No hay dudas de que la riqueza geológica de la formación Vaca Muerta explica con argumentos sólidos por qué Neuquén ha pasado no sólo el principal productor de gas del país, como ocurrió en las últimas décadas, sino también cómo ha recuperado el primer lugar también en materia de petróleo.

Esa mayor riqueza geológica ha explicado también el motivo por el que la mayor parte de las inversiones petroleras del país comenzaron a concentrarse en la cuenca Neuquina, que a su vez ha cuenta con sistemas de incentivos para el aprovechamiento de las grandes existencias de gas en los reservorios no convencionales.

Además del gas, que abre un oportunidad para la maltrecha economía argentina de cara a los próximos años, también se ha producido un fuerte incremento en la producción de gas. Según surge de los ‘Reportes de Producción’ registrados por la Secretaría de Energía de la Nación, entre enero y octubre de 2019 Neuquén produjo 6,8 millones de metros cúbicos de petróleo, mientras que en igual período de 2022, la extracción se elevó a 13,1 millones de metros cúbicos.

El salto positivo representa un 93% de incremento, mientras que medido en barriles, representa casi 40 millones adicionales, en un período de sólo 3 años de diferencia, incluyendo la pandemia y la crisis de precios y mercados durante 2020.

Chubut ha transitado un camino inverso. Entre enero y octubre de 2019 su producción había sido de 7,3 millones de metros cúbicos (conservaba el primer lugar en el podio productivo, alcanzado desde el año 2006), mientras que en el mismo lapso de 2022 el volumen alcanzado es de 6,7 millones de metros cúbicos.

La caída productiva representa algo más del 8%, equivalente a unos 3,8 millones de barriles que en aquel período previo a que el mundo supiera sobre la existencia del coronavirus.

Los desafíos para la cuenca San Jorge y la opción de generar dólares genuinos

Es claro que Chubut no hubiera alcanzado, aun si nunca hubiese existido el ‘parate’ de la pandemia, los altos niveles productivos que hoy tiene la cuenca Neuquina, a raíz de que la riqueza geológica hallada en aquella región es de las más importantes del mundo en la actualidad.

Sin embargo, es notorio que hay dificultades adicionales para recuperar aquellas marcas de producción en los campos chubutenses. Si bien es esperable que haya una caída por la declinación natural de los yacimientos, que en San Jorge son de alta madurez, hay factores que explican por qué ese ritmo productivo no recuperó, al menos, su marca normal.

Hay esfuerzos de inversión que inevitablemente se trasladan hacia las ‘luces’ de Vaca Muerta. La lógica de la industria y de la economía en general así lo impone y sólo basta con observar las planillas de Excel con los planes de inversión de cada año, para una región y las demás cuencas productivas del país.  

Sin embargo, hay otras posibilidades que no deberían desestimarse. Tal como se reflejó en un informe anterior de ADNSUR, hoy el crudo Escalante tiene una valorización adicional y ha ganado mayor presencia internacional, por lo que la ventana de exportación puede implicar una alternativa para recuperar algunos puntos de producción, que podrían ser vitales para los próximos años (y mientras se apuntala la transición energética, hacia las fuentes renovables).

En ese aspecto, queda por resolver los interrogantes vinculados a la macro economía del país, con soluciones que podrían llegar de la mano de que se considere al sector energético como una verdadera salida a la falta de dólares, precisamente a través de la generación de divisas en forma genuina.

Queda por ver si Chubut, que en otros tiempos fue cabeza de la OFEPHI (Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos) es capaz de recuperar un protagonismo que quizás no podrá ejercerse ya desde la cantidad de barriles producidos, pero sí desde una agenda que fije metas en común (algo tan básico como garantizar que haya dólares para importar insumos que se necesitan para seguir produciendo, por caso), para que la locomotora de Vaca Muerta no sólo arrastre favorablemente a la Cuenca Neuquina, sino a al conjunto de las provincias petroleras.

La cuenca San Jorge, con Chubut y también Santa Cruz, aún tienen mucho para escribir en el libro de la historia petrolera del país, pero sería un error que los despachos políticos de la Ciudad de Buenos Aires ignoren ese potencial.  

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