COMODORO RIVADAIVA (ADNSUR) – Ya pasaron 25 años de aquel 8 de noviembre en el que María Eugenia Manchado se despidió por teléfono de su papá. Fue apenas minutos antes de que despegara el avión que lo llevaría junto a su esposa y dos hijos hasta la escuela de Aviación de Córdoba. Allí serían recibidos por un grupo de oficiales y comenzaría un fin de semana de celebraciones por los 25 años de egresados.

Pero el avión, un Fokker F -27  TC -72 se enfrentó a una tormenta que no logró sortear y el vuelo nunca llegó a destino.

El caso de la familia Manchado fue uno de los más resonantes y recordados en aquel momento porque fallecieron 4 de sus 5 integrantes. María Eugenia tenía 20 años y era la hija mayor del matrimonio. Ese día ella los esperaba en Córdoba para compartir la fiesta de celebración. “En el avión viajaba mi papá que era militar, que en ese momento era suboficial y tenía 41 años, y mi mamá, que tenía 38 y era enfermera. Además estaban mi hermana Julieta que estaba en 5to año y mi hermano Juan Pablo, que estaba en 7° grado”.

Poco antes de iniciar el itinerario, se produjo el último contacto: “el vuelo salió a las 3 de la tarde. Mi papá me llamó desde el aeropuerto para avisarme que se estaban subiendo al avión y el vuelo se calculaba que a las 20:30 tenía que estar llegando. Yo vivía lejísimo de donde estaba la escuela de Suboficiales. Me fui sola y solo con 10 pesos en el bolsillo”, recuerda María Eugenia Manchado, en la primera entrevista a un medio de comunicación desde que se produjo el accidente.

EL AVIÓN DESAPARECIDO

Según los registros, a las 20.30 los aeropuertos de Mendoza y Córdoba perdieron contacto con el avión y declararon la emergencia. En simultáneo, vecinos de la zona de traslasierra reportaban que un avión que volaba a baja altura en medio de una tormenta se había estrellado contra una montaña.

“Corría la versión de que habían escuchado en una zona en donde no suele haber vuelos a un algo volar muy bajo. Lo siguiente que escucharon fue una explosión y un incendio. Pero no podían determinar si era el avión o no.  Sí estaba claro que lo habían perdido del radar. No lo encontraban ni en el de Córdoba, ni en el de Mendoza. Y ya lo estaban tirando por la radio”, recuerda María Eugenia.

Los lugareños vieron primero como una bola de fuego antes de estrellarse. El avión perdió altura debido a la tormenta. En las quebradas siempre hay succiones de aire. Los denominados pozos de aire donde el avión perdió altura y chocó contra la montaña de frente”, asegura Manchado.

 

Otro testimonio es el de Ramón Aguirre, militar y hermano de Hugo, auxiliar de carga y otra de las víctimas fatales del vuelo. La aeronave “estaba completa de combustible. Recién salía de San Luis. Pese a la lluvia, el fuego demoró en extinguirse ”.

“Para mí nunca hubo esperanza de que hubiera sobrevivientes –agrega María Eugenia-  esperanza de vida no la tuve nunca porque estaban viajando en una maquina a 400 km por hora completo de combustible; me crie con aviones”.

Más de 150 socorristas trabajaron en el accidente y demoraron más de 8 horas para llegar al lugar. Los restos del avión fueron encontrados a 2.400 metros de altura. “Llovía mucho y prácticamente estuvo lloviendo un día y medio. El rescate fue lento debido a que todos los bomberos voluntarios subían por la montaña del lado más empinado. Hasta que rescataron todos los restos pasaron prácticamente tres días más o menos. De los 52 fallecidos reconocieron 12 cuerpos nada más en la morgue judicial en Córdoba”, recuerda Aguirre.

EL ADIÓS A LAS VÍCTIMAS

Las causas que originaron el accidente fueron materia de estudio: la meteorología, un error humano o tal vez un desperfecto técnico en la aeronave fueron algunas de las variables analizadas. Aguirre asegura que “la causa de accidente se cerró como error humano. El avión no tendría que haber salido desde San Luis porque se veía el frente de tormenta muy feo. Le recomendaban que esperara que pase la tormenta para que salga el vuelo, por la insistencia de los viajeros solicitaron permiso a la torre y lo autorizaron a despegar”.

Comodoro, Córdoba y Río Gallegos - de donde eran algunos de los pasajeros- despidieron a los restos de las 52 víctimas. La provincia de Chubut decretó 3 días de duelo y se ofició una misa a la que asistieron más de 200 personas. Sin duda, una tragedia que quedará en la memoria de los comodorenses.

“A la semana me entregaron el cuerpo de mi mamá. El resto se hizo lo que se dice un cremado sanitario, vos podías pedir una urna por cada persona que había fallecido. Se hizo una capilla ardiente, como un velorio masivo. Ese fue el primer momento donde claudiqué. Cuando vi bajar al albacea acompañando un féretro, obviamente que me di cuenta que era el de mi mama. Yo nunca supe que me dieron de mi mama, nunca vi cadáver. Y ahí me desmayé”, relata María Eugenia.

 Cada año el lugar del accidente es visitado por familiares y amistades, oficia como un sitio para reencontrarse con los seres queridos y sentirlos más cerca. Allí se emplazó una gruta con una cruz de 4 metros con la virgen de Loreto, como guía y señalamiento para  los visitantes. Se amarró el fuselaje- parte trasera del avión- que es lo que pudo ser rescatado. “Cada año la parte climática lava la montaña y aparecen restos, entonces cavamos una fosa y volvemos a sepultarlo”, dice Aguirre.  

LAS VÍCTIMAS

Capitán Luis Ibarra; primer teniente Daniel Zarza; suboficial auxiliar Carlos Bohe; suboficial ayudante José Savorani y cabo principal Hugo Aguirre, quienes integraban la tripulación.

Como pasajeros iban el suboficial principal Juan Develli (44), su esposa Liliana Rodríguez (42) y sus hijos José (21), María (19) y Fabricio (12).

El suboficial principal Arturo Vergara (45), su esposa Emilia Neil (38), y sus hijos Arturo (16), Claudio (14) y Gustavo (7).

El suboficial principal Benito Olmedo (40), su esposa Silvia Muñoz (38), y sus hijos Daniel (16), Laura (14) y María (11).

El suboficial Luis Moyano (42), su esposa María Puchetta (40), y sus hijos Natalia (13), Diego (10) y Evelin (4).

El suboficial principal Julio Suárez (44), su esposa Silvia Correa (45), y sus hijas María (10) y Adriana (9).

El suboficial Juan Manchado, (44), su esposa Luciana Palma (42), y sus hijas Julieta (17), Juan (12.

El cabo principal Adrián Rojo (28), su esposa Lilian Díaz (28), y sus pequeños Ludmila (4) y Alexis (bebé).

El suboficial Principal Carlos García (44), y sus hijas Silvina (19), Julieta (15).

Marta Usqueda (42), esposa del suboficial ayudante Carlos Díaz, quien no viajó, y sus hijos Carlos (6) y Paula (3).

El mayor Rubén Cuny (39) y su hija Mariana Cuny (4).

Liliana Mansilla (36), esposa de Bohe, y la hija de la pareja de 3 años.

El cabo Alejandro Taborda (20)

El teniente Marcos Martínez (26)

Adriana Méndez (24) y esposa del teniente Chialvo, quien no viajó.

El cabo principal Rubén Romero (25) Y el suboficial ayudante Benjamín Trigo (31).