Carlos es de México y Agustina de Mar del Plata. Llegó la pandemia del coronavirus y desde noviembre de 2019 no volvieron a verse. Desesperado por abrazarla, él agarró su bicicleta y decidió empezar a pedalear para reencontrarse con su novia argentina.

Carlos Trujeque tardó 11 meses y 9 días, y en el medio visitó 11 países, para volver a ver a Agustina Funes. Sufrió algunas raspaduras e incluso estuvo preso por 24 horas, pero ahora ya camina junto a ella en esa ciudad de la Costa Atlántica.

Carlos es licenciado en administración de empresas, nació en Veracruz, México, pero se crió en Puerto Vallarta. Agustina es kinesióloga y marplatense.

Se conocieron en 2016, en un intercambio estudiantil en Andalucía, Málaga. “La vi en la fiesta de bienvenida. Me presenté, la saludé... y punto”, contó a Infobae.

A los pocos días, en una actividad académica, se volvieron a cruzar y Carlos dio el primer paso. “Estaba con una amiga, y me ofreció mate. Nunca antes lo había probado. Me pareció un ritual interesante”, agrega. A partir de ahí, los encuentros fueron cada vez más frecuentes: “hacíamos caminatas por las montañas, las conversaciones se volvían más profundas”.

Carlos regresó a México y Agustina a la Argentina. En 2017 planearon un reencuentro. Ella voló a verlo, hizo turismo por el país y conoció a la familia de su novio. Tiempo después, él hizo lo mismo por nuestro país.

Con el paso del tiempo, la relación se intensificó. “Conectábamos mucho, pero no es fácil estar lejos físicamente”, admite Carlos. Por eso, él la invitó a mudarse a México y ella aceptó.

”Estaba a punto de comprar el pasaje cuando el mundo se convulsionó”, con fronteras cerradas, y restricciones. 

Cuando Carlos le contó su idea de emprender su viaje, "ella me apoyó". Los padres de él no estaban convencidos de semejante hazaña. “Me ofrecieron comprar boletos de avión, pero no había manera de ingresar al territorio argentino".

Viajó desde México a la Argentina en bicicleta para reencontrarse con su novia: tardó más de 11 meses

El 1 de noviembre de 2020, arriba de su mountain bike y una mochila de 30 kilos, Carlos salió de Puerto Vallarta. La primera parada del extenso itinerario fue la ciudad de Guadalajara y unos días más tarde llegó a Veracruz, su ciudad natal, donde visitó a su abuelos.

Por Chiapas cruzó a Guatemala, pedaleó por Salvador, Honduras y Costa Rica. Ya había alcanzado el tramo más desafiante. En Costa Rica debó ingeniarse para cruzar la fronteras debido a las restricciones. Finalmente lo hizo y en Panamá despachó la bici y tomó un vuelo para atravesar el Tapón de Darien y llegar a Colombia. Fue el único tramo donde no tuvo que pedalear.

Durante estos once meses durmió en estaciones de servicio, casas abandonadas, viviendas de conocidos, y en campings de la ruta. “Vencí muchos miedos, como el que tenía a la oscuridad. También gané otros, a los buses de la ruta”, relata.

También superó desafíos impensados. “En Medellín me confundieron con un hincha de un equipo rival y me golpearon. Terminé preso 24 horas. Una vez que se aclaró el malentendido me liberaron, y me pidieron perdón”.

En septiembre entró a nuestro país por La Quiaca. Paseó por Córdoba, atravesó Rosario y finalmente el 19 de octubre a las 14 horas se abrazó con Agustina.

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