El laberinto se encuentra en el valle del río Epuyén a sólo 3 kilómetros de la ruta 40.

COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) – En la Cordillera de Chubut se encuentra el laberinto más grande de Sudamérica. El mismo fue inaugurado hace cinco años, pero llevó más de dos décadas para que este listo.

El Laberinto está ubicado en El Hoyo y fue inaugurado a principios de 2014. El lugar es visitado por cientos de personas cada temporada.

Diario Perfil en su edición del viernes contó la particular historia que tiene este lugar donde se mezcla el amor, un proyecto en común y una aventura lúdica acompañada por un paisaje soñado.

Doris Romera y Claudio Levi, sus propietarios, se conocieron en 1992 y en su segunda cita gestaron la idea de tener un laberinto propio. “Fue una idea de él, que ese día me dijo que su sueño era hacer un laberinto. En ese momento me acordé de la historia de mitología griega de Ariadna y Teseo. De ahí en más, nuestra historia de amor prosperó y nos fuimos a trabajar a Buenos Aires unos meses y cuando volvimos nos enteramos de un lugar donde iban a rematar los cipreses y los compramos”, contó Doris.

Así comenzó el sueño de tener un laberinto. La pareja cuenta que pasó noches sin dormir pensando en el diseño, y a qué distancia plantar los arboles por la proyección de la luz hasta abajo. Claro, eran épocas en que no había internet y todo se buscaba en forma manual. Así, utilizaron un libro titulado el poder mágico de los laberintos y después vieron la película El Resplandor y calcaron desde el televisor de tubo un dibujo de un laberinto.

“El laberinto tiene 76 metros de ancho por 112 de largo y no está en un lugar plano, ese espacio lo tuvimos que limpiar era un monte impenetrable donde hubo un incendio. Fuimos comprando de a poco los terrenos, en esa época había tierra fiscal donde el municipio sacaba a la venta lotes. Ahora sería inaccesible hacerlo. Fue todo pasito a pasito y es una maravilla para nosotros cuando lo vemos. Ahora vivimos en una chacra y tenemos una plantación de manzana, membrillos, cerezos, de todo”, contó la mujer.

Y respecto a la filosofía del mismo, aseguró: “nos planteamos que un laberinto no tiene que ser todo el tiempo caminos y caminos, y como somos de buscar analogías entre lo espiritual y lo real; y la vida no es continuo caminos y encrucijadas sino que tiene abiertos también, hicimos eso: hay una parte bastante sencilla y ahí salís a una plaza central y tenés entradas y ahí empieza la búsqueda. Una vez que entrás, tenés muchas posibilidades. Hace 3 años pusimos puertas reales que abrimos o cerramos, entonces la salida cambia, no es siempre el mismo el circuito de salida y eso es para que no sea siempre igual. Hay una plaza adentro; luego una pérgola y cuando salís, te encontrás con un estanque con peces de colores", detalla Doris.

VOLVER A SER NIÑO

“Un encuentro ineludible con el alma". Así define Doris el paso de las personas por el laberinto y lo explica: “una de las cosas que más escucho de los visitantes es ‘volví a ser niño’, porque corren, compiten, y lo que hacen ahí es contacto con el alma que nunca deja el estadío de la espontaneidad, de la niñez. Cuando entrás al laberinto te olvidás de todo, corres, respiras y la gente se oxigena porque está en contacto con la naturaleza, acá están en juego todos los sentidos”.

"El año pasado vino el multimillonario Joe Lewis en su helicóptero, bajó con sus 81 años, se metió al laberinto y cuando salió vino a la confitería y al lado de él había una pareja de puesteros gauchos y él los saludó y conversó con ellos. Acá no hay diferencias, son todos iguales. El laberinto convoca a todo tipo de gente, a la unidad, somos todos seres humanos en este planeta, cuando todos estamos en este mundo que tratamos de buscarle la vuelta a la vida", sentenció.

El laberinto está enclavado en el valle del río Epuyén, en la Comarca Andina del Paralelo 42, a sólo 3 kilómetros de la ruta 40. Ocupa una superficie de 8.500 metros cuadrados que abarca pasillos, caminos serpenteantes y una pérgola en el corazón. Permanece abierto desde inicios de diciembre hasta después de Semana Santa, y reabre por unos días durante las vacaciones de invierno.