COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR /El análisis de la noticia por Raúl Figueroa) - El vicegobernador Mariano Arcioni tiene por delante dos meses de trabajo para potenciar los casi 78.359 votos obtenidos en la primaria del domingo pasado, lo que lo ubica como el candidato individual más votado pero segundo si se considera el primer puesto obtenido por la suma de los seis candidatos del FPV.

La situación no es cómoda, más allá de que Chubut para Todos celebró el domingo como un “nuevo triunfo electoral”, aunque al interior de esos apoyos aparecen luces de alerta que, al igual que sus contendientes, le impiden celebrar por anticipado el acceso a una de las dos bancas en juego.

Los contextos políticos son distintos y el candidato oficialista no sólo parece alejado de repetir la quimera del año 2013, cuando la boleta encabezada por Mario Das Neves posibilitó a su partido –en ese momento con el sello prestado del PACH- alzarse con las dos bancas en juego, al superar el 52% de los votos (alrededor de 134.000 sufragios según el padrón de entonces) y duplicar a un FPV que llevaba como cabeza de lista a Norberto Yauhar.

Comparado con aquella elección de 2013, estas PASO 2017 muestran que el retroceso del dasnevismo fue captado por el radicalismo, que en aquel momento cosechó apenas un 12,7% de los votos, mientras que el domingo se duplicó así mismo, arañando un 26%. 

Casi en espejo, el dasnevismo retrocedió ahora hasta el 26,9% de los votos, es decir la mitad que hace 4 años (en todos los casos, los datos se toman del escrutinio provisorio, con 98% de las mesas contabilizadas). El FPV marcó un salto de casi diez puntos, desde el 23,2% de entonces al 32,9% de estas primarias.

Y si bien es cierto que el “2 a 0” era más una expresión para motivar a los militantes que un cálculo real, también es claro que el gobierno esperaba un mayor caudal de votos que el finalmente obtenido el domingo último. Es que no sólo hay un retroceso natural desde aquel fenómeno del 2013, sino que la menor cantidad de votos en ciudades como Trelew y Puerto Madryn motivan hoy las miradas preocupadas y los mensajes cruzados que se escucharon en clave en las últimas horas.

LA BOLETA 

En efecto, la boleta de Chubut para Todos no sólo quedó relegada al tercer lugar en Comodoro, con un 19,9% de los votos (que totalizan hasta ahora 21.137), casi la mitad que los 41.278 del FPV, sino que tampoco logró despegar en Trelew, el territorio por excelencia (“el patio de la casa”, como se diría en términos futboleros) de Mario Das Neves.

Según los registros oficiales del escrutinio provisorio, en el departamento Rawson (que incluye a la capital provincial y a la ciudad valletana) el Chupato logró 23.040 votos (30,3%), apenas por encima de los 20.248 sufragios de Cambiemos (26,6%) y los 19.579 (25,7%) del FPV. O sea: en Trelew la diferencia es más chica que los 3.500 votos de diferencia que sí logró en todo el territorio provincial.

Para entender la magnitud del retroceso, conviene volver a mirar los datos de 2013, aún con las reservas del caso. En las legislativas de hace 4 años, el dasnevismo se alzaba en Comodoro con casi un 35% de los votos (mientras que el domingo bajó 15 puntos). Por supuesto, también en Trelew-Rawson arrasaba con un (¿irrepetible?) 61,6% (unos 58.000 sufragios).

Es decir, en el pueblo de Luis, Mario vio cómo su módulo partidario, ahora encabezado por Mariano, retrocedió más de 30 puntos porcentuales. Claro que la culpa en este caso no es sólo del comodoro-tillense Arcioni (origen siempre difícil de aceptar en la política valletana), sino que las preguntas de Fontana 50 apuntan a supuestos garantes del manejo territorial en aquella zona (y siempre postulables en un hipotético proyecto hereditario de cara a 2019), como Gustavo Mac Karthy y Adrián Maderna.

El FPV, por su parte, mostraba en aquella derrota de 2013 un 20,3% en el valle, es decir que el domingo subió allí casi 6 puntos. Una vez más, es el radicalismo el que capitalizó la mayor migración de votos, ya que en 2013 no llegó al 11%.

Vale insistir, con perdón de la redundancia: Arcioni no es Das Neves y está claro que no se le puede exigir una performance similar a la que pudo producir el gobernador en la boleta de aquel momento, pero en esa misma ‘debilidad’ acaso reside su mayor potencial para crecer: “no es sencillo que un tipo que hace dos años ‘no existía’ en la política, hoy consiga más de 78.000 votos”, evaluaba en la fría mañana del lunes un veterano dirigente justicialista, de aquellos que recorrieron varias internas desde mediados de los 90 para acá.

“No es para descuidar lo que hizo Mariano por sí mismo, por más que tenga el apoyo del gobernador atrás”. La pregunta que queda flotando es: ¿el domingo fue un techo, o un piso, para sus aspiraciones?

Puerto Madryn es otro caso para el diván dasnevista. En 2013, la boleta del hoy gobernador –entonces ungido diputado nacional- se alzaba con el 65,5% de los votos, un verdadero “paseo” frente al 20,3% del FPV y el ‘inexistente’ 7% del radicalismo.

El domingo la realidad fue muy distinta: Arcioni quedó tercero, con apenas 24,57% de los votos, casi 5.000 sufragios menos que los 16.329 que muestra el FPV, con el 35,17%, aunque cerca del 26,32% que obtuvo allí Cambiemos, con un segundo lugar: un duro golpe para las aspiraciones de un Ricardo Sastre que, según la prensa política especializada, garabatea su nombre en el casillero de largada para la gobernación 2019.

No en vano el propio gobernador salió a lanzar mensajes de posibles nuevas alianzas, con guiños hacia sectores del PJ que pudieron quedar disconformes con el resultado de su propia interna.

¿Y entonces? Todo está por verse, pero está claro que las preferencias de los electores no migraron en la bucólica Rada Tilly (que al fin y al cabo,  desde 1983 en adelante casi siempre votó al radicalismo –con excepción de 1995, cuando ganó el partido Vecinal- y poco puede inclinar un resultado general en la provincia.

Tal vez los enojos y mayores explicaciones tampoco se le deban cargar al vicegobernador, sino a aquellos que anticipaban una victoria holgada y ya gastaban a cuenta de una carrera que se larga dentro de dos años, pese a la remanida frase de que, como la pura lógica numérica manda, no habrá 2019 si antes no hay 2017.