COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR/Escuchá el audio) - “Educar no es transmitir información sino enseñarle al niño y joven a ponerle límites y que tenga auto límites”, explicó el licenciado Perrota, vinculado a la Fundación INECO. Licenciado en Psicología, se dedica al tratamiento de personas con trastornos por consumo de sustancias y otras conductas adictivas. “También los adultos debemos programar cómo va hacer nuestra relación con el mundo de internet”, para no circunscribir el tema sólo a niños y adolescentes.

Búsqueda de estímulos

“Hay estímulos que pueden generar reacciones con mucha intensidad –comentó el reconocido especialista, en diálogo con Actualidad 2.0-, como por ejemplo la cocaína, pero también hay muchas otras cosas que pueden generar estímulos, tal vez no tan intensos pero sí constantes, como los videojuegos y las redes sociales. Estos tienen la posibilidad de mantener estímulos y nuestro cerebro busca constantemente estas novedades. Las redes sociales son muy atractivas, por el conjunto de elementos que nosotros adjudicamos a ciertas cosas que suceden, que a su vez alimentan el valor de ese estímulo: el ‘like’, ese corazoncito que dan a nuestras publicaciones, son muy importantes. Buscamos esa satisfacción en forma permanente, con estímulos breves pero constantes”.

Si bien todavía no se califica como un problema de adicción a la tecnología, explicó que las investigaciones demuestran que hay adicciones a determinados comportamientos, lo que se ha empezado a plantear en torno a los juegos de azar. “En la clínica se ve que muchas personas tienen dificultades para controlar la conducta en relación a los videojuegos o juegos de rol –reseñó-. No se puede decir hoy que es una adicción, pero la conducta es muy parecida a lo que pasa con una sustancia”.

“Los usuarios devolvemos a los creadores de contenidos nuestra gratificación –señaló-. El crear un contenido se ve motivado por la respuesta, por ejemplo cuando interactuamos en twitter, que es una red social orientada a transmitir ideas, ya sea muy importantes o simples ideas. A una persona puede interactuar 2 horas leyendo mensajitos breves en twitter, pero tal vez después no puede dedicar 2 horas a leer un libro. Uno de los grandes estímulos que buscamos los humanos es ser reconocido, aunque sea con un ‘corazón’, o para discutir una idea”.

Estos elementos (redes sociales o video juegos) se han constituido en nuevos estímulos con los cuales interactuamos tanto niños, jóvenes y adultos. “Esto puede atentar contra la capacidad de mantener concentración en temas complejos, pero al mismo tiempo logran una capacidad de comunicación que era desconocida por la humanidad”.

Educar es enseñar límites

 “El cerebro adolescente –continuó Perrota-, al estar en formación, todavía no tiene completa la capacidad de inhibir o regular los impulsos. Uno de los aspectos que le falta madurar es la capacidad de inhibir y regular los impulsos, poder postergar la satisfacción inmediata. No es raro que los chicos tengan conductas compulsivas en relación a todo lo que genera alguna clase de estímulo, por eso se enganchan tanto con video juegos o redes sociales. No va a ser ningún problema en tanto las familias sepan que son las primeras responsables de educar. Esto no es sólo transmitir información, sino enseñar al niño y al joven a tener límites y a ponerse auto límites. Es decir, inhibir los impulsos. Si el foco está puesto en que educar es enseñar a la persona a gestionar sus impulsos, no habrá problema. Pero si la familia o el entorno responsable de educar al chico no tiene presente esto, lo que estamos fomentando son personas que no saben esperar o posponer la satisfacción inmediata. Y ahí sí tenemos un problema, porque esta persona que vive de un estímulo a otro, jamás podrá afrontar metas más complejas. Qué es más fácil: ¿sentarme a jugar a la play en el sillón, o entrenar toda la semana para jugar un partido? Si la persona no logra incluir las actividades más arduas, no va a haber problemas”.

 “No me extraña que hoy gente que antes restringía las tablets o celulares a los chicos –expresó-, hoy se las empiece a facilitar, en el marco de la pandemia. A pesar de la situación crítica, debemos lograr que en la familia haya límites, rutinas y responsabilidades de todos los miembros. Respetar espacios de intimidad, pero también la interacción familiar. Para anticiparnos al problema, debemos poner límites claros, con las reglas o normas de convivencia. No me refiero a la respuesta emocional o el grito cuando ya estamos enojados, sino a establecer con claridad. Si antes de la cuarentena no había diálogo honesto, claro y preciso en relación a esto, no es extraño que tampoco lo haya en la cuarentena. Si no lo hay, debemos poner manos a la obra para dialogar y establecer esas normas”.

También es necesario que los adultos establezcan sus propios límites, a fin de no perder el control sobre las horas pasadas en contacto con la tecnología, sea por trabajo o capacitaciones. “Nos va a pasar porque estamos encerrados y los algoritmos nos lleva de un contenido a otro, por lo que se nos pueden ir horas enteras en contacto con la tecnología –advirtió-. El tema es que nosotros podamos establecer de antemano qué tiempo vamos a destinar a cada actividad, para no terminar con una sensación de frustración, que se siente después de muchas horas en redes o en internet, que sentimos que fue tiempo perdido”.