COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) -  "Somos alumnos de la EGB N° 39, de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, que estamos realizando un trabajo para mejorar un poquito la calidad de vida de las personas con capacidades especiales. Decidimos lanzar estos mensajes al mar (...) para difundir nuestro deseo de pelear contra la discriminación y aportar un granito de arena a esta sociedad que no está preparada como debiera para acoger a todos sus habitantes”. 

Así comenzó el escrito que en agosto de 2001, una docente con un grupo de estudiantes de Río Gallegos metió adentro de una botella que luego tiraron al mar en el marco del proyecto "La integración y la igualdad es posible", que ella encabezaba, sin saber que tres años después iba a ser rescatada en Australia, curiosamente mismo país donde fue encontrada la botella que Pierina Sosa y sus hijos arrojaron en Comodoro Rivadavia y fue encontrada hallada por Stepthen Hockey, tres años después. 

EL MENSAJE DE LOS ESTUDIANTES

El 22 de noviembre de 2004 la periodista Mariela Arias junto al fotógrafo Horacio Córdoba reconstruyeron la historia de la docente Delfi Rivas y sus alumnos de la Escuela 39 Pablo VI de Río Gallegos, tal como hicieron la última semana el periodista Fredi Carrera junto a su hermano y fotógrafo Fabián Carrera para ADNSUR.

Casi un mes antes, en la secretaria del establecimiento recibieron un llamado donde dijeron: "Hola, los estamos llamando desde Australia. Encontramos una botella con un mensaje escrito por ustedes hace tres años".

La crónica del año 2004 contaba que una fría mañana del 26 de agosto de 2001, en el puerto de Punta Loyola, donde el río Gallegos desemboca en el Atlántico, Delfi junto a sus alumnos arrojaron 200 botellas con un mensaje adentro. 

Más de 36 meses después, una de esas botellas fue hallada cerca de Adelaida, en la costa sur de Australia, por una abuela y una nieta que caminaban por la playa.

¿Pero qué fue los que los motivó a intentar esta empresa?

Delfi contó a La Nación que uno de los alumnos tenía “un hermanito con síndrome de Down y eso llevó a los chicos a intentar entender las necesidades de las personas con capacidades diferentes; eran chicos de sexto; tenían entre 10 y 11 años".

Así luego de que salieron a la calle en sillas de ruedas para ver el estado de las veredas e impulsaron una resolución para que la ciudad trabaje en ese sentido, decidieron tirar el mensaje al mar buscando una respuesta.

Tres años después la botella salió a tierra en Adelaida, la capital del estado de Australia Meridional. Allí una abuela que caminaba por la playa con su nieta la encontró. 

La periodista Cara Jenkin del periódico The Advertiser se interesó por la historia y  la llevó hasta la  Universidad de Australia Meridional (Unisa), donde Gladys Arboleda, una ecuatoriana que vivía en ese país y que por entonces trabajaba como consejera en un programa de apoyo para los estudiantes internacionales, hizo de traductora para que el escrito sea publicado, y a pedido de la abuela se comunicó con la escuela patagónica. 

Al igual que en la historia de Pierina, donde Stephen Hockey se comunicó vía email, el correo electrónico fue fundamental en esta historia para que los chicos y la docente puedan ver de nuevo la botella. 

Es que Arboleda envió la foto del envase que tenía adherido “algunas conchitas de mar” y contó que el mensaje se podía leer claramente.

La historia vuelve a tomar relevancia luego de que ADNSUR contó la experiencia de Pierina, quien en marzo de 2017 cuando se cumplía un año de la muerte de Rodolfo, su esposo, junto a sus hijos, Gonzalo y Romina, tiraron una botella al mar en la playa de Caleta Córdova con un mensaje y la esperanza de que emerja en alguna costa de la zona. Pero nunca imaginaron que iba a cruzar el océano y llegar a una playa cercana a Mount Gambier, Australia, donde fue rescatada por Stepthen Hockey, un padre de dos hijas. 

En el escrito Pierina le dijo a Rodolfo que era el amor de su vida, y Romina, le escribió una parte de una canción de Cold Play, “Fix You”.

La respuesta llegó una tarde que Pierina estaba en un evento de su hija. A la mujer, se le dio por abrir su correo electrónico y vio un mensaje en ingles que le llamó la atención. Lo miró de arriba abajo y en la parte inferior vio una foto del mensaje que había tirado al mar adentro de una botella dos años antes.

En el correo, Stephen, quien dialogó con ADNSUR esta semana y confirmó la historia, le decía: “Hola. Mi nombre es Stephen Hockey y soy de la ciudad de Mount Gambier en el estado de Australia del Sur. Hoy temprano, mientras caminaba por la playa de Browns Bay, a unos 20 kilómetros del Mount Gambier, noté una botella en la playa que claramente contenía algo más que agua y aire. Parecía que contenía lo que llamamos una bolsa de congelador. Supuse que la bolsa del congelador podría contener algo más. Al abrirlo, encontré una nota que usted y otros miembros de su familia parecen haber escrito en marzo de 2017. Mi conocimiento del idioma español no es bueno, pero parece ser una hermosa carta para un ser querido fallecido”.

Y continuó: “su dirección de correo electrónico apareció en la parte inferior de la carta, así que pensé que me pondría en contacto. Puede que haya pasado el tiempo y el tiempo hasta cierto punto cura las heridas, pero acepte mis condolencias por su pérdida. Me encantaría saber la historia de tu viaje de cartas. Estoy más que feliz de devolvértelo si puedo. Está fechado en marzo de 2017. ¿Fue cuando se arrojó al océano? ¿Puedes recordar dónde lo dejaste caer en el océano? Espero que tu inglés sea mejor que mi español y puedas leer esto bien. Me encantaría saber de usted”.

Así, tal como le sucedió a los alumnos y su docente, Pierina y sus hijos tuvieron la respuesta que tanto necesitaban, “una actitud de amor universal”, tal como ella definió a ADNSUR.