COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) – Oscar Angélico parece un tipo simple. A primera vista simpático, con buena vibra y calidez. La primera vez que lo vi fue en 2018 por su trabajo en la única estación de servicio que tiene Cañadón Seco, el pequeño pueblo donde vivió "Puño" Montoya, el padre del nieto de Estela de Carlotto, una de las Abuelas de Plaza de Mayo.

En esa ocasión, Oscar nos contó a mí y a mi hermano Fabián, que quería nadar en Islas Malvinas. Habló sobre su afición por el agua y de lo frío que es el mar en esta zona de la Patagonia. Pero nada sabía de sus otras virtudes.

Es que Oscar no solo nada en aguas abiertas, sino que también lo hace en el fondo del mar como buzo, es piloto, aficionado a la historia y escritor; autor de tres libros de cuentos. Una gran historia en un hombre simple. Pero vamos al principio.

 

 

DE LA CALIDEZ DEL RÍO AL FRÍO DE LA PATAGONIA

Oscar tiene 44 años y nació en Concordia, Entre Ríos. El Río Uruguay fue el lugar donde aprendió a nadar y más de grande siguió sembrando experiencia en el Río Paraná, ya viviendo en Rosario.

Cuando se mudó a Buenos Aires tuvo que seguir en pileta. Por ese entonces ya era cinturón negro de karate, actividad que comenzó a realizar a los 6 años y que lo llevó a su primera incursión en el agua.

Su llegada al sur de la Patagonia, primero a Río Turbio y luego a Cañadón Seco, fue la oportunidad para nadar en el frío mar de la región, y el paso previo para animarse a nadar en las islas.

Con la emoción en sus palabras, Oscar asegura que nadar en Malvinas “fue una experiencia indescriptible, una cosa hermosa”.

 

 

UNA AVENTURA BIEN ARGENTINA

La travesía la realizó en marzo del año pasado con una empresa que se dedica a ese tipo de aventuras. Un ofrecimiento fue la invitación a cumplir su sueño de conocer las islas: aquel lugar del que tanto había leído por su pasión por la historia.

La aventura comenzó en el Aeropuerto de Río Gallegos. El sábado 9 voló a territorio argentino usurpado por el Reino Unido. Por orgullo y para no reconocer la soberanía inglesa utilizó el pasaporte italiano que había sacado unos años antes.

Una vez en Malvinas junto a la nadadora de aguas abiertas Cristina Ganem se instalaron en el Ypake II y zarparon a Puerto San Carlos, donde se prepararon para la travesía.

Acompañados por el capitán del barco, el nadador del rescate y la guardavidas, en San Carlos hicieron aclimatación, visitaron en playa Elefante donde otro de los invitados hizo kitesurf, y tuvieron contacto con isleños.

El clima vaticinaba que el miércoles sería el día ideal para el cruce y lo hicieron en el momento de la estoa, cuando la corriente casi desaparece. 

“Salimos de la Isla Gran Malvinas y llegamos a la Isla Soledad. Yo tenía planeado hacer entre una 1:50:00 y 2:10:00 para hacer el cruce y hacer alguna hidratación en el medio. Pero lo hice en 1:23:00 y nadé 5.100 metros porque la deriva me fue corriendo. Realmente pensé que había sacado mal el tiempo pero lo corroboramos y no”, recuerda Oscar, orgulloso. 

“Fue una experiencia indescriptible, una cosa hermosa. Yo cuando planee conocer Malvinas no planeaba ir a nadar y se dio de esta manera y estoy muy agradecido de poder hacerlo”, agregó.

 

 

Tras la travesía el equipo volvió a Puerto Argentino y visitaron el Cementerio de Darwin, donde descansan los caídos en Malvinas. El momento fue emotivo, único, la mejor forma de rendirles homenaje.

Luego se dedicaron a conocer el pueblo y otros puntos que todo argentino debe visitar cuando llega a suelo malvinense. 

La pregunta que surge es ¿qué lo motivo a conocer Malvinas? Y la respuesta está pegada a su otra pasión: la historia.

“Siempre me gustaron mucho las luchas por la Independencia, de hecho soy historiador e investigador de la historia de San Martín, y bueno la Guerra de Malvinas ocupó un capitulo en lo que decidí estudiar como autodidacta. Hice el Cruce de Los Andes a lomo de mula en tres ocasiones y ahí tome contacto con varios veteranos de guerra con los que mantengo una amistad, y decidí allá por el 2005, 2006 ir a visitar Malvinas. Empecé a tramitar mi pasaporte italiano porque no quería ir a Malvinas con mi pasaporte argentino; consideraba que era una suerte de reconocimiento a su ejercicio de soberanía utilizar el pasaporte argentino, y por suerte se dio de esta manera”, resume sobre esta aventura.

 

 

Tras cumplir ese objetivo, Oscar se propuso otro duro reto: intentar cruzar con un compañero el estrecho de Gibraltar para unir África con Europa. Sin embargo, la pandemia del coronavirus suspendió todo.

Para Oscar la cancelación del viaje fue una desilusión pero no significa la suspensión de su objetivo. Es como que como dice hay que ir detrás de los sueños. “Siempre en las charlas que doy en escuelas o con entidades me gusta transmitir que uno no tiene que quedarse con ganas de hacer las cosas, simplemente tiene que ponerle las pilas y programarlo. A lo mejor no va a ser en un año o dos, pero si uno no olvida el objetivo y va detrás de sus sueños en algún momento lo puede cumplir”, sentenció este hombre que por sus hazañas ha sido reconocido por el Senado y nominado al premio Rene Favaloro.