Quiso estudiar diseño automotriz, pero la crisis de 2001 derribó su sueño; trabajó en un hotel y en diferentes empresas petroleras, hasta que en 2016 lo echaron y encontró en la crisis una oportunidad para volver a su parte artística: el diseño. 

Rubén Steger (38) es el creador de la Copa del Mundo humana que fue furor en Qatar, pero también del carrusel que hace un tiempo el Centro de Empleados de Comercio montó en el histórico Parque Saavedra. El diseñador comodorense hace camino al andar y sueña con hacer crecer su marca, con un estilo propio y un horizonte. 

Rubén Stegar participó en el diseño del carrusel del Centro de Empleados de Comercio. "Quería hacer algo diferente", contó a ADNSUR.
Rubén Stegar participó en el diseño del carrusel del Centro de Empleados de Comercio. "Quería hacer algo diferente", contó a ADNSUR.

Rubén nació y creció en Comodoro. Desde chico le gustó el diseño, y cuando terminó la secundaria en la escuela técnica Ciudad de Yapeyú, quiso estudiar diseño automotriz. Sin embargo, la crisis del 2001 se quedó con sus sueños. 

“Siempre el tema del diseño me gustó. Cuando era chico le hacía las casas, ropa y zapatos de muñecas a mi hermana. Siempre fui de hacer cosas, muy intruso, de hacer cagadas y cuando terminé la secundaría la idea era estudiar algo relacionado al diseño, pero me agarró el 2001 y se fue todo al diablo. Así que me puse a estudiar en la uni”. 

Rubén intentó estudiar en la universidad de Comodoro. Se anotó en Ingeniería en Sistemas y Analista Programador. Sin embargo, su aventura universitaria duró poco y decidió comenzar a trabajar para ayudar un poco en casa. 

Así comenzó un periplo que lo llevó por diferentes rumbos; trabajó cuatro meses como ayudante en una empresa de servicios petroleros, en un hotel, y diferentes empresas industriales, desde Lufkin, a Pan American Energy, WoodGroup y Clear. 

Confiesa que “la parte artística había muerto en ese momento”. Sin embargo, cuando en 2016 lo despidieron de Clear, por una reducción de personal, vio en la crisis una oportunidad y volvió al diseño. 

“En ese momento estaba trabajando en la parte de calidad, pero empezaron a hacer reducción de personal y desapareció todo el sector, quedaron los jefes nomás. Con la plata que me pagaron me fui a estudiar a Buenos Aires un curso diseño y confección de zapatos y carteras, marroquinería. Estaba podrido, porque vos te ponés las pilas y si no es una cosa es otra cosa, me cansó”, confiesa y sigue. “En ese entonces ya había hecho algunos muebles en MDF y una vidriera para una amiga de Buenos Aires que estaba instalando un local de ropa para perros. Y con una amiga había empezado a vender carteras. Ella las traía de Buenos Aires, pero siempre tenían algún detalle, así que un día le dije ‘¿Y si las hacemos nosotros?’, y así empezamos. Ella después siguió con otras cosas, pero yo seguí re enganchado y en un viaje a Buenos Aires compré cierres, herrajes, y me puse a probar con la máquina de coser de mi vieja”.

Rubén apuesta a tener su propio emprendimiento de marroquinería. Zapatos, carteras, son algunos de los productos artesanales que elabora.
Rubén apuesta a tener su propio emprendimiento de marroquinería. Zapatos, carteras, son algunos de los productos artesanales que elabora.

Rubén cuenta que con la experiencia se dio cuenta que para coser cuero necesitaba utilizar otro tipo de máquinas. Así decidió comprar una y aprender a coser porque como dice “al principio cosía horrible, pero de a poquito estropeando el cuero empecé a coser y le fui agarrando la mano”. 

El diseñador autodidacta asegura que tuvo suerte de “conocer gente muy buena en Buenos Aires”, que lo ayudó a conocer los secretos del oficio, algo que de alguna forma le allanó el camino cuando se fue a estudiar marroquinería. “Encontré gente muy buena. Oscar, un conocido que los padres son dueños de una curtiembre y de una casa de venta de cueros. Ellos me asesoraron, me guiaron en qué cosas tenía que tener en claro. Entonces cuando me fui a estudiar el curso intensivo ya me fui armado con todo lo que necesitaba, porque ya tenía un poco de conocimiento de materiales y de algunas técnicas que tenía que ir aprendiendo”.

DEL CARRUSEL A LA COPA

Hace un tiempo, Rubén trabaja como administrativo en el Centro de Empleados de Comercio. En paralelo continúa con sus creaciones, lo que lo llevó a trabajar en distintos proyectos que se realizan dentro de ese sindicato. 

“Es como que se fueron dando las cosas", dice con orgullo. Antes de la pandemia un grupo de amigas me empezó a insistir que empiece a hacer cosas para vender porque yo lo hacía de hobby, y surgió también lo del carrusel en el Centro de Empleados de Comercios. Ellos sabían que me gustaba hacer cosas de este tipo, entonces cuando buscaron la fabricación de unos muñecos para la entrada me consultaron, pero no lo pude hacer por los tiempos y ayudé con la idea de lo que querían hacer. Y al tiempo me consultaron por el carrusel, y comenzamos". 

"Estuvimos trabajando un año desde los primeros diseños que se hicieron, porque la idea era hacer un carrusel común, pero yo quería hacer algo diferente. Les mostré la idea, les gustó y me encargué del diseño estético en conjunto con la gente de Buenos Aires. El carrusel tiene pequeños Pony, ositos cariñosos, un Card para que chicos con discapacidad motriz puedan utilizarlo. Y la idea del techo fue pensada para los vientos de acá, pero fue todo un proceso hasta que llegamos a lo que es hoy”, agrega repensando los detalles. 

La maqueta del carrusel de Parque Saavedra, un trabajo que lo enorgullece.
La maqueta del carrusel de Parque Saavedra, un trabajo que lo enorgullece.

Mientras realizaba ese trabajo, un amigo le preguntó si se animaba a hacer un disfraz para ir a Qatar. Por supuesto, dijo que sí y comenzó a fabricar la copa humana que la rompió en el primer país árabe en organizar un Mundial. 

Rubén, admite que lo sorprendió todo lo que sucedió en torno al disfraz, un trabajo que también requirió buscar alternativas. 

“La verdad me sorprendió lo que pasó con el disfraz. Fue algo medio extraño porque no soy una persona muy demostrativa y tampoco soy futbolero, es como que no entiendo ese sentimiento que tiene la gente, como que me falta algo; pero me sorprendió que algo hecho acá le haya generado tanta alegría a gente de todo el mundo". 

"Lucas lo usó solo dos veces porque la gente lo apabullaba con sacarse fotos, lo filmaban y su idea era ir a disfrutar, pero estuvo muy bueno hasta donde llegó. La verdad es que el disfraz llevó todo un proceso. Desde que Lucas me dijo ‘¿te animás a hacerme un disfraz para ir a Qatar?’, empezamos a ver qué se podía hacer, por las reglamentaciones que había de la ropa. Entonces pensamos algo con la ropa típica de ellos. Para hacer la cabeza primero intenté con alambre, pero no quedaba bien la forma. Los globos se pinchaban y la pelota de yoga era muy pesada. Entonces se nos ocurrió hacer la cabeza con piñatas y quedaba perfecto porque no pesaba y el traje quedaba con el tamaño de una riñonera para que se pueda llevar. Así que estuvo bueno hasta donde llegó”. 

El disfraz de Copa del Mundo la rompió en Qatar. "El desafío más grande fue hacer la cabeza liviana y que sea pequeño para viajar", asegura Rubén.
El disfraz de Copa del Mundo la rompió en Qatar. "El desafío más grande fue hacer la cabeza liviana y que sea pequeño para viajar", asegura Rubén.

Más allá del Mundial, la copa y el carrusel, la vida sigue para Rubén, y ahora quiere ir por más, con un emprendimiento con un estilo propio. “La idea es hacer un emprendimiento, seguir con la marroquinería. La marca ya la registré y de a poquito voy viendo cómo generar una página, pensando el segmento al cual dirigirme, porque vos tenés que hacer algo distinto para entrar al mercado. Me gustaría hacer algo que nos represente como región, como Patagonia, utilizar algunos materiales y contar una historia, pero ya vamos a ir viendo”, dice este comodorense que se animó a ir por el oficio que le gustó de chico y recuperó de grande, demostrando que nunca es tarde para empezar.

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