COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Mariela y Pablo llevaban 11 años juntos cuando se dieron cuenta que era momento de formar una familia. Como no podían quedarse embarazados decidieron ir por un camino paralelo, lleno de desafíos, sueños y amor: la adopción. Sin embargo, llegar a esa decisión no fue algo fácil, admite Mariela.

“Una de las opciones que planteamos como pareja fue el hecho de adoptar. No es algo fácil, es una cosa muy hablada, hay que llegar a un consenso y al final de muchas charlar coincidimos en que queríamos ser padres; no importaba si viniera de la panza o el corazón. Queríamos ser padres. Ese era nuestro objetivo, queremos formar nuestra familia”, dice recordando esos momentos en que comenzaron a formar su familia.

Este domingo, esta pareja de enfermeros celebrará el Día de la Madre, sabiendo que es una fecha muy especial para ellos. Como contó Mariela, supervisora del Área Externa del Hospital Regional, ellos llevaban 11 años cuando decidieron ser padres, y como no podían quedar embarazados adoptaron a dos hermanos mellizos, una nena y un varón, pero la vida luego los sorprendió con la llegada de Juanita. 

“Dios nos regaló en primer lugar haber tenido la posibilidad de adoptar y seis años después llegó Juanita en forma natural. Por esas cosas de la vida me quedé embarazada. Todo fue como una partida doble”, dice Mariela con la emoción a cuestas.

 

 

Mariela admite que no fue fácil el proceso de adopción. Primero tuvieron una guarda preadoptiva y luego de más de cuatro años “de lucha” lograron acceder a una adopción simple.

Luego de 12 años asegura que “todos los días es un aprendizaje. Ha sido algo maravilloso en mi vida. Lo siento tan natural que no lo siento como algo particular por eso me sorprendió cuando me llamaron. Para mi son mis hijos, siempre lo fueron desde el día uno. Me acuerdo clarito que nos llamaron el 16 de noviembre. Llamaron a mi esposo que estaba en el campo y cuando él me dice que llamaron para tener una entrevista jamás en la vida tuve una emoción y una alegría tan grande. Tuvimos que esperar una semana y me acuerdo que fuimos con mi esposo y había varias personas que nos presentaron la situación, pero yo no escuché nada porque me estaba mentalizando en ver a dos niños que yo había visto antes en un sueño. Fue algo hermoso”.

Mariela recuerda que en esa entrevista les contaron cuál era la situación de los chicos, los problemas de salud que tenía uno de ellos y las dificultades que podían encontrar en el camino. A ellos nada les importó ni atemorizó y fueron para adelante con la fuerza del amor. 

Así, el 24 de diciembre de ese año pasó las fiestas junto a ellos y su familia transitoria, y dos días después los llevó a casa. Por esa razón, cada Navidad tiene un sentimiento distinto para ellos.

Cuenta Mariela que cuando adoptó quien le hizo el seguimiento, las entrevistas y las visitas fue Miryám Monasterolo, titular del Área Programática Sur, quien por entonces trabajaba en el juzgado de Familia, y también que cuando nació Juanita, su tercera hija, ella eligió que no naciera el 26 de marzo, día que cumplen los mellizos y pidió que le programen la cesárea para un día antes o uno después. Ese día era de ellos. 

Este domingo Mariela tendrá franco luego de un sábado de guardia y celebrará con su marido y sus tres hijos. Sabe que será un día de fiesta. “La vamos a pasar contentos, porque estamos sanos, estamos juntos, para nosotros simplemente es eso, que estemos bien es el regalo más grande que tenemos. A ellos les gusta mucho festejar”.

EL DESEO DE AHIJAR SOBRE TODAS LAS COSAS

Claudia es contadora, vive en Caleta Olivia y trabaja en el ámbito privado. Hace tres años fue madre primeriza. Tenía 45 años y a pesar de haber podido elegir hacer un tratamiento para quedar embarazada junto a su pareja eligieron ser padres a través de la adopción, una elección de amor y compromiso. 

“Nosotros cuando lo decidimos planteamos que queríamos ahijar, no parir, porque son dos cosas distintas desde mi concepción el ser progenitor y ser mamá; se pueden dar en una misma persona o no, entonces elegimos este camino”, contó a ADNSUR desde la ciudad del norte de Santa Cruz.

Claudia junto a su esposo adoptaron a dos hermanos de 8 y 13 años, niños y adolescentes que necesitaban ser “ahijados” porque no habían tenido esa posibilidad con su madre biológica. 

En pareja decidieron darles una familia, educarlos, acompañarlos, criarlos, darles contención, generar apego y seguridad, todo lo que para ella conlleva ahijar a una persona.

A la distancia admite que el proceso de ser madre de esta forma es muy distinto. Desde el vamos explica que en un embarazo madre e hijo van desarrollando su rol mutuamente, pero en este caso el vínculo comienza de un día para otro, lo que no impide desarrollarlo con amor, compromiso y contención.

“La vinculación se va construyendo día a día y año a año porque hay una diferencia: Nosotros somos papás primerizos pero ellos no, ellos ya fueron hijos, lo que no fueron es ahijados o no de la manera correcta y por eso estuvieron en situación de adoptabilidad. Entonces es la diferencia y ese es el gran desafío”.

 

 

Claudia asegura que el camino de la adopción no se debe transitar en soledad. En su caso formó parte del grupo “Puente de Esperanza, adopción Caleta Olivia”, una de las organizaciones que nuclea en Santa Cruz a personas que quieren convertirse en padres o madres a través de la adopción y que integran la ONG nacional “Ser Familia por adopción”, brindando asesoramiento civil y psicológico en este proceso de construcción de una familia.

“Es todo un proceso. Desde que vos te inscribís y planteas tu deseo de ser madre, tenés que decirle al juez en qué condiciones estás de adoptar, a cuántos chicos, de qué edades, y lo vas trabajando psicológicamente con equipos médicos del juzgado. Con la reforma del Código Civil todo se hizo más sencillo porque los chicos no pueden estar institucionalizados cinco o seis años e iniciado un proceso de adopción en 6 meses se puede dar un proceso de adopción, entonces dio cierta garantía sobre ese mito que existía que vos ibas a estar 10 o 15 años e ibas a adoptar. En nuestro caso nos inscribimos en junio de 2016 y en diciembre de ese año tuvimos el llamado del Registro Nacional de Adoptantes de que habían elegido nuestra carpeta como posibles padres de nuestros hijos”, indicó.

Claudia asegura que por una cuestión de autoexigencia aún está rindiendo materias para recibirse de madre, aunque esté cumpliendo la función desde el día 1. Cuenta que a cinco días de vivir juntos, los chicos comenzaron a llamarlos papá y mamá, y ellos hijos, como si vinculo hubiese existido por años, y que el desafío es mostrarles que hay otra realidad además de las que vivieron durante gran parte de su vida. “Ese es el desafío, para que cuando tengan que tomar sus propias decisiones elijan qué camino seguir. Pero hay que atreverse a la adopción de chicos grandes, porque hay una diferencia entre parir y ser mamá, podes ser mamá por otro camino que no sea el embarazo y darse la oportunidad mutua de formar una familia”.

SER MADRE MONOPARENTAL

Nora Rodríguez también eligió ser madre a través de la adopción. Ella tiene 53 años, es docente del Jardín de Infantes y en 2009 inició el camino de la maternidad. 

Desde 2014 forma parte del grupo “Familias Adoptivas noroeste del Chubut” que nuclea a gente que vive entre Río Pico y Lago Puelo y que depende del Juzgado de Familia Esquel, y a diferencia de Claudia su camino no fue fácil. 

Nora decidió adoptar previo a la reforma del Código Civil y Comercial y se encontró con las trabas burocráticas que había en ese momento, contó a ADNSUR. “Yo me anoté sola, pero cuando lo hice estaba complicada la situación porque no había equipo técnico en la oficina de Esquel, se demoraba muchísimo todo, Chubut no había adherido a la ley del Registro Único de Adopción y recién en 2015 me llamaron para que conociera a mi hijo”, contó a ADNSUR.

Cuando lo adoptó, el pequeño tenía 2 años y medio. Por su familia ella conocía de cerca lo que era una adopción, y asegura que meterse en su nuevo rol no fue un impedimento en absoluto para poder ser madre. El pequeño en tanto, había estado con una familia alternativa que le brindó un espacio de amor. 

“Cuando me llamaron para decirme que habían elegido para ver si podía ser su madre estaba yo y otro matrimonio. La jueza nos entrevistó por separado y me eligió como opción porque venía de un ámbito monoparental y determinadas características de mi historia de vida y la búsqueda, porque en realidad no existe el derecho a ser papá, sino el derecho del hijo al tener una familia y muchas veces se elige a la familia por las necesidades que tiene ese niño y que puede ser lo mejor para él”, asegura.

“Pero ser madre de esta forma requiere adaptarse medio rápido, porque de un día para el otro tenés al niño en tu casa. A mi un día me llamaron a la mañana que me habían elegido a mí, al mediodía tenía el papel en mano de que era la mamá y a la tarde lo conocí. En dos días estuvo viviendo conmigo, entonces el proceso lo vas haciendo con la convivencia, pero es maravilloso. Yo lo recomiendo a todos, que se animen a dejar de lado su ego”.

 

 

Nora admite que formar parte del grupo de aspirantes de adopción la ayudó muchísimo, porque “aunque el hijo sea recién nacido tiene una historia, una historia de abandono, desarraigo o desapego y cicatrices que uno tiene que acompañar, y para eso hay que prepararse”.

Tal como contó, este domingo estará esperando el desayuno que le prometió su hijo  por el Día de la Madre, una de las celebraciones que ellos festejan durante el año. Es que como dice también celebran el Día del Niño y el día que se conocieron, aquella fecha en que Nora comenzó a ser madre, una elección de amor, compromiso y valentía. Feliz día para ellas.