COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) – El capítulo de los graves incidentes registrados esta madrugada en la intersección de rutas 3 y 26  podría recordarse bajo el título “Crónica de una violencia anunciada”.

Mensajes anticipatorios en grupos de WhatsApp, declaraciones subidas de tono de la dirigencia y el hartazgo de los estatales por el pago escalonado no alcanzaron para tapar el principal gran agujero que tiene este conflicto: la ausencia del Estado y de referentes de fuste que logren leer la realidad y asuman las consecuencias de sus propios discursos.

En 3 y 26, esta madrugada se apagaron las luces de la institucionalidad dejando a cada reclamo -sin duda justo desde toda perspectiva- a la deriva de los trabajadores que piden los básico: poder cumplir con su normal jornada laboral y cobrar.

Cuando no hay instituciones, la medida del que más grita y empuja le gana al bien común. Pese a una sucesión de reiterados alertas, esta madugrada se cruzó una “patota” -según aseguró la Mesa de Unidad Sindical sobre las 10 de hoy- y los docentes que mantuvieron las principales rutas de acceso a yacimiento cortadas.

No hubo policías. Ni fiscales. Ni jueces. Ni dirigentes  decididos a tender puentes entre sus propios trabajadores.

¿Quiénes fueron los hombres “vestidos de petroleros” que oficiaron de fuerza de choque para habilitar el camino a los yacimientos?¿Hubo dirigentes gremiales detrás del operativo de despeje? ¿Por qué no hubo policías en la rotonda? Difícil saberlo: ningún juez lo está investigado.

Para uno de los intereses en puja, se logró el resultado esperado. Caminos liberados para que cientos de operarios puedan retomar la producción petrolera, en medio de una escalada de violencia que en las últimas semanas puso en escena a los que justamente tienen todo en común: los propios trabajadores.

Puede que la situación de Chubut sea mucho más grave de lo que logramos percibirla. Si no, estaríamos participando de las marchas de petroleros y docentes, y habría una masiva concurrencia en la que sería central: una movilización para recuperar a las instituciones que nos garantizan vivir y criar a nuestros hijos en un estado de derecho.

Es prioritario recuperar el respeto y el diálogo. Si no habrá más incidentes de iguales entrampados en discursos de no retorno, reclamando el justo pago de sus haberes en tiempo y la necesidad de llegar al trabajo.

Sería de iniciar el camino de la concertación. De los puentes. Del diálogo. De pedirle a la dirigencia política que asuma el rol para el fue elegida y garantice los servicios básicos del Estado para no volver a permitir un Comodoro “tierra de nadie”.