En el pasaje Los Andes entre Don Bosco y Alberdi, pegado a un boliche muy conocido, hay un pequeño salón donde hacen fiestas de lunes a lunes con música a todo volúmen, autos que estacionan donde quieren y jóvenes alcoholizados que gritan hasta la madrugada.

Los vecinos del pasaje conviven con estos ruidos molestos, peleas de borrachines y destrozos al menos desde hace cuatro años. Una vez los vecinos se quejaron furiosos y les respondieron con un piedrazo que rompió el vidrio del cuarto donde estaba durmiendo un menor, que de casualidad no terminó en una tragedia.

Los vecinos presentaron denuncias por la vía contravencional, fueron al Juzgado de Paz, llegaron a la vía penal y hasta le dirigieron una nota al intendente Adrián Maderna, pero las fiestas siguieron y "todo pasa", dijeron furiosos a ADNSUR. 

En el barrio Alberdi, en esa zona del pasaje, viven familias, ancianos e incluso jóvenes que vienen del interior a estudiar y ninguno de ellos puede dormir a la noche. Los problemas no suceden solo el fin de semana. Puede ser un miércoles, un jueves o un viernes. "El show debe seguir", como diría Freddy Mercury, quizá el único músico con registro de tenor que no ha sonado en los parlantes de ese salón.

Los estudiantes de la residencia estudiantil se quejan de que no pueden dormir con semejante ruido en el callejón.
Los estudiantes de la residencia estudiantil se quejan de que no pueden dormir con semejante ruido en el callejón.

El salón multiuoso funciona a la vez como un centro de reuniones de militantes del peronismo local, salón de cumpleaños de 15 y boliche de festejos del último primer día de clase en los colegios secundarios. Hace poco, ante las reiteradas quejas y para bajar la espuma, incorporaron un culto religioso.

En cualquiera estos casos, ya desde la tardecita, se pueden ver automóviles bloqueando el pasaje que no dejan salir a los vecinos; se escucha el ruido de la música que hace vibrar las ventanas de las casas; y ha irrumpido más de un grito desesperado de vecinas mayores de edad afectadas por semejante bullicio.

El 14 de diciembre pasado, los responsables de la Residencia Estudiantil, en la calle Don Bosco, elevaron una nota a las autoridades del Ministerio de Familia haciéndoles saber que los estudiantes no pueden dormir y la música vibra en las ventanas de las oficinas.

EL SHOW DEBE SEGUIR

Los antecedentes de conflictos se remontan al 2016, pero explotaron a partir del 2018, y hasta ahora no tienen solución. ADNSUR tuvo acceso a seis presentaciones realizadas por los vecinos del Pasaje Los Andes en diversos ámbitos y algunos videos en los que denuncian que no se puede vivir en semejantes condiciones.

“Pedimos que tenga consideración a la hora del alquilar el salón, ya que en la madrugada no podemos descansar por los gritos, ruidos de redoblantes, música alta, personas en estado de ebriedad en su mayoría menores de edad”, dice una de las presentaciones.

El escrito dirigido al Ministerio de Familia explicando que los estudiantes de la residencia no pueden dormir por los ruidos.
El escrito dirigido al Ministerio de Familia explicando que los estudiantes de la residencia no pueden dormir por los ruidos.

En otro hecho similar, años después, los vecinos expusieron en otra denuncia una caravana de salidas que duró toda la semana. 

“En la última semana, hubo fiestas desde el domingo a las 22 hasta las 6.30 horas de estudiantes de un colegio secundario; el martes desde las 20 hasta las 2.30 horas, un evento particular; y el miércoles una estudiantina con menores alcoholizados hasta las 6.30 horas”, enumeraron.

Los vecinos han presentado las quejas formales ante el ex ministro de Seguridad, Federico Massoni; el titular de Inspecciones de la Municipalidad, Héctor López; y hasta el propio intendente Adrián Maderna.

A pesar de los reiterados reclamos, la semana pasada los ruidos molestos siguieron y no parecen tener solución hasta ahora. Según los vecinos, las mismas personas que estaban en el lugar les dijeron que "contaban con el permiso de la Municipalidad".

Los vecinos, hartos de todo, ahora dicen que están cansados de llamar al 101, al personal municipal y a la comisaría, porque siempre todo queda en la nada.

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