COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Los precios de la indumentaria se cuentan entre los que más subieron el último año. El rubro “Prenda de vestir y calzado”, según el INDEC, subió fuertemente en la región patagónica, con un incremento del 45,5 por ciento el último año.

Los ejemplos están a la vista en muchas vidrieras, con determinadas marcas de zapatillas y prendas que pueden costar, en promedio, un valor similar al de medio mes de alquiler, o incluso en algunos productos un mes completo.

Lo que fue una imagen viralizada de un par de zapatillas a 30.000 pesos en una vidriera de esta ciudad no se circunscribe sólo a la urbe petrolera: medios nacionales publicaron días atrás una información similar, comparando ese valor de referencia con el alquiler de un mono ambiente en un barrio céntrico de la capital.

Modelos de alto impacto en marcas como a Nike, a 27.999 pesos, o Adidas K 2K 4D s a 26.999 pesos son algunas de esas referencias. En Comodoro pueden observarse variaciones en torno a los 26.390 pesos, siempre dentro de los modelos importados y atados a la cotización del dólar, que además tiene restricciones para su salida del país, lo que reduce aun más la oferta, dejando al descubierto una distorsión de valores en otros sectores, como el mercado inmobiliario.

¿Es real, o una exageración decir que unas zapatillas pueden costar igual que un mes de alquiler? No hay exageraciones. Incluso en algunos casos, el precio de la indumentaria puede llegar a superar al de una vivienda familiar.

Alquileres: “Una vivienda familiar que debería estar a 25.000 pesos, sigue congelada en 14.000”

Para Liliana Maimo, vicepresidente de la Cámara Inmobiliaria de Comodoro Rivadavia, en el rubro alquiler de viviendas hay una fuerte distorsión a raíz del “intervencionismo, que era entendible en un momento del año pasado, en plena crisis de la pandemia, pero que se fue extendiendo hasta el 31 de marzo y ha provocado una falta de rotación de viviendas que va a impactar fuertemente en el mercado”.

Según la referente del sector, el decreto que prohibió los incrementos de valores de alquiler y los desalojos por falta de pago derivó en precios de alquiler que “por ejemplo, una vivienda tipo para una familia de 4 integrantes, que hoy tendría que valer 25.000 pesos sigue congelada en 14.000 pesos por mes”.

De este modo, se da una extraña situación en el que si bien por un lado no hay oferta de viviendas al no haber rotaciones, los precios tampoco se han incrementado al mismo ritmo del resto de la economía, con una inflación anual cercana al 40 por ciento.

“En este momento hay pocas viviendas en oferta, porque mucha gente con contratos vencidos sigue ocupando las casas, al no tener aumentos ni tampoco riesgo de desalojo, porque se ha extendido hasta el 31 de marzo el decreto que prohíbe estas medidas”, explicó Maimo.

En esas circunstancias, hay una presión acumulada en el precio de las viviendas, que terminará liberándose al momento en que finalice el decreto, donde los inquilinos no estarán exentos de pagar el incremento acumulado durante el tiempo de la vigencia: si bien ya hay acuerdos para que ese incremento acumulado se pueda pagar hasta en 12 cuotas, en muchos casos se terminará produciendo un recambio de unidades, donde los inquilinos tendrán que buscar viviendas más acordes a la evolución de su presupuesto, según detalló Maimo.

“Ha empezado a verse un poco más de movimiento, porque hay gente que prefiere reubicarse antes de que se le venga encima toda la actualización”, añadió. Otro problema para el sector es la baja rentabilidad, ya que “una lata de pintura puede costar hasta 20.000 pesos, en las marcas buenas y una vivienda tipo necesita, como mínimo, dos latas. Más la mano de obra y los arreglos, se pueden ir más de 60.000 pesos: se necesitan varios meses de alquiler para reparar la vivienda”, graficó.

Al mismo tiempo, Maimo considera que la nueva ley de alquileres, que extendió los plazos de contrato a 3 años y permite una única actualización anual, provocará un incremento de valores en relación al sistema anterior.

“Hay tanta intervención mal hecha, que se termina perjudicando a los inquilinos –cuestionó-. Con la actualización anual, los precios van a subir al menos un 10 por ciento y mucha gente se va a tener que reubicar al año de contrato, porque el aumento del alquiler queda por encima de las viviendas que se están ofreciendo. Lo mismo pasa con el decreto: en lugar de congelar de nuevo hasta marzo, se tendría que haber dado una ayuda puntual a la gente que estaba en situación de desalojo, que en el nivel general es de un 20 por ciento y en Comodoro no llega al 5 por ciento, porque éste es un mercado muy diferente. Han complicado mucho al mercado con estas medidas y hay una distorsión de precios terribles, donde van a faltar viviendas porque muchos propietarios no las van a querer ofrecer, ante la pérdida de rentabilidad. 

“En Comodoro cerró el 50 por ciento de los comercios del centro”

La canasta básica total informada por el INDEC en la última semana sitúan ese valor, para una familia tipo de 4 integrantes, en 58.382 pesos para el mes de enero, con casi un 40 por ciento en relación a enero del año pasado.

En Comodoro Rivadavia, ese valor suele ubicarse en el orden del 10 por ciento por encima de lo que se mide en el promedio de la Ciudad de Buenos Aires, según las actualizaciones periódicas realizadas por el Observatorio de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas. A partir de esos datos, disponibles hasta noviembre del año pasado, puede estimarse que en la ciudad la canasta básica total (que incluye alimentos y servicios) se ubicaría hoy en alrededor de 65.000 pesos.

La suba de costos termina disminuyendo la capacidad de consumo de la población, como reconoce el presidente de la Cámara de Comercio de Comodoro Rivadavia, Guillermo Ceriani:
“En todo proceso inflacionario, la gente pierde capacidad de ahorro y eso se refleja en menos consumo, porque la gente se ajusta cada vez más –indicó el directivo-. Se compra menos carne y probablemente se vuelca hacia la compra de harinas, por hablar de un ejemplo en alimentos. Al comerciante no le queda otra que transferir los aumentos a precios, si no estarían subvencionando sus artículos, que a veces lo hace con algún producto para generar un gancho y lo manda a pérdida, pero hoy también pasa que se vende ese producto y nada más”. 

La crisis de la pandemia, que redujo incluso más las posibilidades de consumo, derivó en un fenómeno particular, al que Ceriani puso cifras concretas: “el año pasado cerró el 50 por ciento de los comercios del casco céntrico histórico de la ciudad –afirmó-. La última caída se sintió cuando se terminaron los beneficios de AFIP, aunque ahora de a poquito hay una mejora, un crecimiento, pero claro, es fácil crecer cuando se viene de una caída tan fuerte”.

Ceriani advierte otro fenómeno: “pese a la gran cantidad de persianas bajas y comercios cerrados, no se consiguen alquileres en el centro –aseguró-. Es un fenómeno que se está observando y es porque hay poca rentabilidad, en menos del 1 por ciento para un alquiler, para una inversión muy importante. También puede pasar que muchos estaban mal acostumbrados a alquileres altos, de 150.000 ó 200.000 pesos por mes y hoy no se puede conseguir esto”.

Para el comerciante, hay en la ciudad un sector que mantiene el dinamismo en las ventas, que si bien se ha visto mermado, es el que sigue dando impulso al sector comercial, más allá de los altos precios disparados por la inflación: “El que está en el sistema petrolero no se fija en los precios, el petróleo derrama una cascada que nos viene bien a todos y esa es una cuestión cultural de Comodoro. No es igual para todos, pero se ha sostenido en el tiempo y es algo que no se ve en Buenos Aires, salvo en algunos sectores muy puntuales”.