CAPITAL FEDERAL - Manuela (23) lleva tres años acumulando espera y bronca. Golpeó puertas, insistió en juzgados, lloró... una y otra vez. Después se levantó y buscó pistas junto a su mamá, hasta empezó a estudiar abogacía con la intención de ayudar a otras que sufren lo mismo que ella. Pero, en vez de encontrar justicia, se topó con impunidad. El 18 de abril de 2015, un taxista la violó en Villa del Parque. Ella juntó valor e hizo la denuncia. Para cuando lograron identificarlo, Tito Franklin Escobar Ayllon (47) se había esfumado. A pesar de que se sabe que él fue el agresor, que su cara se replicó en aeropuertos, canales de televisión y redes sociales, no pasó ni un minuto detenido. Como es boliviano, sospechan que regresó a su país para escapar. Nunca pudieron probarlo.

“Hice todo lo que tenía para hacer, estuve a disposición de la Justicia, lo busqué yo misma en Bolivia, insisto en cada lugar que puedo. Este 18 de abril no me quise quedar en mi casa llorando. Decidí a salir a la calle a exigir que hagan algo para encontrar a este tipo”, le dice a Clarín Manuela, quien abandonó la carrera de Ciencias Políticas para estudiar Derecho y ayudar a otras chicas que hayan pasado por lo mismo que ella.

En el proceso, Manuela padeció la falta de contención y de respuestas. El año pasado se reunió con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Le pidió ayuda para que Interpol buscara a Escobar Ayllon en Bolivia. El Comando Unificado Federal de Recaptura de Evadidos (CUFRE) le envía periódicamente información sobre la investigación, aunque casi nunca con novedades concretas. Ahora -denuncia- dejaron de atenderla en la Dirección de Violencia Institucional del Ministerio de Seguridad de la Nación, donde una psicóloga la contenía y la mantenía al tanto de los avances en el caso. No sabe qué pasará con la causa y pide que “no dejen de buscar”.

En el ministerio, sin embargo, negaron haberle quitado la atención a Manuela: “Nosotros no le retiramos el acompañamiento, ella no quiso seguir recibiendo una asistencia. Le estamos brindando una vez por mes, a ella y a su mamá, información de la causa y su investigación. Le propusimos la conformación de un equipo interdisciplinario”. Además, confirmaron a Clarín que sigue vigente la recompensa de $ 500 mil para cualquiera que pueda dar información sobre el paradero del prófugo.

“¿Qué es lo peor que puedo hacer yo? Pintar una pared, enojarme, insistir por teléfono, llorar... Me dejaron sola y este tipo está libre, puede violar a otras chicas”, se indigna Manuela Ponz, quien prefiere usar el apellido de Adriana, su mamá y compañera en la búsqueda de justicia.

A través de sus redes sociales, Manuela convocó a una manifestación para hoy a las 11 en las escalinatas de Tribunales, para exigir que no dejen de buscar a su violador. Y otra, a las 16, en la esquina de Las Heras y Pueyrredón, para marchar desde allí al ministerio de Seguridad.

“Organizamos las dos convocatorias porque son quienes tienen la responsabilidad de encontrarlo: el juzgado y el ministerio. Son auxiliares de la Justicia y los que dan las órdenes a las fuerzas de seguridad en la captura de prófugos. Cada 18 de abril es un año más de impunidad, algo tienen que hacer”, reclama Manuela.

La joven agrega: “Es un manoseo constante. Ahora me mandaron una carta para decirme que vaya a un juzgado de familia a una entrevista con una asistente social porque temen por mi salud. Tres años después, sin notificarme ni avisarme para qué. Yo lo siento como una revictimización, porque tengo que ir a contar de nuevo lo que me pasó y está todo en el expediente. Además, nadie te avisa nada, ni te explican. Si no voy voluntariamente -dicen- me van a mandar una ambulancia del SAME. Que me manden mil ambulancias, pero que a él lo metan preso de una vez”.

El 18 de abril de 2015, Manuela salió a un bar con sus amigas y se tomó un taxi de la empresa Premium para regresar a su casa. Escobar Ayllon manejaba y la atacó dentro del auto cuando se quedó dormida. Al declarar, ella entregó el número de patente, el recorrido del viaje captado por el GPS del celular y una descripción de su violador, pero detuvieron a un hombre que no tenía nada que ver y quedó libre a las horas.

Fuente: Clarín

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