Son las dos de la tarde y Roció Molina está en la Unidad Terapia Intensiva del Hospital Regional. En un momento de descanso charla con ADNSUR y cuenta su historia, aquella que la llevó a ser hoy la referente de la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos (RAJAP) en Comodoro Rivadavia, aquel espacio que nuclea a quienes conviven con el virus del VIH.

Rocío es joven, solo tiene 26 años, parece aún más chica, pero habla con la madurez de alguien que ha derribado muchas barreras. Quizás porque cuando tenía 16 le diagnosticaron VIH. Fue en un control de su embarazo, donde se anotició de que era portadora del virus. “Hace 10 años durante mi embarazo me enteré de mi diagnóstico. A los tres meses te piden un test de VIH y otro a los seis, pero a mi en el de 3 meses me pidieron repetir el testeo y me dio positivo. No entendía nada, era adolescente y no sabía nada del VIH”, admite. 

Rocío nunca había tenido educación sexual en la escuela. No sabía de qué se trataba el virus. Lo habló con su mamá, pero ella tampoco tenía información. Así, terminó hablando con su ginecólogo y su infectólogo. 

A la distancia reconoce que “no es lo mismo hablar con personas de salud que con una persona que está pasando lo mismo que vos”, y no duda en afirmar que las respuestas que necesitaba las encontró recién cuando comenzó a participar de RAJAP. Ni siquiera durante la cursada en la carrera de Enfermería en ATSA encontró las respuestas que necesitaba.

Es que Rocío, lejos de quedarse con el diagnóstico positivo, los prejuicios y el estigma decidió romper barreras y ayudar a las personas haciendo algo que siempre le gustó. Así, dejó de lado la idea de dedicarse a la estética y se volcó a la salud.

“La verdad es que siempre me gusto enfermería, siempre quise cuidar y ayudar a los demás y fue mi manera de seguir con el medio de la salud y reflejar en algo lo que vi en mi diagnóstico, porque por supuesto que el diagnóstico influyó, a mi gustaba todo lo que era estética, pero me empezó a llamar la atención y quise estudiar enfermería para poder ayudar al otro y ver cómo poder acercarme, siempre desde la empatía”.

DERRIBAR BARRERAS

Finalmente, luego de mucho esfuerzo, Roció pudo terminar su carrera, pero no fue fácil entrar al sistema de salud. A pesar de lo que uno cree, aún en ese rubro hay prejuicios y desinformación que hay que romper. 

“Lamentablemente tuve muchas trabas porque cuando me recibí de enfermera me rechazaban en los preocupacionales por tener VIH, lo cual es ilegal. Yo como no sabía no lo denunciaba, pero en realidad es muy difícil tener evidencia de que en un trabajo te están rechazando por el diagnóstico, porque te dicen 20 mil cosas, pero es algo que se sigue haciendo hasta el día de hoy y es lamentable, porque no debería suceder”.

Para Rocío cada rechazo fue un golpe a la ilusión, una cachetada de realidad de un sistema injusto, pero un día todo cambió, cuando una clínica ambulatoria de la calle Alsina le abrió las puertas para que haga sus primeras armas. Allí, en Altamira, no hubo test de VIH en el preocupacional ni tampoco fue tema de conversación; el ingreso se dio en forma natural como debe suceder.

En esa clínica Roció trabajó dos años, hasta que un día decidió irse: quería aprender más y apostó por la salud pública. Así, desde hace tres trabaja en el Hospital Regional de la ciudad. 

En el nosocomio, pasó por diferentes servicios: Clínica Quirúrgica, Clínica Médica, Quirófano y Terapia de Adultos, y hace un mes y medio está en terapia Intensiva Pediátrica, la UTI.

Sobre su trabajo, ella reconoce. “Me encanta, me gusta, hago lo que realmente me gusta y ahora estoy volcándome a todo el activismo en la red, porque la persona que tiene VIH no tiene la obligación de contarle a nadie que tiene el virus, ni a su pareja sexual, ni en el ámbito laboral porque las otras personas no corren ningún riesgo de transmisión. Entonces no influiría en ningún sentido si hicieras la misma labor que tiene tu compañero que no tiene ninguna patología”.

“El problema es que hay muchos prejuicios todavía y es por falta de información. Lamentablemente necesitamos del compromiso del gobierno para que haya campañas donde se hable del VIH, porque no se habla nunca, solamente el 1 de Diciembre. Hace 40 años que ya tenemos VIH instalado en la sociedad, y hoy tenemos una vacuna del Covid pero no tenemos una cura del VIH. La verdad es que no preocupa tanto la cura médica sino la social, porque tenemos que derribar los estigmas y la discriminación que hay. Por eso hay cosas que se deben plantear y se deben hablar”. 

MILITAR EL VIH

Roció sabe que el discurso es fundamental al momento de derribar barreras. Ejemplos sobran. Por eso hace mucho hincapié en no hablar del Día Mundial de la Lucha Contra el Sida sino hablar del Día de la respuesta al VIH. También dice que es importante hablar de virus y no enfermedad, y de persona y no paciente, y que todos sepan que desde 2014, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada persona que realiza el tratamiento es indetectable y no transmite el virus, por ninguna vía. Sin embargo, asegura que lo más importante en este momento es poder actualizar la Ley Nacional de VIH.

“Tenemos hace 30 años una ley nacional del Sida que en su momento fue un buen comienzo pero hoy en día es decadente, está atrasada. Es la tercera vez que pasa al Congreso y no llega, por eso hoy en la plaza de la Escuela 83 vamos a estar juntando firmas para que no vuelvan a encajonar otra vez la nueva ley de VIH. Lo que pedimos es que en Educación Sexual Integral se hable del diagnóstico de personas positivas, se hable de lo que es indetectable o intransmisible, porque una persona en tratamiento no transmite el virus por ninguna vía, ni por la vía sexual, que no se pida en los preocupacionales, y estas cuestiones que tenemos que seguir trabajando. Por eso necesitamos campañas políticas del gobierno nacional en compromiso con el VIH”.

Pasaron 10 años desde que ella tuvo su diagnóstico. Roció admite que no es la misma, y entre risas asegura que hasta el carácter cambió. Antes era de quedarse callada y ahora pelea todas las injusticias, algo que la hace sentir orgullosa. “Si hace 10 años me hubieras dicho del lugar que estoy ahora no lo creería. Estuve un año sin tratamiento. Había dejado el tratamiento porque sentía que nada iba a salir nada como yo quería, porque es angustiante saber que te rechazan de un preocupacional, no saber qué hacer con tu futuro, como seguir sabiendo que se te cierran muchas puertas, y ahora saber que estoy militando, qué es lo que te da herramientas para poder luchar, me da orgullo, pero la verdad es que hay mucho por hacer”, dice esta joven que se animó a hacerse visible, salir del closet como alguna vez dijo ella, para ayudar a otros, así como lo decidió el día que quiso estudiar enfermería. 

Dio positivo de VIH a los 16 años y decidió ser enfermera para ayudar a los demás
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