CAPITAL FEDERAL (ADNSUR)- Fernanda Ovejero (32), que fue trasplantada gracias a que su mamá le donó un riñón. Hoy disfruta de Emma, su hermosa beba que llegó para cumplirle su sueño.

Según publica Clarín, con muy pocas palabras Fernanda emocionó a todos los médicos, enfermeros y pacientes que se hicieron presentes en el Hospital Alemán, donde se realizó un acto con motivo del Día Nacional de la Donación de Órganos.

A los 10 años a Fernanda le diagnosticaron presión alta, situación que le ocasionó un reflujo vesicoureteral, que ocurre cuando la orina retrocede de manera anormal desde la vejiga por los uréteres por lo que la orina llega a los riñones y esto puede causar infección, cicatrices e, incluso, daño hepático a largo plazo si no se trata.

A partir de ese momento tuvo que tomar medicación para la presión y hacerse controles. Mientras tanto, hacía una vida normal pero debía cuidarse con el tema de la sal.

Con el paso del tiempo su función renal comenzó a disminuir hasta que a los 24 años debió hacerse diálisis. Por su edad y su contextura física los médicos le indicaron la diálisis peritoneal, donde el paciente se puede dializar en su casa sin la necesidad de asistir a un centro médico.

Ya hacía unos años que estaba de novia con Pablo y a los 26 se fue a vivir con él. En algún momento los médicos le habían sugerido, tibiamente, sobre la posibilidad de un trasplante, pero Fernanda estaba totalmente negada. Sin embargo, como uno de sus deseos era ser madre un día tomó la decisión de anotarse para empezar a hacer los trámites en el INCUCAI.

Pablo fue el primero que le ofreció donarle un riñón a Fernanda, pero en ese momento el doctor les informó que la prioridad para ser donantes la tenían los familiares cercanos como su mamá y su papá y en segundo lugar alguno de sus hermanos.

Como su papá era diabético no podía ser el donante, entonces se ofreció Graciela, la mamá. “Entendí eso que dicen que por un hijo uno hace todo porque hemos hecho un montón de estudios y siempre contentas y esperanzadas. Nunca se me cruzó por la cabeza que algo podía salir mal. Era verla a ella y a Pablo tan contentos”, recuerda su mamá.

Cuando le dieron el alta Fernanda volvió a su casa, sintiendo la alegría y la emoción de saber que no iba a tener que volver a hacerse diálisis como venía sucediendo desde hacía un año y medio atrás.

Tras esperar unos años, en febrero de 2018 Fernanda y Pablo empezaron a buscar familia y el 27 de agosto recibieron la noticia más esperada. “Cuando vi la ecografía y pude escuchar el latido de su corazón empecé a creer y a confiar en que sí se podía. Pensé en mi mamá y en mi papá que no tenían nietos y que yo les iba a dar esa alegría después de todo lo que había pasado. Ella me salvó la vida y yo le regalo más vida”.

“Cuando me dijo que estaba embarazada fue hermoso porque, además, venía con una  tarjeta que decía que gracias a que yo le había dado la vida nuevamente se producía el milagro de un bebé en camino. Fue muy emotivo”, cuenta Graciela.