“Mírense sus caras. Es nuestro último partido juntos. Escúchenme. Hoy es la final. Vamos a ganar. ¿Lo vamos a dejar todo? Yo no quiero perder a ninguno de ustedes, porque todos son mis amigos, todos son mis hermanos. Y todos estuvieron conmigo”, buscó movilizar el niño al plantel.

Fue el arquerito el primero en llorar, conmovido por las vivencias de 10 días de competencia. Y los otros chicos empezaron a contagiarse. “Estoy agradecido con ustedes, no quiero perderlos. No me quiero ir con las manos vacías. Me quiero llevar la copa a la Argentina. Me la quiero llevar con cada uno de ustedes, con cada uno de ustedes”, fue la sentencia que generó el abrazo colectivo.

Detrás de la arenga, una historia. Dolorosa, de superación. “Su liderazgo se debe a que tuvo que madurar mucho más rápido que otros niños de su edad debido a las circunstancias que atravesó”, contó Sergio, el papá del protagonista, en diálogo con El Doce. Luciano perdió a su mamá cuando tenía apenas dos años. Antes de viajar a la competencia del otro lado de la Cordillera, el juvenil pasó por el cementerio para visitar su tumba. “Es muy profesional y lleva la pasión por el fútbol a todas partes”, apuntó su progenitor.

En 2020, la carrera de Nieva dará otro salto: pasará a integrar las divisiones inferiores de Lanús. Allí buscará inyectarle su personalidad que, a juzgar por lo que exhibió en el video de la arenga, puede llevarlo a ser un proyecto serio.