BUENOS AIRES - Los infectados de cada día, la descentralización de los diagnósticos y el enigma de si el país estará a la altura cuando la curva de contagios de coronavirus se ponga áspera, son temas centrales. Pero el sistema de salud está teniendo que dominar otro frente nada sencillo: modernizarse y darle luz verde al uso de las recetas electrónicas, una necesidad que se acentuó con el aislamiento preventivo obligatorio​ y que viene siendo motivo de reclamo de pacientes, médicos y farmacéuticos de todo el país.

Las preguntas son elementales: hoy, si consiguiera contactarme con mi médico sin ir a verlo, ¿me haría la receta que necesito y me la mandaría por whatsapp o e-mail? Y, luego, ¿el farmacéutico de mi barrio aceptaría ver la prescripción médica desde mi teléfono y me dispensaría la medicación que necesito?

La respuesta no es muy satisfactoria, explicó Marcelo Peretta, secretario general del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (Safyb): “Hace diez años que los farmacéuticos pedimos esto y, de hecho, hay una resolución de la Superintendencia de Servicios de Salud que indica que en casos de cronicidad debería ser así, pero no se cumple del todo”.

Peretta estableció una distinción conceptual importante: una cosa es la receta electrónica, y otra, la receta digital, una especie de "camino intermedio", explicó: “La receta electrónica no existe en la Argentina. Para que exista habría que tener un registro de firma digital de todos los médicos del país. Cada firma estaría encriptada en un pen drive y la receta solo sería legítima con esa firma, como si fuera un código personal, digamos. Lo que hoy empieza a usarse, pero solo en un 20%, son las recetas digitales”.

Algunas de las grandes prepagas habilitaron en estos días de aislamiento preventivo la modalidad de la consulta online (telemedicina) y el envío del médico al paciente, por e-mail o WhatsApp, de una fotografía de la receta, firmada de puño y letra. En otros casos, la receta se genera ingresando los datos pertinentes del paciente a través de una app desarrollada por la prepaga.

Peretta explicó que todas esas son soluciones “intermedias”, algunas de las cuales no cuadran con el concepto de “receta digital”: “Porque en esa modalidad el médico debe cargar los datos del paciente y los medicamentos correspondientes, y esos datos quedan a disposición del farmacéutico. Hoy, PAMI y algunas obras sociales más usan esta modalidad. Sin embargo, como todo el sistema es endeble, se sigue precisando del papel impreso para que quede una constancia en la farmacia”.

En otras palabras, en este momento, conviven, además del tradicional, dos sistemas: el de las obras sociales y prepagas que demandan que el paciente entregue la receta impresa a la farmacia (aunque haya sido generada de modo digital, el caso de PAMI) y aquellas que se contentan con "la foto" de la prescripción. Entre las primeras, algunas exigen que el papel tenga la firma y sello del médico, lo cual hace que todo sea bastante similar al formato tradicional de la receta hecha a mano, que en definitiva sigue copando la mayoría de los casos.

“Desde hace tiempo, la app de Swiss Medical permite solicitar recetas con un sistema de código de barras y, ahora, en la emergencia del COVID-19, se está poniendo en marcha la opción de que el médico envíe una foto de la receta al paciente, y este la presente en cualquier farmacia que tenga convenio sin necesidad de imprimir nada”, explicaron desde esa compañía.

Otras empresas de salud, entre ellas Omint, Sancor Salud, Medifé, Medicus y Galeno, también están yendo en esa dirección. De esta última explicaron a Clarín que “a través de una app, el socio accede al servicio de video consulta médica ‘Llamando al doctor’ y allí puede realizar su consulta o solicitar su receta digital y presentarla desde su celular en cualquiera de las farmacias de la red Galeno de todo el país (unas 8.000)”.

Agregaron que el resultado viene siendo positivo: “Las consultas médicas [virtuales] y por solicitud de recetas se incrementaron diez veces respecto de la situación previa a la pandemia de coronavirus”.

En Swiss Medical, que tiene convenio con 10.000 farmacias en todo el país, también observaron un cambio de hábito abrupto en estos días: “Con las teleconsultas, estamos atendiendo casi un 300% más de consultas en clínica médica y en pediatría, en particular durante los últimos cinco días. En paralelo, sabemos que disminuyó el flujo de pacientes en los centros de salud, es decir, las consultas presenciales, en más de un 66%”, explicaron.

Otra importante prepaga, OSDE, informó: “La continuidad de los tratamientos crónicos también están asegurados mediante recetas digitales. Aquellos casos de mayor necesidad se canalizarán en el área de Urgencias por nuestras vías de comunicación habituales”.

El de la cronicidad no es un tema menor. Precisamente, los que más necesitan la receta “virtual” son los pacientes con enfermedades crónicas. Según cifras de la Federación Argentina de Cámaras de Farmacias (Facaf), los medicamentos para esos pacientes representan un 40% del total que se comercializa en el país.

Miguel Lombardo, al frente de esa federación, explicó a Clarín que “hay cuestiones tecnológicas complejas” en relación al uso de las recetas electrónicas y digitales, y aseguró que es un modelo que están impulsando. “Hay algunos como el PAMI que hicieron punta en esto, aunque no todos los médicos lo aplican. Y algunas obras sociales provinciales también lo hacen, pero estamos en pleno relevamiento… son cientos de obras sociales en el país”, indicó.

Generalizar el uso de las recetas digitales sería esencial, agregó Lombardo, ya que “cerca del 50% de los pacientes crónicos, en algún momento, abandona el tratamiento. Esto facilitaría toda su logística”.

Pero las fuentes consultadas coincidieron en que facilitar o no las prescripciones por la vía digital depende discrecionalmente de cada empresa de salud. Para Peretta, sin embargo, “en el fondo, es una decisión política”: “Si el Ministerio de Salud de la Nación no lo impone y no lo controla, la posición termina siendo ‘¿y para qué lo voy a implementar’”.

Además, apuntó, “estas son herramientas que permiten tener un control mayor de todo el sistema de salud y que impiden que se corrompa el sistema, como es el caso de la sobreprescripción, algo que le conviene a unos pocos. Si todo se digitaliza, se ordena. Pero el orden no le conviene a todos por igual”.