COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) – Por estos días José y Mailen están dando sus primeros pasos en Marruecos, luego que completaron su segunda estadía en España. En las próximas horas subirán fotos del lugar a su cuenta de Instagram (Patagonia.almundo) y continuarán recorriendo las calles, conociendo la cultura y parte de la historia.

José Agrelo es de Comodoro, y Mailen Bouzon de Buenos Aires. Son novios, y hace dos años decidieron dejar sus trabajos, la rutina de sus vidas y viajar por el mundo, apoyándose en aplicaciones que permiten hacer turismo de una forma más económica; como por ejemplo Couchsurfing, una empresa que ofrece intercambio de alojamientos.

En diálogo con ADNSUR, José contó que en estos dos años recorrieron 46.000 kilómetros a dedo, subiendo a 341 autos, 130 camionetas, 31 camiones, 8 motos y dos colectivos a los que accedieron en forma gratuita.

“Es un viaje muy económico. Tratamos de gastar dinero solo en comida porque nos alojamos con familias y personas locales, y los viajes si son por tierra los hacemos a dedo. La mayoría de la gente piensa que andamos de joda, gastando plata, pero no, tratamos de no tomar nunca un bus para conocer mejor y no gastar. También hacemos voluntariados, como trabajar en algún hostel por alojamiento y comida o cuidar una casa o una mascota. Por ejemplo, en Francia cuidamos gallinas, un burro, un perro y un gato”, cuenta entre risas este geologo comodorense.

 

 

UN VIAJE QUE CAMBIÓ TODO

José y "Mai" hace 5 años que son novios. Se conocieron en un trabajo, donde ella se desempeñaba como cartógrafa y él cómo geólogo. A los dos años de relación decidieron viajar juntos a Europa y cambió todo. “Ese fue el punto inicial, cuando fuimos de vacaciones a Europa. Fueron 21 días por los días que teniamos en el trabajo. Hicimos todo muy apurado, recorrimos las principales ciudades en vuelos que fueron programados, pero fue un viaje estresante porque queríamos ver todo. Cuando volvimos a Comodoro nos sentíamos cansados”, recuerda José.

Ese viaje le cambió la cabeza a los chicos por las cosas que vieron y la manera de viajar. Se quedaron con ganas de tener más contacto con la gente de las ciudades, y entre charla y charla pensaron la posibilidad de dejar todo y recorrer el mundo. Sin embargo, la decisión no era sencilla como parece. Había que apostar y dejar todo: trabajo, familia, rutina. Ellos eligieron ir por su sueño.

“Vendimos todo lo que teníamos en un lapso de un mes y medio: mesa, silla, televisor y viajamos con los ahorros, lo que trabajamos en su momento y las cosas que nos vendimos por ahí las vende mi vieja”, dice José.

Por ese entonces, la pareja ya convivía y había alojado a turistas extranjeros que utilizaban alguna aplicación de viajes.

A la distancia recuerdan que una chica de México se hospedó en su casa, y también turistas de China, Francia y Uruguay, que principalmente iban a Ushuaia.

Esa experiencia y ese intercambio cultural los animó a intentarlo, a construir su propia experiencia como viajeros.

 

 

LA VIDA EN TRÁNSITO

Jose y Mai salieron de Comodoro por tierra y desde Buenos Aires volaron a Estambul, su ciudad favorita en todo este viaje. Luego el destino los llevó a Barcelona y desde allí iniciaron su travesía hasta Rusia, para llegar en pleno Mundial.

Francia, Italia, Suiza, Alemania, Polonia, Bielorrusia, fueron los países por los que pasaron previo a llegar a la mayor fiesta del deporte. “Estaban muy lindas las calles de Moscú con todas las nacionalidades de fiesta. Nos encontramos después de un tiempo con los argentinos y eso fue lindo”, recuerda José sobre ese momento, donde se dieron un gusto: mirar el partido de 8vos de Final entre Francia y Argentina, “un partido intenso con jugadores de primer nivel”, explicó José.

 

 

Hasta el momento la pareja lleva recorridos 46 países en dos años. La fórmula: gastar poco, caminar mucho y vivir en tránsito.

“Al momento de hacer dedo caminamos un montón, generalmente estamos con un cartel. Todo esto tiene su esfuerzo atrás porque si tenés plata te vas a un hotel o te tomas un vuelo. Nosotros nos cocinamos en la casa de la gente que nos aloja o compartimos comida y a la hora de recorrer las ciudades no entramos adonde hay que pagar entradas; tratamos de visitar lo que es gratuito, que por suerte es mucho, y ahí estamos”.

José admite que Couchsurfing es el gran aliado en esta aventura. “Es una especie de comunidad de viajeros, de gente que quiere brindar hospitalidad y que está interesada en otras culturas o aprender un nuevo idioma. Lo que ganan ellos es un intercambio cultural o aprender español. También hay gente que lo hace por ayudar viajeros o porque quieren devolver esa hospitalidad que recorrieron”.

“Y lo mejor es que tenemos el contacto directo con la gente local, vivimos como locales. Conocemos la cultura de adentro, conocemos cómo viven, qué comen y compartimos la cultura de cada país. Eso es lo más lindo. La hospitalidad que se recibe en todos los países nos llena el alma y saber que hay mucha gente buena y no tanta noticia mala como muestran los medios masivos”, dice José.

 

 

En su aventura, José y Mai han vivodo muchas experiencias. Desde comer en Tailandia por un dólar hasta que en algunas casas le presten el auto y le dejen la llave de sus casas. Pero algo que los sorprendió fue una situación que se dio en la frontera entre Grecia y Turquía, países que se encuentran en disputa desde la caída del imperio romano.

“Estábamos pasando de Grecia a Turquia y un camionero aceptó cruzarnos y nos invitó a comer y dormir a su casa. En principio era por una sola noche pero nos terminamos quedando tres. La verdad en Turquía todos nos decían que era peligroso y fue uno de los lugares donde tuvimos más hospitalidad”.

Para José ese contacto con la gente es lo más valioso de esta experiencia. “Cambió nuestra manera de ver el mundo. Viajar te abre la cabeza, ves el mundo de otra forma y estamos en continuo cambio, creo que estamos evolucionando y disfrutando mucho más las cosas. El viaje va por ese lado, es un crecimiento personal, no entendés el racismo, la xenofobia. Nos damos cuenta que somos todos similares, y muy parecidos con alguien de Inglaterra, Alemania, Turquía”, explica.

A dos años de su partida, la pareja planea seguir viajando y por el momento no piensa en regresar al país. Las nuevas tecnologías permiten mantener el contacto con la familia, seguir de cerca todo lo que pasa en Comodoro y continuar con este sueño, el cual José quiere culminar con un libro, por tal como dice “hay muchas cosas para contar”, de un mundo donde todo parece distinto pero a la vez es muy parecido.