RIO TURBIO (ADNSUR) - “Hacía un escupitajo, humedecía la tierra y filtraba el humo poniendo la cara en la tierra para poder respirar”, relata Juan Carlos González, uno de los 36 sobrevivientes de aquel fatídico día.

El 14 de junio de 2004, “los del tercer turno” entraron a trabajar a Mina 5 como un día más. Se trataba de 60 mineros que, esa noche, cubrían los frentes de explotación de la empresa Yacimientos Carboníferos Río Turbio.

La mina consta de dos galerías paralelas, una de ellas transporta carbón y la otra al personal. Dentro de aquellas galerías hay uniones cada 200 metros y cada una de esas uniones tiene un número.

Juan Carlos González, hoy es jubilado.

La tragedia comenzó la noche del lunes, cuando un chispazo en uno de los rodillos de la cinta transportadora había iniciado el fuego. Las vigas eran de madera y enmarcaban paredes y techos de la mina. El fuego las tomó y se fueron produciendo derrumbes a medida que las llamas avanzaban.

Los 14 mineros que murieron aquella fatídica noche quedaron a 600 metros de profundidad y a 1.500 metros de la entrada.

Lo que nadie vio llegar

“Los del tercer turno” entraron normalmente, como un día más. Juan Carlos trabajaba en preparación secundaria, era electricista montador de equipamiento minero y tenía que alimentar los equipos para hacer mantenimiento en la unión 20 y 21.

“Me acuerdo que pusimos los equipos en marcha, hicimos el laboreo normal de limpieza y de rebaje que le llamamos nosotros. En un momento se recibe un llamado telefónico donde piden comunicarse con el supervisor”, contó.

“Ahí nos dice que tenemos que evacuar porque estaba la orden. La evacuación en la mina era normal, siempre había simulacros o cuestiones así. Nadie se alarmaba, ninguno de los trabajadores se preocupó, porque era una cosa totalmente rutinaria”, detalló.

60 mineros se encontraban en la mina esa fatídica noche, de ellos murieron 14.

El supervisor les pide que dejen las herramientas y llega el camión. “Era un Daihatsu con una caja metálica que se había fabricado para transporte de personal. El personal iba sentado de frente y había tres puertas por lado de la caja de camión de transporte. A mí me tocó sentarme en la última fila del camión, del lado de la puerta”, detalló Juan Carlos.

Había personal que estaba parado en aquel momento, porque no alcanzaban los asientos.

“Cuando íbamos en el camión nos íbamos riendo, planeando jugar al truco, haciendo bromas hasta que pasara la evacuación. Siempre me acuerdo de sus caritas y que nos veníamos riendo todos, y pensar que no íbamos a salir todos afuera. Siempre me acuerdo de eso. Me acuerdo de lo terrible que es recordar sus caras riéndose conmigo”, estremece en su relato.

Circularon un rato largo. Juan Carlos no recuerda cuánto, pero no había ni humo, ni ningún indicio que los alertara.

“Cuando empezamos a circular sentimos un olor a humo fuerte. Abro la compuerta para fijarme de dónde venía el humo y cuando la abro me doy cuenta que se oscureció todo, totalmente. Como cuando uno quema una cubierta de un auto, pero peor”, detalló.

Los compañeros de Juan Carlos le gritan que cierre la puerta, el camión seguía circulando. “Empezamos a preguntarnos qué pasaba, de dónde venía tanto humo. Todos nos empezamos a preocupar por lo que estaba pasando, hasta que sentimos un ruido fuerte”, contó exaltado, como si estuviera reviviendo este duro momento.

El camión había estacionado. “Ahí pensamos que el chofer habrá pensado ¿para dónde agarro?, porque dar vuelta el camión no se podía, no daba el espacio físico ni se veía nada. Entonces yo creo que el chofer Rebollo, uno de los que falleció, tomó la decisión que, para mí, nos salvó la vida”, relató.

“El chofer decidió darle hacia adelante a ciegas, sin saber qué iba a pasar. Circuló hasta que choca y se siente un golpe. Ahí se para y ya no arranca”, continuó.

Cara a cara con el terror

Abrí la compuerta, pero no podía salir, mis compañeros salían desesperados corriendo. Así que fui uno de los últimos que bajó del camioncito. Cuando bajo ni siquiera encontraba la pisadera, así que para orientarme voy palpando el camión”, relató Juan Carlos.

Es así que decidió caminar a ciegas, hasta chocar con la orilla de los arcos para darse cuenta que iba bien. “Era caminar y tropezar y caerme al piso”, contó. Juan Carlos estaba muy golpeado, con el rostro ensangrentado. Eran golpes que no podía prever al no tener visión, ni orientación. El humo asfixiaba y todo dependía de su instinto. Ese verdadero instinto de supervivencia que nadie quiere conocer.

Néstor Kirchner viajó a Río Turbio y abrazó a las familias.

El fuego consumió en minutos las vigas de madera que sostenían los techos.

“Lo que hice cuando me caía, en muchas oportunidades, era tratar de buscar aire en el suelo. Hacía un escupitajo, humedecía la tierra y filtraba el humo poniendo la cara en la tierra. Eso me ayudó mucho a conseguir aire medianamente limpio. Seguí caminando hasta que choco con alguien que, supongamos, venía entregándose”, recordó.

“No lo veo, fue un choque seco, pero como iba con las manos adelante lo alcancé a abrazar y con mi lámpara intenté iluminar su ropa. Era una campera como marrón. Lo abracé y lo llevé hacia adelante y lo iba empujando hasta que me caí y lo perdí de vista”, describió.

Para ese entonces, continuó, “escuchaba gritos desde muy atrás de la mina, gritos desgarradores, y eso nunca me lo voy a olvidar”, dijo casi al borde del quiebre. Eran sus compañeros.

Entregado como un títere

Juan Carlos cuenta que quienes lo vieron salir, lo recuerdan como una marioneta, como un títere. Totalmente entregado.

“Parece como un milagro, pero vi como un reflejito tipo brillantina metálica a lo lejos y dije tengo que ir hacia ahí, voy a hacer mi último esfuerzo”, describió.

Todo vuelve

Para Juan Carlos, cada vez que se acerca esta fecha es imposible olvidarlo. “Es como que todo vuelve, pero sé muy bien que nosotros los sobrevivientes siempre estamos acompañados por los compañeros que nos faltan”, relató.

“A veces pienso que algunos creen que es lindo que nos recuerden por eso, pero para un sobreviviente hubiera preferido nunca haber estado ahí”, dijo.

Fuente: La Opinión Austral