COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - El reclamo de los estatales en las rutas impide desde hace semanas el normal desarrollo de las tareas en los yacimientos petroleros de la Cuenca del Golfo San Jorge. Ante la falta de previsibilidad del acceso de los operarios de relevo, muchas empresas petroleras optaron por hacer permanecer a sus trabajadores fuera de horario en los lugares de trabajo, y subir a los yacimientos en horas de la noche o la madrugada.

Esta crisis del sector petrolero también impacta en la organización familiar de muchos trabajadores que, deben cumplir turnos de guardia o extender sus jornadas de trabajo al no poder “bajar” del yacimiento porque no pueden llegar las dotaciones de reemplazo, y así pasar varios días en el campo, con poca previsión de en qué momento podrán arribar sus relevos.

Si bien la actividad petrolera avanza hacia una parada de casi absoluta en lo que tiene que ver con equipos de perforación y work over, la producción en forma automatizada continúa en esquemas de emergencia, reduciendo paulatinamente su curva de extracción por el declino natural de las áreas, que al no incorporar nuevos pozos comenzará a pronunciar esa merma.

Sin embargo, para que las actividades automáticas puedan continuar, algunos operarios, ya sean jerárquicos de empresas de servicio o de las propias operadoras, deben permanecer en sus ámbitos de trabajo más cantidad de tiempo de lo habitual, provocando una alteración en su ritmo de vida cotidiana.

Puede ser el caso de supervisores u operarios de equipos de pulling, que son los que se mantendrán activos por si se requiere reparar algún pozo. También puede darse esta situación en torno a los ámbitos de producción de gas, que requieren de un monitoreo permanente.

Desde ámbitos vinculados a la industria se advierte que la merma de producción ya comenzó a notarse, si bien a valores por ahora menores, pero que de todos modos implican una advertencia que se verá registrada –si la situación de emergencia se prolonga- en los registros oficiales. En una de las operadoras ya se habla de bajas entre 2 y 4% de la producción de crudo, aun manteniendo los sistemas de automatización.

Quedar en el campo

Así, son comunes los relatos de familiares de operarios petroleros que multiplican anécdotas similares: “tuvo que armar el bolso, se fue pero no sabe cuándo baja, si dentro de 2 días o de una semana”, es el comentario escuchado en el entorno de estos operarios.

Es que la organización laboral en el esquema de emergencia implica llegar hasta las zonas de producción en algunos momentos en que el paso por las rutas o caminos alternativos no se encuentra interrumpido, a sabiendas de que no hay certeza de si al día siguiente o cuando finalice el turno podrán regresar hacia sus hogares.

Fue el secretario general de Petroleros Chubut, Jorge Avila, quien puso la mirada en este problema durante los primeros días del conflicto: “la interrupción del paso no significa sólo la imposibilidad de ‘subir’ para la gente que va hacia las zonas de trabajo, sino también el impedimento para que puedan volver a sus casas los que están arriba”, había graficado el dirigente.

Si bien quienes quedan en guardia pueden tener el aliciente de algunas horas extraordinarias para cobrar al final de mes, la contraparte es que la organización familiar se ve resentida, dentro de un ámbito laboral que si bien se caracteriza por las distancias y ausencias del trabajador respecto de su vida familiar, en estos casos se ve aun más acentuada.

De este modo, “subir” el lunes o un domingo para “bajar” el próximo fin de semana, cuando hay posibilidades de recambio, puede ser parte de la habitualidad de los próximos meses. En paralelo, el relato de algunos operarios que debieron ingresar de noche, o en condiciones de escondite contrarias a toda norma de seguridad para atender una emergencia, será parte del anecdotario de los próximos meses, en una circunstancia que, después de varios años, ha vuelto a marcar un hito negativo para la producción petrolera de la región.