COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - El campo de Luis Kruger llegó a contar alrededor de 5.000 cabezas ovinas, a partir de una explotación que comenzó en el valle sarmientino en 1948. El año pasado, las pocas ovejas que quedaban en su campo terminaron de perderse. Eso pasó no sólo porque el agua del lago Colhué Huapi, que décadas atrás marcaban el límite con los campos linderos, ha desaparecido, sino que además la arena en forma de médanos que devuelve la naturaleza arrasa con todo a su paso: pasturas, alambrados y hasta los techos de los galpones, que en tiempos de trabajo guardaban fardos de lana tras la esquila. Urge la obra del azud regulador en lago Fontana, para frenar una catástrofe cuyos efectos ya son evidentes, a partir del fenómeno de la evaporación, combinado también con los usos humanos de un recurso cada vez más crítico.

La historia de Luis Kruger es parecida a la de otros pobladores de la costa este del lago Colhué Huapi, cuyo ciclo crítico comenzó a evidenciarse a fines de la década del 90, pero que las altas temperaturas del verano 2021 han vuelto a evidenciar hasta límites extremos. En su carácter de antiguo poblador, que sufrió de cerca el proceso y hoy hasta ve afectada su salud, Kruger afirma que los problemas comenzaron con la construcción del nuevo acueducto en 1999 y el cierre parcial del río conocido como falso Senguer, que es el brazo que sale desde el Musters y que históricamente alimentó al Colhué Huapi.

Sin embargo, diversos estudios dan cuenta de los fenómenos naturales que afectan a la cuenca hídrica conformada por el lago Fontana y el río Senguer. Si bien hay fuertes recomendaciones para realizar planes de manejo que devuelvan sustentabilidad al uso del vital recurso, tanto en los sistemas de riego como en las obras que aún deben realizarse para garantizar el abastecimiento de agua potable, la incidencia de los factores ambientales tiene una mayor proporción en el problema, según quienes trabajan en el tema.

Crisis del agua: la región espera que la obra del Fontana no se “evapore”

El fenómeno de la evaporación

Según trabajos del ámbito académico que son tomados como referencia en organismos oficiales, hay tres períodos que reflejan el carácter cíclico del fenómeno que amenaza la estabilidad de la cuenca hídrica del Senguer: entre 1998 y 2001, el Colhué Huapi decreció hasta ocupar la mínima superficie de agua de su historia, con sólo 105 kilómetros cuadrados. Entre 2001 y 2007, volvió a crecer, hasta alcanzar un máximo de 797 kilómetros cuadrados. Y a partir de ese punto, volvió a reducirse, hasta los mínimos niveles actuales.

En efecto, a fines de los años 90 comenzó un período de sequía del lago, con vaticinios de una desaparición irreversible. Sin embargo, en pocos años se recuperó, aunque tampoco duraría mucho ese rejuvenecimiento pasajero. Cuando alcanzó cerca de 800 kilómetros cuadrados de superficie, en los años 2006 y 2007, el lago Colhué Huapi llegó a evaporar alrededor de 92 metros cúbicos por segundo en los meses de mayor temperatura (enero y febrero) según registros de la SCPL, en base a trabajos del INTA.

La cifra parece inverosímil, por el volumen de agua perdida a partir de este fenómeno natural. Son 92.000 litros en cada segundo, o más de 331 millones de litros por hora. Eso explica por qué hoy el agua ha sido reemplazada por fango y médanos, mientras la superficie del espejo de agua se redujo a alrededor de 200 kilómetros cuadrados: una cuarta parte de aquel máximo histórico; y un 40 por ciento de su superficie promedio.

Aunque en menor magnitud, el lago Musters también sufre el impacto, con una evaporación de 52 metros cúbicos por segundo en aquel período de mayor superficie. La diferencia está en las características de cada lago; mientras el Colhué Huapi es somero, con una profundidad promedio de 5 metros, su hermano cuenta profundidades mucho más acentuadas, de 20 metros promedio y pudiendo superar los 38 metros. Otra diferencia está en las características geográficas que los rodean, ya que mientras uno tiene pocas elevaciones alrededor, quedando más expuesto al efecto de los vientos, el otro tiene formaciones de mayor altura. Así, las varaciones en su superficie no superaron un 5 por ciento.

El problema no es sólo la evaporación, sino también las escasas lluvias que ese mismo fenómeno debería alimentar, en un circuito natural, que no alcanzan a recargar rápidamente la superficie de agua, con precipitaciones promedio de 160 milímetros anuales, lo que se agravó desde 2007 en adelante, con el período de sequía que afectó a la región.

La regulación en el lago Fontana no admite más demoras

Los fenómenos naturales que se han combinado para impactar no obstan que se deba avanzar en decisiones profundas para mejorar el manejo humano del recurso hídrico, como claramente exponen los diversos organismos institucionales que permanentemente evalúan el problema. Una región que sufre la amenaza de quedar sin agua para abastecer a su población debería extremar los recaudos, para atenuar en todo lo posible los efectos naturales: si estos explican alrededor del 80 por ciento del problema, hay bastante margen para hacer en el 20 por ciento restante.

Crisis del agua: la región espera que la obra del Fontana no se “evapore”

“La actual situación de la cuenca se debe fundamentalmente y con mayor incidencia a factores ambientales”, sostiene entre sus conclusiones un informe elaborado en ámbitos técnicos de la SCPL, en referencia a la evaporación. “El consumo, tanto para riego como para consumo (humano) no son las variables principales en el ciclo de la cuenca -añade el trabajo, luego de analizar los ciclos de variación y sus causas-. La solución para sistematizar la cuenca reside en realizar la obra del Azud del Lago Fontana, de forma de retener el agua en la época de lluvias y durante el descongelamiento de la nieve para liberarla según la demanda, en los meses de más evaporación y consumo”.

La obra del azud de lago Fontana, para poder mantener un caudal de cierta constancia en el río Senguer, servirá para evitar parte de las pérdidas que hoy provoca la evaporación: resta saber si este año, finalmente, con la inclusión del proyecto en el presupuesto 2021, se terminarán de concretar los pasos legales (incluida la audiencia de evaluación del estudio de impacto ambiental) para licitar de una vez una obra a la que estará atada la supervivencia de toda una región.

Mientras eso ocurre, don Luis seguirá apelando a la solidaridad de Vialidad Provincial, como en los últimos días, para despejar la araen que cubre el portón de sus galpones y vender los últimos fardos de lana que le quedan, producto de una esquila realizada hace ya tiempo, cuando aun quedaban algunas ovejas.

Es de esperar, en reivindicación a esa dolorosa imagen, que los fondos comprometidos para la obra no acaben, como tantas otras veces, por evaporarse.