La pesadilla de Darío Curán comenzó el pasado 3 de agosto. Cuando atendió su teléfono celular, del otro lado se identificaron como personal del Banco Nación y le informaron que le habían realizado una transferencia desde su cuenta y que ese movimiento pertenecía a una estafa.

La voz en el teléfono le indicó que "vaya a hacer la denuncia a la policía y que después pase por el Banco para hablar con el contador”.

“Después de ir a la comisaría, fui y me explicó un contador que me hicieron una transferencia con la modalidad phishing (suplantación de identidad) de 800 mil pesos”, relata Darío.

Qué es el pishing o la suplantación de identidad y cómo evitarlo

"Esa plata eran todos mis ahorros, más el sueldo que había cobrado”, explica Darío, y menciona que era dinero destinado a "pagar los estudios universitarios de mi hija y el médico de mi señora que tiene certificado de discapacidad. Me vaciaron la cuenta literalmente”.

Pero la verdadera pesadilla comenzó cuando desde el Banco Nación le informaron que ellos no iban a hacer absolutamente nada para solucionar ese problema ni se iban a hacer cargo del dinero robado.

Aunque la reglamentación vigente establece una serie de requisitos para cualquier persona que quiera realizar la transferencia de una abultada suma de dinero como esta, que necesita una autorización del Banco. Los procedimientos están pensado justamente para funcionar como filtros de seguridad y evitar estafas.

Sin embargo, en el caso de Darío, el dinero salió del banco sin ningún control.

“El hecho es que yo esa transferencia no la podría haber hecho porque para transferir esa cantidad se necesita autorización. Desde la gerencia del Banco Nación me dijeron que no me van a reconocer la plata, que antes lo hacían pero que ahora ya no. Y la realidad es que le robaron a ellos, no a mí, porque yo no autoricé ninguna transferencia”, detalló Curán en diálogo con Cadena Tiempo.

Para empeorar aún más la situación, los compromisos de pago asociados a su caja de ahorro comenzaron a vencerse, y no había fondos que los respaldaran: débitos, servicios, tarjetas y otros gastos. “Se me acumularon deudas que no pude pagar porque me sacaron todo, tuve que pedir plata prestada a amigos para poder cubrir algunos gastos y pagar hasta los servicios de mi casa, es una locura, soy un trabajador y me cuesta como a todos”, finalizó.

Con información de Diario Jornada

¿Querés mantenerte informado?
¡Suscribite a nuestros Newsletters!