerta.
Su pequeña hija fue la inspiración de Sebastián. La pequeña no comía verduras y ahora ella misma busca los tomates en la huerta.

 

Sebastián asegura que la pequeña se da cuenta cuando una verdura es de su huerta o no. El sabor es incomparable

Para que la niña tenga un vínculo directo con la huerta, él fabricó un pequeño camino de manera que le permite recorrer el lugar sin problemas. Parece el juego perfecto para un niño; puede ser su propio bosque, su propia selva o a fin de cuentas su propia huerta, tal como le pasó a su padre cuando era chico y comenzó a plantar sus verduras su propia quinta. 

 

Tomates Cherry sin salir de la casa.
Tomates Cherry sin salir de la casa.

 

En plena pandemia Sebastián construyó su propio vivero. Aprovechó la medianera, utilizó caños tubing y varillas de bombeo para montar la estructura; recicló retazos de vidrios que se iban a tirar y colocó un techo de policarbonato. Luego llegó la parte más linda: plantar nuevas semillas.

Para hacerlo calculó todo, desde el ingreso del sol hasta la posición de las plantas para que no tengan sombra. Es que el hombre sabe que a las 11:45 el sol se pone más alto según el norte geográfico, y que a esa hora pega en la parte más baja del vivero. El resultado es mayor humedad, menos uso del agua y una mejor cosecha. 

Respecto al suelo asegura que no puso nada raro, aprovechó la tierra que desembocó en el barrio producto del temporal de 2017, utilizó abono y le puso trabajo. Por supuesto, el plantar también requiere esfuerzo, aunque él dice que no es tanto. “Yo me levantó a las 5:20 y a las 6 me voy al campo. Cuando vuelvo le dedicó unos quince minutos al invernadero y después a mi casa, mi hija, mi familia. Por supuesto que hay épocas que tenés que darle fuerte, la plantación o un medio día de poda para que tenga un solo eje y no genere demás, pero no requiere tanto trabajo y una familia con 150 metros de plantación ya se puede abastecer”.

 

 

CONECTAR A LOS PRODUCTORES

El objetivo de Sebastián es que cada vez más gente se anime a plantar. Con la pandemia, y gracias al impulso que tuvo su actividad, logró que mucha gente se contagie de esta pasión. “Mi madrina volvió a sembrar, mi contador, mi abogado. Mucha gente se ha multiplicado y te van mandando fotos y ven que simple era tener un tomate en su casa. Ese es el objetivo que hoy tengo, multiplicar, que puedan ver que en Comodoro también se puede plantar”, dice con orgullo.  

Para poder lograr ese fin, Sebastián ejecuta diferentes estrategias, desde la donación de plantines a instituciones y personas, hasta el armado de un proyecto grupal que pretende seguir multiplicando y conectando actores

Se trata de Huertas Conectadas, una iniciativa que se presentó en el Hackatón que en 2020 organizó Pan American Energy (PAE) y donde hubo más de 200 participantes. 

“Básicamente es una plataforma que puede unir a los huerteros con los consumidores, una mezcla de Mercado Libre con Uber, donde todos los huerteros van a estar geolocalizados en un mapa para que sepas que producción tienen y saber si tienen intercambio. Entonces hay un ahorro, una ganancia si tenés extra de producción y puede haber intercambio, porque hay desde quienes hacen lombricompuesto hasta quienes tienen damascos pero no los comen. Por supuesto también tenés la acción terapéutica, porque en plena pandemia la huerta es un punto de encuentro nuevo para llevar a la gente y a la familia a que se una en una actividad que da buenos frutos”.

 

HUERTAS COMUNITARIAS CONECTADAS

 

Huertas conectadas obtuvo el segundo lugar del certamen y tuvo buena aceptación en diferentes ciudades. Por ejemplo, se declaró de interés provincial en la Legislatura provincial de Neuquén donde vive uno de los integrantes del proyecto, y se presentó en municipios de diferentes partes del país, desde Ushuaia a Córdoba.

El Ministerio de Producción de Chubut, además, se comprometió a financiar la plataforma, para que pueda convertirse en una realidad, y el trabajo de Sebastián dé sus frutos, cosechando este sueño verde de que cada casa tenga una huerta, en la búsqueda de la soberanía alimentaria.