CAPITAL FEDERAL (ADNSUR) - La última elección registró el menor porcentaje de votos en blanco desde los primeros comicios posteriores a la crisis de 2001, realizados en 2003. Según el escrutinio provisional, solo el 1,5% (399.751 votantes) optó el domingo pasado por dejar el sobre vacío, lo que ratificó la tendencia descendente de las últimas elecciones presidenciales.

En 2003, cuando Néstor Kirchner fue designado presidente, el voto en blanco había sido del 0,99% (196.563 personas), pero en las elecciones posteriores ese porcentaje escaló considerablemente. En 2007, cuando Cristina Kirchner ganó su primer mandato, se registró el número más alto de los últimos años: 6,44% (1.331.011 votantes). Cuatro años después, la cantidad de votos en blanco comenzó a descender porcentual y nominalmente. En 2011, cuando Cristina Kirchner ganó la reelección, hubo un 3,5% de sobres vacíos (803.362), mientras que en 2015, el número cayó a 2,36% (596.028 personas).

El dato resulta llamativo en el contexto sociopolítico actual, cuando en el mundo existe una apatía creciente de grandes porciones de la sociedad frente a la política, al tiempo que los partidos pierden cada vez más peso. La Argentina parecería ir en sentido contrario. ¿Producto de la polarización o hay más demandas canalizadas en los candidatos actuales?. 

Según analistas políticos, el menor número de votos en blanco encuentra su justificación en la creciente polarización, que al considerarse un conflicto dominante en la esfera pública obliga a los ciudadanos a decidirse por uno de los dos bandos en pugna.

"El conflicto entre kirchnerismo y antikirchnerismo lleva a la gente a posicionarse políticamente. Eso representa una cosmovisión de cómo se ve la realidad política. Es la matriz a través de la cual se interpretan los procesos políticos", sostuvo el politólogo Lucas Romero, en diálogo con La Nación. 

Según señaló el director de la consultora Synopsis, el fenómeno pudo haber provocado un refuerzo del "voto útil" o "voto estratégico", entendido como el sufragio que no necesariamente responde a la motivación genuina del votante, sino a la necesidad de lograr que un espacio determinado pierda. En casos como el argentino, sostiene, ese voto termina superando a la expresión de los electores disconformes con la clase política en general, comúnmente canalizado a través de los sobres vacíos.

"En el fondo, la polarización es la agudización del enfrentamiento entre dos sectores, motorizado más por el enojo al otro que por el amor a lo propio. Esto puede ser un factor que desincentive el voto en blanco", explica Romero. Y amplía: "Si creo que el candidato F es el mejor candidato para mi país, pero termino votando al B para que no gane el A, mi voto al B está motorizado por el deseo de evitar algo. El deseo de evitar algo que no se desea, en algún punto es un justificativo para un voto afirmativo y no para un voto en blanco".

En ese sentido, en la estrategia electoral del votante el voto afirmativo cumple otra función: evitar que crezca el voto en blanco que, al computarse los resultados de las elecciones generales, termina favoreciendo al que va primero.

Por su parte, Juan Negri, profesor de ciencia política en la Universidad Nacional de San Martín y la Universidad Di Tella, centra su análisis en dos factores: la percepción de la importancia de lo que está en juego en una elección y la consideración individual del peso que puede tener un voto para lograr un objetivo.

"En un país como la Argentina, que tiene voto obligatorio, podía ocurrir que la persona se vea obligada a votar. En esta elección, en parte por la alta polarización, los votantes sintieron que lo que estaba en juego era importante y eso tiende a disminuir el voto" en blanco, explicó. Y agregó: "Además, si creés que tu voto cuenta no vas a votar en blanco, pero si creés que está todo definido ese voto aumenta. Había motivos para pensar que estaba todo definido [tras las PASO], pero hay una habilidad muy clara del macrismo para transmitir que no todo estaba perdido. Eso llevó a que en ambos campos percibieran que todos los votos eran importantes".

Con mayor o menor presencia en las urnas, hubo voto en blanco en casi todo el país. Solo en un municipio de La Pampa, Lihuel Calel, no hubo un solo voto en blanco. No ocurrió lo mismo en Arauco, La Rioja, el municipio donde más gente optó por dejar el sobre vacío (27,66%).

La Rioja fue la provincia que más voto en blanco registró (19,35%), mientras que en el otro extremo estuvieron Santa Fe y La Pampa, como las provincias que registraron menos porcentaje de voto en blanco, con el 0,64% cada una.