COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Empezó por hobby, adaptando una Land Rover que tenía. Quería viajar más cómodo con María del Carmen, su esposa, y sin querer terminó encontrando el trabajo con el que se jubiló, su segundo oficio luego de una vida dedicada a las letras y la filetería. 

Hugo Vignolo tiene 74 años y es conocido en Comodoro por su oficio de letrista. Pintó decenas de carteles de negocios, paisajes como el que alguna vez tuvo una casa de pesca, y números y letras de los colectivos de Patagonia Argentina y Rada Tilly. 

Eran tiempos de pincel, pulsó y paciencia, no había ploteos y la computadora era una ilusión de unos pocos. Sin embargo, la hiperinflación de finales de los 80 golpeó duro y Hugo se volcó a un hobby que le terminó dándole de comer y que heredó su hijo mayor: el arte de las casas rodantes.

Por estos días, “Fredy” es uno de los pocos fabricantes de casas rodantes de la zona. Tiene su taller en el pequeño barrio Industrial de Rada Tilly, donde construye proyectos que significan el sueño de la  "casita" diseñada para las vacaciones. 

 

 

DE CORRIENTES A COMODORO

Pero para entender la historia de Hugo padre hay que volver al pasado y viajar a Santo Tomé, Corrientes, la provincia donde nació. Cuenta Hugo a ADNSUR que siempre quiso estudiar en la Academia de Bellas Artes, pero cuando era adolescente, en 1962, su viejo le dio a elegir: lo seguía para Comodoro, a donde podía entrar como conserje en la residencial Atlántico, o se quedaba en Villaguay, Entre Ríos, donde vivían por ese entonces. Hugo eligió seguir a su padre y los sueños quedaron postergados.

Con el talento innato volcó su vida a las letras. Con pincel, pintura y mucha creatividad le dio estilo a negocios y empresas, algo que recuerda como si fuese hoy. “Siempre me gustó la pintura y de eso viví. En el 84 entré de aprendiz en una gráfica que estaba en la calle Alem, estaba Andrade con Iglesias, y empecé a trabajar sobre cartelería. Después aprendí el oficio de letrista y filetero, y después filetee todos los colectivos de Comodoro”.

Los 80 no fueron una buena época en términos económicos a pesar del regreso de la democracia. Hugo lo sintió en el bolsillo y sin querer terminó trabajando de lo que era su hobby.

“Empecé porque siempre me gusto pasear y viajar. Todo el tiempo andábamos por todos lados. Íbamos a las playas, la quinta Rossi, Piedras Coloradas y El Trébol. Todos los fines de semana nos íbamos a pescar algún lado, y después, cuando pude abrir el galpón detrás del hiper empecé a reparar casillas de conocidos. Y como Fredy se recibió de técnico empezó a trabajar y empezamos a hacer este trabajo. Hicimos muchísimas casillas”, recuerda ya retirado de la actividad.

Cuenta Hugo que el primer vehículo que transformó fue un Land Rover a la que le hizo camas. Luego llegó la adaptación de un chasis de F100 y más tarde su actual casilla que tiene más de 35 años.

 

 

DEL PADRE AL HIJO

Hugo Alfredo, más conocido como Fredy (50), tenía 18 años cuando comenzó a trabajar con su papá. Recién se había graduado del Colegio Salesiano Dean Funes y estudiaba en la universidad. Sin embargo, el panorama no era el mejor y abandonó sus estudios.

Su papá lo invitó a sumarse al taller y comenzaron a trabajar juntos en este oficio. “Yo había empezado ingeniería en la universidad pero dejé”, recuerda Fredy en diálogo con ADNSUR, “Él lo hizo más que nada para darme una mano, y gracias a Dios mis dos hermanos pudieron recibirse después gracias a que a nosotros nos fue mejor e hicimos un buen desarrollo”, cuenta con orgullo.

 

 

Fredy asegura que muchos de sus clientes son personas de Comodoro Rivadavia o Rada Tilly, conocidos que quieren ir por el sueño de la casilla rodante.

Según cuenta, los trabajos son personalizados y cada cliente puede ir a ver el avance del vehículo. Se trata de un laburo artesanal que comienza con el dibujo sobre el papel.

 

Covig Vignolo

 

Con un lápiz, a la vieja usanza, Fredy dibuja siguiendo la misma técnica que alguna vez empleó su padre, aquellas noches en que prendía un Benson y empezaba a bocetar.

Una vez que está el diseño comienza el armado, desde el forrado de la carrocería interior hasta la instalación del sistema cloacal; con un tanque para aguas grises, otro para aguas blancas y el tanque de aguas negras.

Para no gastar tanta agua potable hace un tiempo idearon un sistema para reutilizar las aguas grises del lavatorio y la ducha. Además, la casa rodante se alimenta de energía solar que permite acampar entre 3 y 5 días sin necesidad de tener abastecimiento externo.

“Es un oficio en el que tenés que hacer el diseño, el desarrollo y tener en cuenta muchas cosas. A mi me apasiona porque cada trabajo es distinto y tenés que ponerle toda la cabeza para ver cómo se va a desarrollar. Me han pedido desde un motorhome arriba de un camión Volvo, una cosa muy grande, hasta alguien que quiere tener en una furgoneta un lugar donde dormir, pero es lindo. Cuando iniciamos mi papá era el que ponía la idea, yo ayudaba y mi mamá, era la contadora y hacía los papeles. Gracias a Dios nos ha ido bien. Nunca fuimos una empresa importante, pero nunca nos faltó el trabajo, y eso es lo que importa”, sentenció este hombre que heredó el oficio de su padre e hizo una marca en la zona