Las cadenas de suministro que trastocaron la economía global durante la pandemia están causando un nuevo impacto en el crecimiento, ya que los esfuerzos por cortar el comercio con Rusia generan presión sobre una gran variedad de insumos, como el fertilizante utilizado para los cultivos, el paladio para la industria automotriz y el petróleo, indispensable para producir prácticamente todo.

El resultado: una economía mundial frente a un nuevo panorama de estanflación, donde la inflación se acelera y el crecimiento se evapora, lo que obliga a los bancos centrales a optar cuál de esos dos problemas atender, con el temor de que el problema que decidan relegar se les vaya de las manos.

La elección es mucho más difícil ahora que durante los primeros momentos de la pandemia. En ese entonces, los planificadores de políticas monetarias eligieron mantener a flote la demanda como antídoto contra la recesión. Ahora la inflación alcanza máximos inéditos en décadas y los obliga a enfocarse en el aumento desenfrenado de los precios, y sin perder un minuto.

“Si este shock en el abastecimiento de 2022 no tuviera estos antecedentes, los bancos centrales confiarían más en el impacto transitorio de la inflación”, diceAlan Ruskin, jefe de estrategia internacional de Deutsche Bank. “Pero este es un shock inflacionario que agrava una inflación persistente anterior, así que aumenta la preocupación de que las políticas tendrán que tratar el actual aumento de los precios como algo más que un fenómeno temporario, aunque el crecimiento se desacelere.”

Ya hay señales de que las líneas de abastecimiento se están deteriorando nuevamente debido al bloqueo económico generado por las sanciones, que aumenta la dependencia de la producción interna del presidente ruso Vladimir Putin e impide que las empresas rusas lleguen a los mercados e inversores internacionales.

De las 10 mayores empresas de buques portacontenedores –responsables de trasladar casi el 80% del comercio internacional–, casi todas dejaron de aceptar reservas para cargas rusas, y los puertos de Europa y Estados Unidos están prohibiendo las embarcaciones rusas. Algunas empresas optan por autosancionarse rechazando comprar materias primas rusas, a pesar de que sigue siendo legal hacerlo.

El impacto se está extendiendo mucho más allá de Rusia y Ucrania, y la segunda empresa de cargueros más grande del mundo, A.P. Moller-Maersk, con sede en Copenhague, advirtió a sus clientes que “el impacto es global, y no solo se limita al comercio con Rusia”. El viernes, Maersk suspendió las reservas de vías intercontinentales entre Asia y Europa, tanto en dirección occidental como oriental.

Para las automotrices, la dependencia de los materiales rusos es enorme. El país es el tercer mayor proveedor mundial de níquel en baterías de iones de litio y provee el 40% del paladio para convertidores catalíticos, un metal que también fue impactado por la suspensión generalizada de los vuelos. Cerca del 90% de los suministros de neón de grado semiconductor de Estados Unidos proviene de Ucrania, informó la corporación Fitch.

Siguiendo los pasos de automotrices como Ford, los fabricantes de autos más importantes de Japón adhirieron a la retirada de empresas del territorio ruso. Otras más próximas a la guerra, como la alemana BMW y Volkswagen, advirtieron que sufrirán interrupciones en la producción. Las acciones de Renault SA, la automotriz europea más abierta a Rusia, se desplomaron casi el 25% desde el comienzo de la invasión.

El titanio, por ejemplo, es vital para la industria aeroespacial, y las empresas intentan acumular reservas de ese material mientras buscan proveedores en otros países. El fabricante de motores Safran recibe casi la mitad de su titanio de la rusa VSMPO-Avisma Corp., mientras que Rolls-Royce Holdings dijo que el 20% de su titanio proviene de ese país.

El aislamiento de Rusia también generó un aumento de combustibles y alimentos. Rusia produce más del 10% del petróleo mundial, que ahora alcanzó el máximo de 110 dólares el barril, mientras que el gas natural europeo tocó un pico máximo histórico esta semana. El bushel de trigo superó los 11 dólares, su máximo en 14 años.

La semana pasada también aumentó el precio de la urea, el fertilizante de nitrógeno ampliamente utilizado, y generó encendidas protestas de agricultores de lugares tan diversos como Iowa y Brasil.

Para China, comerciar con Rusia ahora entraña nuevos riesgos, costos y potenciales obstáculos. El transporte ferroviario de China a Rusia sigue operando, dice Mark Ma, propietario de Seabay International Freight Forwarding, una empresa que maneja la venta de bienes chinos en plataformas como Amazon.com.

Sin embargo, algunas empresas logísticas decidieron dejar de enviar productos porque el viaje lleva tiempo y existe incertidumbre sobre los permisos aduaneros, la seguridad de la mercadería y el cobro de las transacciones.

En total, la creciente crisis en la cadena de abastecimiento podría costarle 1 billón de dólares a la economía mundial y agregar un 3% a la inflación global este año, según el Instituto Nacional de Investigación Económica del Reino Unido (NIESR).

“El conflicto en Ucrania agrega aún más dificultades a un sistema que ya estaba bajo presión por el Covid”, dice Jagjit Chadha, director del NIESR. “Las cadenas de suministro se verán aún más fracturadas, y las políticas monetarias y fiscales estarán bajo la lupa”.

En todo el mundo, los economistas están revisando al alza sus perspectivas de inflación y recortando las del crecimiento. Los economistas de JPMorgan Chase ahora estiman que el crecimiento será del 3,1% sobre la base del cuarto trimestre interanual, una caída del 0,8% desde el 18 de febrero. Y prevén una inflación de 4,6% en el último trimestre del año, un aumento de 0,9 puntos porcentuales.

“El interrogante clave es la respuesta global de los planificadores de políticas monetarias: ¿Priorizarán el crecimiento elevado en medio de una incertidumbre elevada o elegirán ajustar la política monetaria más rápidamente debido al shock inflacionario?”, dice Tuuli McCully, titular de economía de Scotiabank para Asia-Pacífico.

La apuesta de la mayoría es que se enfocarán en frenar la inflación antes de que se instale a largo plazo en sus economías. El jueves, la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo informó que la inflación alcanzó un promedio de 7,2% entre sus miembros en enero, la cifra más alta desde 1991.

“Los diseñadores de políticas tienen que ajustar las políticas tal como lo hicieron luego del shock petrolero de la década de 1970, es decir, aumentando las tasas”, dice Steve Barrow, director de estrategia de Standard Bank.

El miércoles, el presidente del Sistema de la Reserva Federal, Jerome Powell, propuso un aumento de un cuarto de punto porcentual de las tasas de interés este mes, y se sumó a un coro de directores de bancos centrales que elevan las tasas en todo el mundo en su intento de planchar la inflación.

Mientras Powell hablaba, el gobernador del Banco de Canadá, Tiff Macklem, ya iniciaba lo que podría ser una seguidilla de aumentos de tasas. Hungría hizo lo mismo al día siguiente.

Las autoridades del Banco de Inglaterra, que aumentaron dos veces las tasas en los últimos meses, están advirtiendo que los efectos del ataque contra Ucrania podrían desbaratar las perspectivas para la economía británica, aunque parecen rumbo a tomar medidas de nuevo este mes.

La guerra complica el panorama del Banco Central Europeo, que había reducido sigilosamente la política monetaria, pero cuya economía se encuentra muy atada a la rusa. Los funcionarios, que ya anunciaron que la reunión de la próxima semana será decisiva para el futuro de la política, ahora están más dispuestos a mantener un patrón de espera.

En Asia, el Banco de Japón sigue apuntalando la economía, mientras que el Banco Popular de China está recortando las tasas de interés.

El shock económico no atañe solamente a los bancos centrales. La guerra también obligará a los gobiernos europeos a pedir prestado más dinero para afrontar el flujo de inmigrantes y fortalecer sus fuerzas armadas.

Gary Luk, que administra una empresa de carga con base en Hong Kong, dijo que cerca del 20% de su negocio se vio afectado por la guerra porque implica organizar una carga que incluya equipamiento y dispositivos electrónicos que puedan volar o embarcarse desde China hasta Europa del Este.

La devaluación de las monedas implica una disparada de los costos para sus clientes en Rusia y Ucrania, de modo que los pagos se han retrasado. Los pagos atrasados representan una cifra de seis dígitos en dólares, y complican el flujo de dinero de su compañía, señaló Luk.

“Ahora no nos atrevemos a aceptar nuevos encargos de la región”, dice Luk. “Ya sufrimos un aumento de precios de las aerolíneas y de las empresas de transporte, y la guerra viene a sumar más leña al fuego.”

Fuente: La Nación

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