La próxima semana se conocerá el veredicto contra Manuel Ávila, el hombre que confesó haber matado a su hija Martina, de 6 años, el 13 de abril de 2019 en Puerto Madryn.  “Al procesamiento de las pruebas, y luego de la confesión, no han quedado dudas, el veredicto debe ser de culpabilidad”, afirmó el fiscal Alex Williams, quien pide prisión perpetua. Por su parte, el defensor público Diego Trad, alega que hubo “circunstancias extraordinarias” y que -como había indicado el acusado- “la mató para evitar el sufrimiento de la niña”, por lo que la pena debería ser entre 8 y 25 años.

Fui yo", reconoció Manuel Ávila, de 42 años, durante el juicio, y aclaró que tomó la decisión de matarla "a causa del momento que nos enteramos que tenía un retraso. Yo quise quitarme la vida, que nos vayamos los dos. Primero ella y después yo. Me quise quitar la vida, pero no tuve la suerte”. 

EL MOTIVO DEL CRIMEN

“Cuando uno hace una investigación, a veces no puede encontrar el “por qué”. La verdad es que, en un primer momento, nosotros sabíamos quién, dónde, cómo y cuándo. Pero no el “por qué”. Entrevistamos testigos y analizamos soportes tecnológicos y no surgía conflictividad. Y ahora él reconoce que el “por qué” es la discapacidad que presentaba la niña y el sufrimiento que la condición de su hija le provocaba lo llevó a realizar el hecho”, explicó el fiscal Williams

Reconoció que “me provoca mucha dificultad tratar de entender esto como una razón para quitarle la vida a una persona, y más si es el hijo de uno. No lo entiendo”.

Más allá de los motivos que esgrime el acusado y su defensa, para el fiscal el veredicto debe ser condenatorio. “Fue una decisión plena y conscientemente, y acometió mediante golpes de puños y la utilización de un cuchillo quitarle la vida a quien era su pequeña hija de seis años”. 

UNA ESCENA DE HORROR

Martina fue asesinada el 13 de abril de 2019. Los policías que vieron la escena la describieron como “atroz”. El cuerpo de la niña estaba tendido sobre un charco de sangre. El fiscal Daniel Báez detalló que “la menor tenía entre 23 y 24 lesiones por golpes, fractura de cráneo y un corte profundo en el cuello que le corta la laringe y llegaba casi hasta la columna”. 

Ávila fue detenido esa noche. “Policía lléveme preso, maté a mi hija”, gritaba mientras pateaba la puerta de su vecino. El policía Rodrigo Lamas se asomó y vio a Ávila exaltado, con un cuchillo en la mano y el torso desnudo y ensangrentado. Inmediatamente se acercó hasta el domicilio y comprobó que había asesinado a su hija Martina, que tenía retraso mental y un trastorno en el desarrollo motriz.

“Cuando me vio, (Ávila) salió corriendo. Di aviso a la policía y a los tres minutos llegó el móvil. Ellos entraron a su casa y salían rápido agarrándose la cabeza. “Se la mandó”, gritaban. Después, entré yo a la casa y vi a la nena tirada en el piso. Le tomé el pulso y no tenía, así que salí afuera para no contaminar la escena. No quise mirar más porque yo también tengo una hija”, recordó Lamas.