“Cuando nació nos enteramos de que una de sus piernas era muchísimo más corta que la otra y tenía el pie hacia afuera con tres deditos. Si bien fue chocante, en el momento en el que te lo entregan se te va todo”, dice su mamá. A los ocho meses su bebé fue operado y fueron las dos horas más terribles que recuerda haber vivido Belén. “Primero que nada traté de asumir que tiene una discapacidad; si vos no lo asumís, tu hijo tampoco lo va a tener asumido”.

Belén desea poder allanarle el camino, derribar barreras y acompañarlo desde su incondicionalidad. Pero sabe que hay situaciones que Lorenzo deberá superar por sus propios medios.

Cuando ocurre lo que no planeamos: “Me enteré de que mi bebé tenía un problema cuando estaba embarazada”

“Mi miedo es que me lo hagan sentir mal; voy a estar siempre para él pero hay cosas que las tiene que remar solo. Que me lo traten mal, que lo miren mal, que lo desprecien por ser así... Trato de no preocuparme ni adelantarme tanto pero yo sé que ahora cuando él empiece a caminar lo van a mirar mucho. Tampoco quiero que el día de mañana a Lorenzo lo vean como un nene raro, porque va a tener que usar una prótesis. Me preocupa el día que vaya al jardín, el día que tenga contacto con otros nenes”, confiesa su mamá.

Las terapias, la clave

Verlo parado jugando la llena de felicidad. Es el momento en que cobra valor los largos días de gestiones con la obra social.  “Lo que más me agota es la lucha con la obra social, pero la satisfacción de verlo no se compara con nada”. Salvo por sus rutinas de terapia, que son intensas, en líneas generales Lorenzo hace una vida normal. “Siempre le digo a mi marido que Lorenzo no sería Lorenzo si no hubiese nacido así. Es como que no lo imagino con su pierna bien. No paró ni un segundo; nunca me paralicé ante ninguna situación. Eso es lo mas importante”.

Cuando ocurre lo que no planeamos: “Me enteré de que mi bebé tenía un problema cuando estaba embarazada”

Los tres en Buenos Aires. Así pasará Belén el próximo Día de la Madre. Con controles y médicos, pero feliz, deseando que le digan que aún hay mucho por hacer. “Mi regalo sería poder  verlo caminar como cualquier nene de su edad”, reconoce.  

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