COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) – Su teléfono sonó todos los días en una semana con mucha actividad por la proximidad del receso invernal y todo lo que conlleva el trabajo administrativo de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales.

Patricia Pichl, la decana de esa área, tiene mucho trabajo. Sin embargo, ante la consulta de ADNSUR recibe a un periodista y brinda el tiempo necesario para contar las razones por las que el Consejo Consultivo autorizó en forma unánime el uso del Lenguaje Inclusivo en los trabajos, exámenes y tesis de los estudiantes.

“Esto no fue un hecho aislado, forma parte de un trabajo que viene realizando la facultad hace muchísimo tiempo y que incluye a la comisión de abuso y violencia”, explicó a modo de introducción.

Lo cierto es que mientras una institución de nivel superior le da validez a este uso, la Real Academia Española (RAE) lo rechaza y asegura que el problema pasa por “confundir la gramática con el machismo".

Con esta posición coinciden también algunos intelectuales, como la lingüista Concepción Company Company, quien considera que la discusión sobre lenguaje inclusivo es “una tontería”, ya que la gramática “no es sexista ni deja de serlo”. Y en su caso apunta al discurso como el verdadero eje de discriminación en cuestiones de género o a las acciones de la sociedad,  y lo dice con un ejemplo clarificador: “igualdad es que me paguen igual, me contraten igual y que tenga las mismas oportunidades sociales”.

Sebastián Sayago, doctor en letras y magister en Metodología de la Investigación Científica, este fin de semana dialogó con ADNSUR y fue consultado por el lenguaje inclusivo y su apreciación lingüística.

El investigador explicó que hay dos posturas,una de más tipo de conservador que supone que la lengua no tiene que ser cambiada y que este es un cambio innecesario y socialmente inconveniente, y otra postura, que si se quiere es más innovadora, donde prevalece la cuestión de género”.

El investigador se apoya en esta segunda corriente y confirma que la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco no es la única casa académica del país donde se utiliza este uso, e inclusive en la actualidad evalúa una tesis de postgrado de una estudiante de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Para Sayago a este uso que “se lo puede llamar con propiedad estilo inclusivo”, apunta “a reconocer la diversidad de género”. Por esa razón considera que su uso dentro de la universidad es “correcto, porque la gramática permite esa posibilidad, es flexible”.

“Por eso también es muy bueno que pase en la Facultad, marca un antecedente donde cada vez va a haber más debates de este tipo. Y es bueno que suceda en Humanidades donde justamente los estudiantes reflexionan sobre el modo de comunicar, el modo de denunciar, el impacto social que tiene la forma de decir. Su uso se va a ir estandarizando de a poco, pero después se va a ir extendiendo, diversificando y nos vamos acostumbrar”, consideró.

El investigador, no obstante, admite que quienes tienen “cierta edad” -y se incluye – les “suena raro” su uso.

“El uso de la E nos parece hasta gracioso, ridículo, pero es porque no lo tenemos incorporado a nuestro oído. Lo mismo pasaba dentro de España con las diferentes variantes de español. Pero creo que esto interpela nuestra tolerancia a la diversidad, porque uno ve reacciones muy cerradas, muy furibundas, pero en realidad nada es tan grave; la lengua cambia y es inevitable y hay cambios que son más evidentes que otros. Y este cambio es visible y políticamente motivado y eso es lo que molesta, no el cambio en sí, sino que haya muchos grupos que lo promuevan con un fin de denuncia o mayor pluralidad”, sentenció.

UNA RESOLUCIÓN POLÉMICA

Pero ¿cómo se inició en Comodoro Rivadavia esta polémica que terminó en los principales medios metropolitanos y el prime time de la televisión porteña?  

Todo comenzó el 5 de junio cuando se realizó el plenario de la tercera sesión ordinaria del Consejo Consultivo de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Ese día se trató el orden del día que se pautó en la sesión ordinaria de la jornada previa y sobre tablas se incorporó el proyecto de Lenguaje inclusivo.

Fue el estudiante de Historia y delegado estudiantil Tomás Bobrowski quien presentó la iniciativa. La decana Patricia Pichl preguntó si tenía despacho. La respuesta fue afirmativa y el proyecto ingresó para su tratamiento bajo el ítems 13: “otros temas institucionales”.

Cuando llegó el momento de su tratamiento se leyó el despacho que incluía tres artículos. El primero hablaba de “resguardar” al estudiante; el segundo de las normativas y el tercero de las formas. 

Por una cuestión de no ir en contra de las normas establecidas se decidió eliminar el artículo 2, ya que su redacción y posible aprobación obligaba a modificar reglamentación “no solo en el interior de la facultad sino también a nivel de la universidad, llevando a tocar hasta el Estatuto”, contó Pichl.

Finalmente el proyecto fue aprobado por unanimidad por el Consejo, el cual está integrado por personal no docente, graduados no vinculados, alumnos, docentes y auxiliares docentes. 

El principal argumento para su aprobación fue que a algunas estudiantes les rechazaron trabajos que presentaron en lenguaje inclusivo.

Por esa razón, la resolución en su artículo 1 especificó bien su objetivo principal: “Resguardar a quienes decidieran usar lenguaje inclusivo en cualquier trabajo académico en sus distintas variantes: utilización de x o e donde correspondiese, no pudiendo ser objeto de discriminación alguna o razón de desaprobación”.

UN PASO MÁS EN LA LUCHA CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Para Pichl esta iniciativa solo “es un punto dentro de un gran tejido”.

“Hay otras cosas más metidas acá atrás que tienen que ver con el tema del género, la violencia, la ESI (Educación Sexual Integral) y muchas otras cosas”, indicó la decana.

“La clave está en leer el artículo primero. No significa ir en contra de lo que esta nombrado sino permitir a la persona que quiere expresarse de esa manera que lo haga”, agregó.

“Además necesitamos tener en cuenta lo que está pidiendo el contexto. Hace muchos años se viene trabajando. Acá en la Facultad hay una Comisión contra el Acoso y el Abuso Universitario y eso fue algo muy innovador. Con el tiempo también se empezó a trabajar con la gente del gremio docente, ADU, representantes de diferentes facultades y voluntarios en la creación de un programa con acciones y un protocolo que sería a nivel institucional. La facultad es como que tiene mucha tradición en estas cosas”, sentenció la decana.

Las acciones avalan esta afirmación de Pilch. En esa última sesión del Consejo Consultivo se presentó otro proyecto vinculado a género: la solicitud de defensa de la Educación Sexual Integral en todos los niveles educativos y solicitud de propuesta en todos los departamentos para la implementación de la perspectiva de género en la formación de grado de la facultad”. La iniciativa incluyó un cronograma de acciones a desarrollar lo que resta del año.

Además, en los pasillos de la Universidad se ha trabajado fuertemente la cuestión de género y en la actualidad se participa de una acción que se realiza a nivel nacional para capacitar a las autoridades universitarias y docentes en la perspectiva de género, iniciativa que cuenta con el apoyo de la Secretaría de Políticas Universitarias se está trabajando en la capacitación docente.

Para Pilch el punto máximo para continuar avanzando en este sentido sería la incorporación de la ESI (Educación Sexual Integral) en los planes de estudios, un trabajo que a largo plazo se podría desarrollar.

Por el momento la resolución del lenguaje inclusivo ya fue publicada en el sitio web de la universidad y ahora se buscaría incluirla en el reglamento alumno.

De esta forma,  la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales marca un precedente en el ámbito universitario, y no sería descabellado que la iniciativa sea replicada en otras facultades o universidades.

Es que como explicó Bobrowski (quien no utiliza este tipo de lenguaje) a ADNSUR esto “va a depender de los representantes estudiantiles”.

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