CAPITAL FEDERAL (ADNSUR) - Julieta Rossi (18) era la novia de Fernando Báez Sosa, el joven asesinado a golpes por un grupo de rugbiers a la salida de un boliche en Villa Gesell. En una entrevista con diario Infobae, la joven contó cómo era la relación que mantenía con él y todos los sueños que tenían por cumplir juntos y que, lamentablemente, le arrebataron. 

Julieta aseguró que no recuera mucho de la trágica noche del 18 de enero, cuando mataron a Fernando. "Yo estaba con él en el boliche. Estuvimos bailando entre amigos y, en un momento, me avisó que se iba a ver el concierto de Neo Pistea. ´Te amo. Después te vengo a buscar´, me dijo y se fue. Pero no volvió. Yo lo busqué por adentro y no lo encontré. Cuando salí ya le estaban haciendo RCP", contó la joven que al día siguiente iba a cumplir 11 meses de novia con Fernando y hoy, 14 de febrero, ambos celebrarían juntos su primer Día de los Enamorados. 

Julieta y Fernando se conocieron en el Colegio Marianista. No estaban en la misma división, pero tenían amigos en común. En febrero de 2018 participaron del Proyecto Servir (los alumnos de la Institución realizan tareas de albañilería en alguna entidad con fines sociales que lo requiera) y, de a poco, empezaron a entablar una relación. “Cuando fuimos de viaje de egresados a Bariloche, él me encaró por primera vez -recordó la joven- Estábamos en el boliche Cerebro en la fiesta flúo. Ahí nos dimos nuestro primer beso”. 

La propuesta formal de novios llegó en marzo del año pasado. "Como yo hago danza, le insistí para que me acompañara a una clase de Tango. Después nos fuimos a mirar una película a su casa y, en un momento, él me dijo que me quería decir algo. Yo un poco lo intuía, pero me hice la tonta. ´No me asustes Fer. ¿Qué pasó?´ -le preguntó ella-. Entonces me preguntó si quería ser la novia. Le dije que ´sí´ y los dos nos pusimos a llorar". 

Según Julieta, con Fernando disfrutaban "todo juntos": bailaban, cantaban con karaoke, jugaban a distintos juegos. "nos divertíamos con cualquier cosa. Nos pintábamos la cara, yo lo maquillaba o él me maquillaba a mí", detalla Julieta, quien además se había anotado para cursar junto con él la carrera de Derecho.  "Antes de empezar yo me cambié a Arquitectura. Después, me di cuenta de que no era lo mío. Así que, a mitad de año, arranqué el CBC de Derecho. Me tocó cursar todas las materias con Fer. Hacíamos buena dupla: yo tomaba los apuntes y él resumía los libros. Después nos pasábamos los textos. Nos fue muy bien. A mí todavía me faltan dos materias para terminar el ciclo básico". 

Ahora, la joven, en medio del dolor, duda sobre si retomará la facultad. Asegura que todos los 19 festejaban su cumplemes. "Nos juntábamos en la casa de alguno de los dos y hacíamos meriendas con chocotorta. Una vez fuimos al Parque de la Costa y nos tiramos del juego Vértigo extremo. Ahí yo le dije que era mi compañero de aventuras. Teníamos tantas cosas para hacer...", lamenta la joven entre lágrimas. 

Entre los momentos inolvidables que compartieron, destaca un viaje a Entre Ríos con su familia. "Nos quedamos hasta las 5 de la mañana jugando al ping pong o al metegol en el patio y después nos íbamos a la playa".

Durante el reportaje, Julieta pasaba de la risa a las lágrimas y viceversa. “A veces me levanto y pienso que todo es un sueño, pero después me doy cuenta de que no”, asegura y dice que sueña con lo que pasó con Fernando de diferentes maneras. 

Sobre el avance de la investigación, contó que mira la televisión y lee todo lo que se publica en redes sociales. “Nadie quiere ver el video donde lo están cagando a piñas, pero necesito saber lo que pasó. No me puedo caer ahora porque si la familia está mal, los amigos están mal, alguien tiene que hacer algo. Ya voy a tener mi momento para caerme, pero no es ahora”, sostiene entre lágrimas.

Hace una semana empezó a hacer terapia. Todos los días va al Cementerio de Chacarita. Trato de ir casi siempre porque siento que si no él está solo. Le llevo flores, comida, a veces hablo sola o me quedo mirando”, cuenta al diario. "Yo los quiero mucho. Me duele un montón verla a Graciela así -dice por la mamá-. Le escribo todos los días, pero, ¿qué me va a decir? A veces los voy a visitar: me siento en la cama de Fer y hablamos. La mamá me dice que revise sus cosas, pero yo no me animo. No me gusta. Me hace mal", confiesa la joven.

"Creo que por la repercusión que tuvo el caso, hay muchas personas que, en cierto punto, creen que conocen a Fer y a su familia. Todos te dicen que ahora tenés un ángel en el cielo cuidándote, pero yo no sé si quiero un ángel en el cielo cuidándome. No quiero más ángeles en el cielo cuidándome. Es horrible porque sabés que nunca vas a estar mejor, porque lo que necesitás es que esté acá y nadie te puede dar eso", expresa y en cuanto a los rugbiers, dice que le gustaría "que queden presos. Todo el mundo quiere que estén presos. Igual, nada me va a devolver a Fer, ni va a alivianar el dolor. Lo peor: cuando ya haya una condena, ¿qué va a pasar? Sí, van a estar presos, ¿pero qué hacemos nosotros que estamos acá?", se preguntó. 

Julieta conserva como un tesoro una caja de zapatillas naranja -la misma que llevó consigo al cementerio el día del entierro- con todos los recuerdos con el joven antes de ser brutalmente asesinado. Allí tiene un portarretratos con una foto de ellos que él le regaló para un aniversario; un álbum de fotos color verde que tiene grabadas las iniciales de ambos; un cinturón de cuero; el perfume favorito de Fernando en versión desodorante; una carta de amor escrita a mano por "Fer" que no puede leer porque se ahoga en llanto y los vales por “una merienda” y por “paseos al parque” que quedaron en el tintero.