COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Mauro Antisoli impulsa desde su panadería acciones solidarias que van más allá incluso del problema que hoy le toca atravesar en su actividad, como la mayoría de los rubros comerciales, ya que ofrece pan a quienes no pueden pagarlo en el barrio Palazzo. Pero además realiza todos los sábados una olla popular, junto a integrantes de la vecinal, para ayudar a familias que “hoy quedaron sin trabajo y perdieron hasta las changas, en su mayoría chicos del barrio a los que tratamos de dar una mano”.

Una vez por semana, Mauro prepara comida para alrededor de 150 personas. Y dice que no olvida que también recibió ayuda en su infancia.

“Una vez por semana hacemos esta olla en Palazzo, para vecinos que no lo están pasando bien y que no tienen para comer. Tengo un grupo de chicos que son desocupados, han perdido el trabajo en la pandemia. Algunos tenían trabajos fijos y otros vivían de changas, pero hoy se les cortó todo, prácticamente. Albañiles, durleros, chicos que ponen cerámica… entre todos vemos cómo sacar adelante esto”, relató, en diálogo con Actualidad 2.0.

Destacó también el apoyo de la asociación vecinal del barrio Palazzo, ya que “tanto la presidente como la vice colaboran con lo que está a su alcance; tampoco tiene mucho la vecinal. Y después algunos comerciantes que donan alimentos, como bolas de cebollas o papas, cada vez más gente viene a retirar una porción de comida. Empezamos con 80 personas por sábado, después estábamos en 120 pero ahora ya vienen entre 150 ó 160 personas. Este sábado lo vamos a hacer en Ciudadela nuevo y el próximo será en km 8”.

“Son chicos del barrio que uno conoce de toda la vida, charlamos con ellos constantemente y decidimos juntarnos para ver qué se podía hacer. Nos ayudamos entre todos, unos a otros y bueno, vamos viendo cómo paliar la situación”, describió.

Con poca ayuda oficial

 El panadero lamentó que la ayuda oficial “es  muy poca, casi nada, de vez en cuando nos ayudan algún que otro político, a veces un concejal y a veces ex funcionarios o vecinos que están bien económicamente, pasan por la panadería y me dejan una bolsa de papas o cebollas. También la concejal Guerreiro nos colabora cuando vamos a pedirle, pero tampoco podemos pedirle todos los fines de semana a los mismos. Otros te cierran la puerta y otros te dicen ‘sí, qué necesitás’, te hacen todo el entre y nunca te colaboran. Hay muchos que se han comprometido y nunca nos trajeron nada”.

Mauro habla sin rencor y prefiere no nombrar a quienes quedaron en el intento. Desde su visión, importa más sumar a quienes quieran dar una mano para seguir con la tarea. “La gente puede acercarnos colaboración a la panadería o contactarnos en la página de la vecinal, o en mi facebook. Todo es bienvenido, porque lo que no se usa este sábado, se guarda para el próximo”.

Una cadena solidaria

Consultado sobre la motivación para encontrar fuerzas y seguir ayudando a quienes más lo necesitan, pese a sus propios problemas en el comercio y la caída de ventas, respondió:
“Todos me conocen, somos nacidos y criados en el barrio, mi familia es muy humilde y la de mi esposa también. Salimos a flote laburando en el petróleo, me acomodé económicamente pero hoy no queremos dejar de dar una mano al que más lo necesite, como a nosotros  cuando éramos chicos: las zapatillas de la colonia, la remerita, el bolsón de alimentos… no me da vergüenza decirlo, mis viejos lo recibieron cuando yo era chico y eso nos ayudó mucho, yo no me olvido”.

Hoy trata de hacer lo mismo, ya sea desde la vecinal, o desde su panadería, donde creó “el pan solidario, hay familias y varios vecinos que les entregamos el pan o las facturas del día anterior, o bizcochos y si no hay del día anterior, se les da fresco, no vamos a dejar de hacerlo. Sabemos que es el momento que tenemos para dar una mano a la gente del barrio, como nos han dado ellos y hay mucha gente que nos respalda. Porque la gente del barrio nos ayuda comprándonos, gracias al vecino que nos compra nosotros también podemos ayudar. Es todo una cadena”.