PUERTO MADRYN - Hay paredes que hablan y hay otras que son testigos silenciosas, hay paredes pintadas de todos los colores y las hay impolutamente blancas; y en Puerto Madryn hay paredes fundamentales que comenzaron a comunicar la identidad de la ciudad. Según indica el CONICET, el proyecto “Ciencia al viento, Paseo de Murales” es una propuesta de turismo científico que busca articular el conocimiento generado y validado por investigadores de distintas disciplinas y saberes propios de diversos actores sociales y ponerlos a disposición de la sociedad.

“El mural combina ciencia y arte de una manera casi perfecta, convirtiéndose en un vehículo de divulgación científica para hacer visible distintos aspectos de la identidad de la ciudad, de la fauna que la circunda y de la historia de distintos colectivos sociales que han dejado huella”, indica Diego González Zevallos, investigador adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas (IPCSH-CONICET).

Desde que se inició este vínculo entre la ciencia y el arte a instancias de una de las líneas de trabajo del investigador independiente del Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas (IPCSH-CONICET) se han pintado dos murales y otros se encuentran en proceso de realización. “De las patas a las aletas” se encuentra en el predio del CCT CENPAT-CONICET y cuenta la evolución de los cetáceos en Patagonia a través del tiempo y “Vida Portuaria” que retrata el trabajo portuario y está instalado en el Muelle Storni, ya pueden apreciarse. El próximo 19 de junio inaugura “El regreso”, que homenajea a los soldados de Malvinas que trasladados por diferentes embarcaciones llegaron a la ciudad de Puerto Madryn en 1982.

Este proyecto de turismo científico invita al público a iniciar un intercambio de experiencias, porque de ellas se nutre. Los saberes de diferentes colectivos sociales, o sus pasiones, o sus dolores, o sus modos de vida comienzan a dialogar con quienes observan los murales.

Para el técnico principal del CONICET, Juan Carlos Berón, pararse frente a el mural El regreso, será una experiencia movilizadora, un viaje hacia su pasado. “El 19 de junio de 1982, desembarcaron 4100 soldados argentinos del Buque británico Canberra. Yo presencié desde el mar, esa llegada. Estaba tomando muestras para el CONICET y pude ver como una multitud de personas emocionadas se abalanzaban en el puerto para recibir a los soldados.  Al otro día, cuando bajé del barco fui a la casa de mi madre. A la vuelta había un almacén. Ella me contó que el día anterior había ido a comprar pan, mayonesa y mermelada. Al regresar, a la entrada de su hogar, había cinco soldados recién llegados pidiéndole algo de comer. Solo uno de ellos tenía rango. Era cabo. Mi madre, los hizo pasar. Les dio pan con mermelada, pero como seguían hambrientos, también les preparó pan con mayonesa. El cabo, el único con ginetas, no comió nada y no paraba de llorar. Lloraba, lloraba y lloraba. Le pedía disculpas a mi madre por no haber ganado la guerra”, rememora.

“Ciencia al Viento, Paseo de murales” apuesta a generar un recorrido que pueda ensamblarse al turismo que habitualmente se realiza en Puerto Madryn. A la posibilidad de reposar en la playa, nadar en el mar, avistar ballenas imponentes o visitar colonias de pingüinos, se le suma la opción de realizar un turismo de conocimiento, de saberes que son propios de una comunidad y conforman su identidad. Para llevarlo adelante, el equipo de trabajo que conduce González Zevallos, está integrado de manera transdisciplinaria por artistas, investigadores, comunicadores, diseñadores, becarios de distintas carreras, técnicos especializados en el montaje y mantenimiento de piezas de arte y documentalistas.

“En este proyecto, la ciencia se valora más como generador de procesos que de resultados. En el recorrer, en el transitar de `Ciencia al Viento`, existe un proceso de transformación de las personas. De quienes forman parte del equipo, pero se tiene la expectativa también que esa transformación sea social, que pueda compartirse con todos los que inicien el paseo de murales”, enuncia Ramiro Torres, uno de los documentalistas de “Ciencia al Viento”.

Desarrollar una línea de investigación de estas características genera una dinámica de trabajo original que implica una alianza entre el sector científico y los más diversos actores. “En este sentido la ciencia y el arte se encuentran en movimiento, buscando un entendimiento, fusionando razón con intuición, percibiendo orden en el caos, encontrando certezas en las incertidumbres. Podríamos suponer que lo invisible es lo que está pero no es visto, lo que, permaneciendo, no es reconocido; pues entonces desde una pintura o un mural a la situación ambiental global y sus repercusiones sociales; el arte y la ciencia a veces ´hacen visible lo invisible´. Se trata de una nueva mirada sobre nosotros, sobre el mundo, sobre nuestra relación actual con la naturaleza; una mirada que integra y no divide; que muestra sin necesidad de demostrar; que moviliza la imaginación y los sentimientos al mismo tiempo que la mente”, concluye, González Zevallos.

El mural De las patas a las aletas fue pintado por los artistas Jorge Vázquez y Claudio Segundo y se inauguró en marzo del 2018. A partir de un intercambio fluido de información con los científicos del CCT CONICET-CENPAT, los pintores pudieron contar de manera rigurosa, un proceso evolutivo complejo que se inició hace 50 millones de años y que culminó en la morfología de la Ballena Franca Austral que cada año visita las costas de la ciudad. (Link al video).

El mural Vida Portuaria inaugurado el 24 de abril de 2019 y que los artistas Martin Cofré, Tomás Gimbernat y Jorge Vázquez supieron plasmar en una pared de 61 metros de largo y 5 alto, muestra la labor diaria de los trabajadores portuarios del muelle Almirante Storni, su forma de vida, las luchas sociales y reivindicaciones sindicales y la importancia operativa del Puerto para toda la ciudad. (Link al video).

El mural El regreso pintado por Jorge Vázquez, Martín Cofré, Tomás Gimbernat y Claudio Segundo retrata la vuelta de la Guerra de Malvinas y la llegada a la ciudad de distintos buques que trasladaron a los soldados; el recibimiento de la comunidad, los abrazos y las lágrimas. Resultó de vital importancia la información y el contacto continuo con el Centro de Veteranos de Guerra de Puerto Madryn, con historiadores e investigadores y el relato y la memoria de testigos de este regreso para poder compartir de manera rigurosa con la sociedad un relato que es parte de la historia de la Argentina.