CAPITAL FEDERAL (ADNSUR) - Una nueva vida le espera a la elefanta Mara, que el sábado dejó el zoológico de Buenos Aires, tras 50 años de cautiverio, y arribó este miércoles al Santuario de Elefantes de Brasil, en Chapada dos Guimarães, en el Mato Grosso.  Apenas vio un montículo de tierra colorada se acercó, hundió la cabeza allí y comenzó a jugar con su trompa.

 Mara se tomó su tiempo para salir de la caja en la que viajó exactamente 2.752 kilómetros, y poco después de que el director del que ya es su nuevo hogar, Scott Blais, abrió la puerta del sector de adaptación, asomó su trompa y comenzó a oler el césped natural y la tierra colorada con la que jugó un poco y, a modo de reconocimiento, la lanzó sobre su cabeza y lomo.

 

Mara Needs a Nap

 

La transmisión en vivo del santuario y del Global Sanctuary for Elephans —la asociación que rescata elefantes en cautiverio y a la que pertenece el nuevo hogar de Mara— fue seguida por más de 7 mil personas que esperaron con ansiedad que la elefanta abandonara por completo el habitáculo en el que se trasladó durante cerca de cuatro días.

A Mara le llevó 50 minutos pasar directa y voluntariamente a un espacio especialmente acondicionado, donde estará uno o dos días según sus propios tiempos de adaptación.

Según detalló Infobae, durante el viaje para trasladar a la elefanta a Brasil se hicieron paradas cada tres horas y que atendió a tres parámetros básicos: agua, comida y materia fecal. “Esto también fue un indicador del comportamiento de Mara, porque si no comía o no tomaba agua debíamos ver qué hacer para mantenerla hidratada”, aclaró Federico Iglesias, subsecretario a cargo del Ecoparque porteño. 

“La estructura del santuario tiene un sector para elefantes al aire libre, muy similar a las áreas de manejo y de tratamiento del Ecoparque, ya que está techado, pero toda esa parte es abierta. Apenas se abra la caja de traslado se le dará la oportunidad de ingresar allí. Ella pasará la noche en ese lugar para descansar, comer, tomar mejor y depende de su comportamiento si al otro día podemos permitir que otro elefante ingrese para que esté en contacto con ella, no directamente sino a través de barreras físicas. Esta una parte crítica en la que se pueden tocar con las trompas, pueden olerse, verse, pero hay barreras de seguridad”, había anticipado Blais al mismo diario sobre qué sucedería con Mara una vez que arribara al santuario.

“Mara llegó en perfecto estado de salud y manifestando buen ánimo. Apenas salió de la caja jugó con agua y se tiró tierra con su trompa como lo hacía acá”, informó la Secretaría de Ambiente de la Ciudad a través del Ecoparque.

Pese a llevar cerca de cuatro días, el trayecto duró menos horas de las estipuladas debido a que las rutas estaban prácticamente vacías por la cuarentena, y contó con un protocolo de traslado especialmente adaptado a las exigencias sanitarias exigidas por la pandemia de Covid-19 que estamos viviendo.

El lugar al que fue trasladada está rodeado de selva, tiene 28 hectáreas y conviven allí otras tres elefantas asiáticas. 

“Estamos realmente muy contentos y emocionados por haber acompañado a Mara y porque salió todo según lo planeado”, dijo Federico Iglesias, que acompañó el viaje junto a la veterinaria y una de las cuidadoras de la elefanta.

“La coordinación y predisposición fue fantástica. Entre el Gobierno Nacional y de la Ciudad se hizo un trabajo impecable”, destacó y subrayó que “Ambiente Nación puso a disposición dos inspectores que nos escoltaron”.

“Que Mara esté hoy en Brasil es el resultado de una decisión que tomamos hace mucho tiempo, cuando transformamos el Ecoparque. Hace unos años veíamos este hito como algo lejano, casi imposible. Trabajamos todos los días cumpliendo con todos los pedidos y las regulaciones legales. Un día nos sorprendió la pandemia, adaptamos el protocolo, y hoy, Mara camina en un ambiente natural por primera vez en su vida”, aseguró Eduardo Macchiavelli, secretario de Ambiente de la Ciudad.

Además, para que Mara fuera aceptada por el santuario de Brasil debió pasar una cuarentena sanitaria en el viejo zoológico porteño al cuidado de un equipo de veterinarios del Senasa que certificaron oficialmente que está libre de tuberculosis, fiebre aftosa y leptospirosis, entre otras enfermedades.

“Mara entra en la gente a la velocidad de la luz, su historia conmueve y provoca algo difícil de contar. Es una alegría enorme para todos los que estuvimos con ella saber que ya está disfrutando en su nuevo hábitat”, dijo a este medio María Cristina Cosma, médica veterinaria de la oficina Palermo del Senasa a cargo de cuidar a la elefanta durante en Ecoparque.

Si bien en este caso no es necesario un proceso de cuarentena, ya que fue completado exitosamente en el Ecoparque porteño, sí será necesario un período de adaptación que estará a cargo del personal técnico del santuario. Éste se la relacionará con su nuevo ambiente, dieta y manejo en general. El tiempo que dure esta adaptación dependerá de la evolución de Mara durante este proceso.

En la mañana de este jueves, Mara comenzó a reconocer su nuevo hogar. “Estamos todos muy emocionados y conmovidos con todo lo que significó el traslado de Mara. Que pueda vivir el resto de su vida en ambiente natural es un mensaje y una lección para entender cuál es la relación que tenemos que tener con la naturaleza”, agregó Macchiavelli.

Por su parte, Iglesias remarcó que “fue fundamental el trabajo que se hizo previo a su salida y el apoyo que tuvimos de muchos de los actores involucrados para que el santuario sea la nueva realidad de Mara. El viaje fue largo pero en todo momento estuvo monitoreada por veterinarios y cuidadores”.

En el Santuario de Elefantes de Brasil (SEB) viven elefantas asiáticas por lo que las próximas en llegar (sin fecha concreta) son Pocha y Guillermina, madre e hija, que están en el Ecoparque de Mendoza. Cuando abran el espacio para recibir elefantes de origen africano será el turno de las dos que quedan en el Ecoparque porteño.