COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - El frío penetra hasta los huesos, el viento se hace sentir y el calor del sol es poco. Nadia García está en el interior de su vivero y con una meticulosa paciencia acomoda algunos plantines de lechuga, acelga, espinaca, rúcula y kale, algunas verduras que se pueden plantar en esta época del año en Comodoro Rivadavia, donde las temperaturas rozan el bajo cero y la playa solo sirve para verla de lejos o caminar.

A diferencia de lo que el ingenio popular cree, en la árida y fría capital del petróleo es posible plantar verduras y frutas, y luego cosechar tu propia siembra, una romántica actividad que además permite alimentarse de forma saludable y económica.

Nadia es una de las personas que trabaja para que Comodoro se vuelva más sustentable. Ella es paisajista y técnica en floricultura, graduada de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, y hace tiempo comenzó a trabajar en un proyecto solidario denominado "Lombricultura en Rada Tilly y Comodoro". El mismo tiene por objetivo ayudar a procesar compuesto con lombrices californianas para luego utilizar ese abono para la siembra de verduras, frutas, árboles o flores.

El jueves recibió a ADNSUR en el vivero que tiene en el barrio Bella Vista Sur. Cuando el equipo llego a destino, con paciencia y dedicación acomodaba los plantines y los regaba para que se nutran de agua.

“La gente cree que en Comodoro no se puede tener verduras pero no es así, y tampoco tan difícil”, contó.

“Por ejemplo, unas lechugas que tienen poco sistema radicular las podés poner tranquilamente en un cajón de la verduleria con costo cero. Le ponemos un cajón de madera y un cartón, que por el ciclo que dura el cultivo aguanta, y podés plantar una lechuga, una espinaca, una acelga, una rúcula. Pero si querés una zanahoria vas a tener que ir un poquito más hacia abajo”, advirtió.

Nadia está decidida a romper mitos. Por esa razón, también confirma que no es necesario tener un gran espacio en la casa para tener la propia huerta. “Con un cajón y tres plantas comés. Podés hacer seis cajones y te alimentas en el invierno porque ponés tres plantas en cada cajón y una planta te dura tres o cuatro meses; Cuando se termina el ciclo plantás otra y esta va al compostero y se la comen las lombrices y vuelve a alimentar a otra planta. Es un ciclo cerrado”.

 

 

COSECHAR TU SIEMBRA
 

¿Pero cuál es el secreto para sembrar y no morir en el intento? “Alimentar a las plantas con el compostaje”, asegura Nadia. “Tenemos la respuesta en nuestros residuos orgánicos diarios. El 60% de lo que tiramos en la bolsa de basura son residuos orgánicos. Eso era lo que hacían nuestros abuelos cuando vinieron. Ellos no te tiraban ni una cascara y con eso recuperaban la tierra. Ese es el secreto que nos olvidamos”, detalla.

Tal como dijo Nadia el trabajo de siembra es un ciclo cerrado, y antes de cosechar, regar y sembrar se debe realizar el compuesto con o sin lombrices californianas, aunque la segunda opción es más eficiente.

“Lo primero que debemos hacer es clasificar los residuos diarios, rescatar la parte orgánica: cascaras de verduras, frutas, yerba, café, té, papeles, cartones y cascara huevo”, contó.

“Eso una vez a la semana lo ponés en una compostera, que puede ser desde un tacho de pintura hasta un pozo en el patio y lo regás hasta que salga agua por debajo del envase. Eso permitirá que comiencen a trabajar hongos y bacterias sobre ese residuo al que habrá que mezclar con hojas secas y cartones que estructuran la mezcla", detalló.

Y aseguró que “parece más difícil cuando lo cuento que cuando lo hacemos. El resultado final si es compus en verano lo vemos en seis u ocho meses y con lombrices en tres. Pero es al inicio, luego tenés el ciclo que siempre te va entregando compus. Es más, nos hemos quedado sin residuos orgánicos pero no sin compus”.

La pregunta que surge es qué sucede con las lombrices cuándo sacamos el compus. La respuesta: se utilizan cebos con abono de conejo y café “que le gustan mucho” y ellas automáticamente van a buscarla.

 

 

TRABAJAR PARA COMER

Para Nadia la huerta domiciliaria es un trabajo para alimentarse. “Somos lo que comemos. Vos estas invirtiendo un montón de cariño y trabajo en una planta que después te vas a comer”, afirma.

Quizás por esta razón, esta pasión por la siembra ella se la contagia a cientos de personas.

En la actualidad tiene 150 alumnos que en los últimos tres años comenzaron a aprender sobre siembra. Además más de 8.000 familias se sumaron al proyecto de lombricultura, reciclando alrededor de 584.000 kilos aproximadamente al año de residuos que no terminan en rellenos sanitarios o basurales clandestinos.

María Begonia Mediavilla es una de las tantas habitantes de Comodoro Rivadavia que hoy tienen su huerta orgánica. La abogada que vive en una casa de La Loma tiene su propia huerta, en un caso que demuestra que si se quiere plantar se puede.

“Lo estoy implementando con cajones en la azotea de mi casa, comencé el año pasado y ya en el verano coseché tomates Cherri, Kale, lechuga. Empecé como prueba para ver si se podía y cuando hable con Nadia le dije: ‘pero no tengo tierra’ y me contestó: ‘no importa, vas a ver que todo el mundo puede hacerlo', y comencé”.

Begonia hoy tiene seis cajones de verduras y asegura que “poniéndole un poco de voluntad se puede hacer de todo” y así tener la propia huerta orgánica para el consumo propio.

“Tengo lechuga, tomate, unos morroncitos y tomate tuve hasta hace poquito que le guarde a mis hijos que vinieron en Semana Santa para que coman los tomatitos de la huerta de su mamá. Es como un caramelo ese Cherri porque tiene hasta un sabor diferente”, dice entre risas a modo de ejemplo.

Para ella plantar además tiene muchas cosas a favor. Primero es relajante, una terapia para escapar de la rutina del trabajo. Segundo evita los pesticidas, y tercero la traslada a su infancia, a aquella huerta que tenía su papá en Kilómetro 8.

“Mi papá era inmigrante español y como todo inmigrante, polaco, portugués, español, tiene esa cosa de cultivar la tierra. Mi papá siempre tuvo la quinta y llegaba de trabajar de Petroquímica y se metía porque le hacía bien. Todo consumíamos de la quinta y después se mudó para Comodoro, en el Centro, y tiene su pequeña quintita”.

“Ahora está más grande y ya no tiene tanto tiempo entonces dije bueno ‘es tiempo de conectarme yo con toda actividad, que hizo él que está más mayor, y me gustó, sobre todo el contacto con la tierra, con la naturaleza y comer sano; algo que sabés que no tiene nada, que la viste crecer y que no tiene agroquímicos ni las semillas están genéticamente tratadas”, resumió.

Así como Begonia otras cientos de personas siembran en Comodoro Rivadavia nueces, damascos, duraznos, ajos, cebollas, puerros, frutillas, y hasta flores que se utilizan en la cocina gourmet, como capuchinas, Pensamientos y verduras exóticas ideales para veganos, como el kale, “la carne vegetal”, según contó Nadia porque “tiene más calcio que la leche y más hierro que la carne”.

Nadia es optimista en que este es el camino hacia lo sustentable. Por esa razón sueña con que algún día la actividad agrícola hogareña llegue a las escuelas para poder inculcarles a los chicos que pueden comer sano y ser sus propios productores.

“Sería un sueño que se hiciera, que cada chico de primer grado tuviera su huerta y aprendiera a cultivarse los alimentos. Le daríamos autonomía. Los niños son el cambio que uno espera, pero imagínate que en el contexto de crisis que estamos viviendo que una familia pueda cultivarse tres zapallos, acelga, lechuga y tomates... no digo que va a terminar el hambre, pero ayuda. Además es volver a la tierra”, sentenció.

El sueño de la huerta propia es posible en Comodoro Rivadavia. Solo basta con animarse, invertir tiempo y ser perseverante e invertir lo que puede costar una bolsa de semillas. Un costo de 60 pesos y agua.