CAPITAL FEDERAL (ADNSUR) - Una familia vivía lo más tranquila en su pueblo, en Escocia, hasta que un hecho inesperado cambió su vida para siempre. Fue cuaando Alison Maclaine vio cómo su hijo de 10 años estaba siendo víctima de un extraño ataque. El pequeño era conocido por su simpatía y empatía con los demás, pero ese día agarró un cuchillo de la cocina y comenzó a reír como si fuera un demonio delante de su propia madre.

El terror duró apenas segundos pero la madre creyó que el chico había sido poseído por alguna “fuerza mayor”.

Sin embargo, no se trataba de eso sino que el pequeño recibió tratamiento durante cuatro meses. Al término de los estudios, los médicos determinaron que el niño padecía de un conjunto de afecciones que provocan inflamación del cerebro, lo que a su vez causa una serie de quejas neuropsiquiátricas, también conocido como Pandas.

“Parecía un niño severamente autista. Estaba jugando con los juguetes en el piso y estaba en su propio pequeño mundo. No se parecía a Jack; parecía un niño perdido. Pensaron que podría haber estado en el espectro autista, pero antes de esto no había nada que sugiriera eso. Fue tan repentino y no tenía sentido”, expresó la mamá, en una entrevista con el sitio británico UNILAD.

El niño lanzaba berrinches, tics y un tartamudeo, como si fuera un retroceso mental. Ladraba como un perro y se volvió muy sensible tanto al ruido como al olor.

En 2018, Jack comenzó a recibir tratamiento contra el PANDAS. Al principio, no fue nada fácil, pero su familia ha decido dar a conocer su condición para que otros padres tomen conciencia y conozcan la enfermedad. Es, por eso, que Alison sigue siendo optimista en cuanto a su hija, publicó Radio Mitre. 

“Tomamos cada día como viene, pero nos sentimos esperanzados. Jack se perdió dos años de su infancia, pero durante todo este tiempo ha sido muy fuerte y valiente. Cualquier cosa que la vida le arroje ahora podrá manejarlo”, finalizó.