COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Pese a la histórica crisis del agua que vive la región y la emergencia hídrica declarada en el año 2012 por el municipio de Comodoro -que por primera vez impuso restricciones y multas sobre el consumo desmedido-, el uso de este elemento vital para la vida sigue en escalada: según estimaciones oficiales, en el verano aumenta un 40% la demanda de los usuarios en Comodoro, Rada Tilly y Caleta Olivia (junto a Sarmiento, las tres localidades que se abastecen del lago Muster). Esta temporada, incluso, esa suba sería aun mayor.

Claro que las (i)responsabilidades no pueden repartirse en partes iguales. Mientras algunos sectores de la ciudad, por falta de cuidado y conciencia, pueden consumir hasta más de 400 litros por habitante por día (cuando la Organización Mundial de la Salud recomienda 250 litros diarios, en un planeta donde el agua es un bien escaso), en otros barrios la falta de agua puede llegar a tres o cuatro días, según la gravedad de las roturas de ductos.

La región reedita un combo explosivo: no se cumplen las sanciones y controles que detalla la ordenanza pero, ante la crisis que registran las reservas, sí los cortes programados para reponer reservas. Este ha sido el instrumento acordado por la SCPL y el Municipio, a partir de la ordenanza que declara la emergencia del recurso vigente desde hace 8 años.

El ‘boom’ de las piletas

En lo que va de la actual temporada de verano se contabilizan 9 cortes programados, además de lo que ha implicado restricciones por roturas parciales, particularmente en el acueducto Arenal Ciudadela, que abastece a la zona norte de la ciudad. La novedad de este verano, sin embargo, enciende nuevos indicadores de alarma. Es que además del insuficiente caudal que transporta el sistema, con alrededor de 5.000 metros cúbicos por hora, se suma el agravante de un consumo creciente, debido a varios factores.

Según los registros oficiales de ámbitos técnicos de la cooperativa, el consumo habitual en verano crece un 40 por ciento en relación al promedio anual, pero hoy esa suba podría encontrarse por encima, según se verifica con el rápido descenso de las reservas, una vez recuperadas tras los cortes programados (uno por semana, pero en días diferentes para zonas norte y sur). En la comparación de los puntos extremos del año, cuando agosto presenta el menor consumo y enero el más alto, el volumen de agua demandado se multiplica por tres.

Si bien la presente temporada no se puede comparar aun contra las anteriores, hay indicadores preocupantes: en los momentos pico de consumo, entre las 15 y las 18 horas, las reservas pueden bajar a un ritmo superior a los 5.000 metros cúbicos por hora (es decir, se demanda más del caudal que ingresa), mientras que el déficit, o caudal faltante, puede llegar a los 2.000 metros cúbicos por hora.

“El problema está en el consumo y la falta de conciencia de la crisis que atravesamos –explican desde la SCPL-. Este año mucha gente se compró piletas, al no poder viajar y eso provoca un incremento de los volúmenes de agua. Y no sólo hablamos de piscinas grandes, que obviamente requieren más aguas, pero hasta las más chicas aumentan el déficit”.

Una pileta de lona, de 3 por tres metros y un metro de altura, se llena 9 metros cúbicos de agua. “Esto equivale a 9 tanques de 1.000 litros, o 9 días de uso, que es el consumo promedio que debería tener una familia según recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (250 litros por habitante por día) –señaló uno de los técnicos del sector-. Sumado al recambio de agua que se hace cada ciertos días, dependiendo del clima, es un consumo que impacta fuertemente”.

En ese marco, se recordó también la ordenanza de emergencia vigente para regular horarios de llenado de pileta y riegos (con la obligación de hacerlo de noche), entre otras actividades reglamentadas por la normativa, pero que no se están cumpliendo.

La necesidad de mayor higiene, impuesta por el coronavirus, es otro de los factores que incide para un incremento del consumo de agua, además de que al producirse una menor cantidad de viajes por vacaciones, hay una parte de la demanda que habitualmente puede compensar con una baja los volúmenes de enero y febrero, pero que en esta temporada no se verificará.

Por otro lado, las estimaciones dan cuenta de que en la ciudad se superan ampliamente los parámetros establecidos por la OMS, que recomienda no utilizar más de de 250 litros diarios por habitante. En las estadísticas de la entidad se observa que sólo en los sectores con consumo medido se aproximan en algunos períodos a esa recomendación para el uso racional, pero la micro medición todavía está lejos de extenderse en forma generalizada, aunque ya hay una ordenanza que así lo estipula.

Otro foco de alta demanda es el del riego de espacios verdes de la comunidad, que se realiza con agua potable. El problema fue reconocido desde el municipio comodorense, por lo que se busca reactivar plantas de tratamiento ubicadas en sectores barriales, ya que ese servicio insume alrededor de 18.000 metros cúbicos mensuales, prácticamente lo mismo que todo el sector industrial.


“El problema no es el uso en la actividad petrolera –explican quienes trabajan en la distribución de agua-, porque del total de agua que transporta el sistema, ese consumo equivale a menos del 2 por ciento, sumando también los usos industriales y grandes comercios. Y las pérdidas por roturas se estiman en un 5 por ciento del total del caudal, por lo que tampoco es ésa la causa. El mayor inconveniente es el alto consumo en general y la falta de control de la ordenanza de emergencia”.

Qué dice la ordenanza de emergencia hídrica

La ordenanza sancionada por primera vez en el año 2011 y modificada en 2012 establece sanciones para el uso irracional de agua. Por ejemplo, establece que los horarios de riego, lavado de veredas y llenado de piletas puede realizarse exclusivamente entre las 20h y las 8 hs del día siguiente, en el período que va desde el 1 de octubre al 30 de abril. En el resto del año, se mantiene esa misma franja horaria nocturna pero empieza a las 18 hs.


Se fijaron también multas, pero en la práctica no hay controles para verificar el cumplimiento ni, mucho menos, la aplicación de sanciones.


La misma ordenanza estipula que la SCPL debe cogestionar con el municipio la verificación de la norma, como también las inspecciones para constar si se cumplen las normas establecidas para cuidado del agua.

Más cortes semanales

La decisión de incrementar la frecuencia de cortes de agua para reponer reservas debe ser aprobada por el municipio en su carácter de poder concedente, pero los indicadores de consumo creciente y la rápida disminución de reservas llevó a técnicos de la SCPL a plantear la necesidad de un segundo cierre de válvula semanal. Una ciudad que camina por el límite de una crisis grave, mientras resurge la expectativa por la obra de repotenciación como solución de fondo, aunque el plazo para su concreción es impreciso.


Según estadísticas del área técnica que maneja las reservas de agua de la ciudad, los mayores consumos se dan en la franja horaria que va desde las 15 a las 18 horas, con un promedio que supera los 5.900 metros cúbicos por hora, pero con picos que pueden superar los 7.000 y llegar hasta 8.000 metros cúbicos por hora. También se verifican saltos importantes entre las 18 y las 21 horas, particularmente en las jornadas en que se restituye el servicio tras los cortes programados.


Más allá de los imponderables, en la última se hizo evidente que los cortes programados se tornaron insuficientes: las mediciones del puesto La Mata, la mayor reserva de  la ciudad con 90.000 metros cúbicos, reflejan que el nivel de agua no alcanzó a recuperarse tras las restricciones del miércoles y jueves, quedando por debajo de 60.000 cúbicos, cuando habitualmente se recuperaba hasta los 80.000 cúbicos.

Repotenciación del acueducto

Vale recordar que la obra de repotenciación del acueducto, que aun cuando sean ciertos los nuevos anuncios de reactivación no estará concluida antes del verano 2022, prevé llegar a un caudal de 7.200 metros cúbicos por hora. Estos números reflejan que el consumo actual de la ciudad, en las horas pico, supera incluso la capacidad de transporte que tendrá la esperada obra.


La obra se licitó por primera vez en el año 2013 y fue adjudicada a la empresa CPC, pero el proceso de quiebra del grupo Indalo, a partir del año 2016, generó una paralización de las obras que estaban a cargo del grupo que conduce Cristóbal López. Recientemente se ha firmado el acta de reinicio de obra, según anunciaron recientemente los funcionarios nacionales del Ente Hídrico que visitaron la ciudad.

 

 


La obra tiene un avance importante en lo que refiera a la nueva planta potabilizadora que incluye el proyecto, pero no se ha comenzado con lo que refiere a los nuevos ductos que deben instalarse en algunos tramos (a raíz de problemas con el municipio de Sarmiento y propietarios de tierras por donde debía pasar la traza), como tampoco en la colocación de las nuevas bombas de impulsión. Algunos de esos elementos ya estaban adquiridos, pero habían quedado bajo embargo judicial durante el proceso judicial contra la empresa.

 El agua de Wall Street

 Desde diciembre último, los derechos de uso de agua comenzaron a cotizar en Wall Street en mercados de futuro, en una modalidad similar, por ejemplo, a la del petróleo. Transformado en un activo financiero, el derecho de uso puede ser objeto de transacciones financieras basadas en la necesidad de garantizar el acceso a un recurso cada vez más escaso.


A principios de diciembre, según un informe de diario El País, la cotización era de 486,5 dólares por una unidad equivalente a 1.400 metros cúbicos: esto significa unos 35 centavos de dólar por metro cúbico (equivalente a un tanque de agua de 1.000 litros). El tema recién comienza, pero el indicador es claro: en un mundo con escasez de agua, el bien escaso (considerado de acceso público en la mayor parte del mundo) se transforma en objeto de puja entre grandes capitales.


Lejos de aquellas especulaciones financieras, Comodoro Rivadavia y Caleta Olivia sufren en carne propia la falta de agua en sus canillas desde hace años, por un sistema acueducto que ha quedado superado en el tiempo y por obras complementarias que llevan casi una década de demora.