COMODORO RIVADAVIA - El campo chubutense pierde cada año hacienda por hasta 100 millones de pesos debido a los ataques de los predadores. El dato surge de un cálculo del Ministerio de la Producción. El año pasado, según los registros oficiales que elevaron las siete sociedades rurales, se cazaron 5.000 zorros colorados y 250 pumas en zonas como Telsen, Gastre, Gan Gan o Río Senguerr.

La zona más afectada es la zona norte de la meseta central. También el departamento Florentino Ameghino. Los ataques son de zorros colorados, pumas, jabalíes y gatos monteses. La costa, la precordillera y la cordillera lo sufren algo menos.

Ariel Aguirre, de Producción, admitió que ante los predadores “estamos perdiendo la batalla”. En Chubut hay cerca de 3.800 productores agropecuarios; de esa cifra, unos 3.200 tienen ovinos o caprinos, o ambos en simultáneo. “Gran parte tienen predadores en sus predios y está al tope de los problemas que tienen los productores”.

Un motivo, según Aguirre, es el cambio en el formato de la vida de campo respecto de hace medio siglo. “Muchas familias vivían y trabajaban en los establecimientos, incluso con personal”. Las recorridas permanentes “ahuyentaban a los predadores y ayudaba al control en caso de detectarlos”.

Pero la producción extensiva en Chubut evolucionó. “La mano de obra se hizo totalmente restrictiva para los productores; primero migró a la ciudad la familia y por último se fue del campo el propio dueño. Hoy hay muy pocas personas que están todo el año en el campo y recorriéndolo”.

Otra clave son los campos abandonados y desocupados. Nadie los recorre ni detecta rastros, cuevas o guaridas, ni pone trampas ni los ahuyenta. “Lo efectivo sería que haya gente en el territorio preparada para combatir la predación”.

En estos lugares los predadores ganan terreno. “No sólo se alimentan de ovejas y chivos sino de cualquier otro hervíboro a su alcance, dependiendo del tipo de predador”.

En un predio abandonado “el predador está tranquilo, se reproduce libremente y si no tiene suficiente alimento va a los predios vecinos, come y vuelve a la seguridad de un campo desocupado donde nadie lo combate”.

El más dañino es el zorro colorado, una especie exótica del norte e introducida en Chubut. Es de lucha obligatoria.

Hace más de 20 años la ley 4.100 creó una Comisión de Control de Especies Predadoras, con un representante de la Dirección General de Ganadería, otro de la Dirección de Flora y Fauna Silvestre y uno de la Federación de Sociedades Rurales.

 

Cabeza con precio

Se paga un precio estímulo por depredador cazado: 300 pesos por piel de zorro colorado y 1000 pesos por puma, el segundo gran dañino. Según Aguirre, “el puma es una especie autóctona pero su avance en Chubut y otros lugares de la Patagonia lo está convirtiendo en un predador muy importante; en algunos casos es bastante más el daño que hace que el zorro”.

Los 700 pesos de diferencia se deben a que hay más zorros que pumas y a que por hábitos y comportamiento, es mucho más difícil capturar al segundo.

“Tal vez un productor, un peón, un capataz o un encargado de campo capturan normalmente zorros, pero un puma es bastante más complejo. Avanza y cada año es más grande el área donde se convierte en un problema. El productor no estaba acostumbrado a tenerlo como predador y debe conocerlo para empezar a dominarlo”.

Muerto el animal hay que cuerearlo desde el hocico hasta la punta de la cola y entregar el cuero en la Sociedad Rural más cercana al predio o al domicilio del productor. Los cueros pueden acumularse todo el invierno para entregarlos juntos. Una planilla registra los datos del productor, del establecimiento, del beneficiario y el método de caza. Se entrega un cheque.

Para salvar las distancias la Comisión recorre los campos recolectando pieles, completando formularios y entregando cheques a cobrar en el Banco Móvil. Las pieles se incineran.

La ley sólo habilita cazar y pagar por zorros y pumas. En cuanto al jabalí, “en algunas zonas en los últimos diez años avanzó de norte a sur”. Otro predador nativo que ataca especialmente en zonas costeras es el gato montés. Y aves de rapiña. “Lo importante no es matar por matar sino matar a los animales que efectivamente están haciendo un daño, no al resto de la fauna silvestre”.

La plata para incentivar la caza se saca de un fondo común. Cada vez que un productor lanero hace su venta anual de lana y traslada la carga hacia alguna empresa, debe pagar 12 centavos por kilo de lanada sucia transportado. Para certificar la carga a vender debe emitir una guía de traslado que se pide en el Juzgado de Paz más cercano. Por internet o medios tradicionales se emite una boleta para depositar en el Banco Chubut. La empresa lanera que compra debe pagar lo mismo.

“Así, por cada kilo de lana producida y vendida en Chubut se recaudan 24 centavos por kilo, es una ley provincial que sólo rige para los productores chubutenses porque la distribución de esa recaudación es solo para ellos. Si cada año tenemos unos 11 millones de kilos de lana, se recaudan $ 2.640.000 por año”. La plata va a una cuenta específica y cada vez que se reúne la Comisión decide el destino de esos fondos en función de las demandas de cada zona.

Cuando se trata de predadores que no son zorros ni pumas, hay otros programas. Por ejemplo, con la Ley Ovina a veces grupos de productores presentan proyectos de control y reciben un aporte de estímulo a la caza y de capacitación para que sepan reconocer predadores, “para que en el futuro resulte más fácil esa persona capacitada atrapar al animal que le causa daño”, explicó Aguirre.

La crisis económica limita las estrategias del Ministerio. “Pero si pudiéramos, una herramienta muy efectiva es enseñar a cazar; es la mejor manera de ayudar al control: ser efectivo y certero en seguir los pasos que culminarán con la captura”.

En otros lugares del mundo donde la predación es importante, como Sudáfrica, los propios productores se convirtieron en expertos cazadores. “Acá si a la mayoría de los trabajadores del campo les preguntamos cómo se caza un zorro o lo leemos de los formularios que completan no suelen salir del uso de trampas, perros o armas”. También veneno, pero no lo admiten porque está prohibido. “Estamos muy limitados en los procedimientos de caza cuando la producción agropecuaria extensiva evolucionó y podríamos aplicar otros métodos”.

Chubut es la principal provincia lanera merino de mayor calidad. Cada año los productores denuncian sus daños por predación en la Encuesta Ganadera. Aguirre calculó que si en la provincia hay 3.500.000 animales, “unos 100 mil ovinos y caprinos recién nacidos, corderos o chivitos, se pierden por año por predadores”. A mil pesos promedio por cabeza, son cien millones por año.

La cifra es aproximada porque “como la cría de ganado en Chubut es extensiva, hay muchas razones por las cuales puede morir un animal que el productor puede pensar que fueron predadores, como hambre, sed, de viejo o enfermo. No siempre se encuentra a la oveja recién muerta con el daño del zorro en el cogote”.

 

La parición de primavera, una época crítica

La época de ataques de predadores es primavera y principios de verano, durante la parición de corderos y chivitos, presas fáciles hasta su destete. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria auspicia pariciones controladas, con presencia más activa del productor. Puede ser a campo o en cobertizos, que permiten control y eficiencia del índice de señalada.

También hay ataques cuando las hembras enseñan a sus crías a cazar. El puma camina mucho y cuando las entrena mata mucho sin comer. “A veces el pico del daño no coincide con el momento de la facilidad de la captura. Por ejemplo en verano en muchos lugares no llueve hace muchísimo tiempo, la tierra está dura como roca y seguir un rastro es muy difícil. En invierno, si llueve o nieva, es fácil”, explicó Ariel Aguirre, desde el Ministerio de la Producción.

Es habitual abrir el estómago del predador capturado para saber qué come. “Si se tiene la constancia de revisar todo el año se verá en qué momento tener las antenas alertas para el control y en qué momento estar más relajado”. En algunos campos hay cámaras enfocando bebederos, pozos o tajamares. El productor puede retirar el chip y chequear en qué momento beben los predadores.

Pero hoy el dueño tiene lo mínimo indispensable. “Ese peón no está suficientemente incentivado, porque si dos kilos de tira de asado cuestan 300 pesos, el mismo pago que por un zorro, cuando estás días detrás de uno, hay que tener mucho amor por lo que hacés o el productor debe poner un adicional a ese precio estímulo para incentivar a la caza. Si no, no lo va a hacer”.

Se necesitan medios, caballos en buen estado, perros capaces de rastrear, tal vez motos, trampas o armas. “Todo lleva a la necesidad de recursos físicos y humanos que muchas veces ya no están a disposición”.

Aguirre consideró que el control de predadores debe ser parte de cualquier presupuesto para sostener una producción. “Si un zorro te mata un cordero perdés mil pesos, el equivalente de tres zorros; un zorro come 2% de la carne y el resto queda ahí y al día siguiente mata otro, de manera que combatir predadores es algo que se paga solo. A veces cuesta que los productores entiendan que son ellos mismos los que debieran hacer lo imposible por controlar y así como consideran inevitable el gasto de esquila o antiparasitarios, el gasto del control es algo más”.

Aguirre admitió que la necesidad de control de predadores no está bien explicada. “A veces la sociedad no entiende por qué es necesario eliminar un zorro y enseguida se opone; hay ONG´s que defienden a ultranza la vida animal por encima del sostenimiento de la producción ganadera”.

Cuando los medios dicen que mataron un puma “desde el Estado debemos ser capaces de poder explicar que en el interior, sostener la ganadería y la vida de los productores requiere de la caza; en ningún momento corre peligro la especie porque cada vez hay más, pero es muy controversial. No nos gusta contar lo que hacemos en pocas palabras porque la primera reacción de la gente es que no hay nada más lindo que un puma”.

 

La necesidad de ayuda mutua entre los vecinos

Desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, el ingeniero Mirco Muñoz coordina el proyecto de “Apoyo al desarrollo territorial de la meseta central”. En las Mesas de Desarrollo escucha de primera mano los reclamos del hombre de campo. “Los predadores surgen como el problema prioritario, lo consideran el principal de la ganadería en la meseta y el factor principal de pérdida de animales”.

Coincide con la incidencia de los campos desocupados e improductivos tras la ceniza, la sequía y el contexto económico. Los predios en producción en la meseta no llegan al 40%. El resto está vacío o rumbo al abandono.

“La infraestructura productiva está muy deteriorada y no permite su recuperación, pero hay casos de subocupación o de desocupación sin población permanente pero con infraestructura, lo cual permite elaborar una estrategia de ocupación”. Los ataques “afectan negativamente en el porcentaje de señalada, los corderos nacidos y criados que permiten la repoblación y reposición de animales”.

Cuando controla el productor suele no discriminar aunque debiera atacar los predadores más jóvenes. Es que si se captura un macho grande adulto que controlaba un territorio, puede provocar sin querer que otros jóvenes pueblen el lugar.

En el INTA son cautos para recomendar métodos de control. “Los productores recurren a lo que tienen a mano, inclusive agresivos que afectan otras especies; nosotros promovemos otros, como el uso de perros pastores”.

Para esta idea hubo capacitaciones y experiencias con muchos interesados. “Es un control no letal, la presencia del perro marca un territorio y aleja predadores. Hay un protocolo de cría y manejo para este perro que hace que tenga éxito, porque no es un perro de los conocidos de campo que actúan con rebaños, tiene otra actitud. El pastor no debe convivir con el hombre, debe estar con las ovejas y tiene un manejo especial”.

Muñoz recomienda recorridas permanentes. Alejan al predador, que “actúa cuando ve que no tiene contacto con humanos”. También hay armas no autorizadas o trampas que terminan capturando otras especies.

Actualmente se procesa con Provincia una Declaración Jurada de los productores para concluir en qué lugares predomina, los motivos, de dónde salen más pieles y si hay focos más graves para aplicar planes de control prioritarios.

El Inta coincide con la necesidad de ocupar los campos. “Pero como fue complejo el proceso de despoblamiento, es complejo el repoblamiento. No debería hacerse de manera individual, es necesario que sea solidario y comunitario, entre vecinos”.

Por ejemplo, con acuerdos de producción y venta: en lugar de que todo el costo caiga sobre una persona, uno ponga el forraje, otro los animales y otro los insumos. “La ganadería planteada en forma individual no tiene porvenir”. Algunos productores ya se organizaron con personería jurídica. Así accedieron a financiamiento y lograron mejores precios.

“Trabajamos hace muchos años en la meseta y los cambios son paulatinos, promovemos la organización y la tecnología pero es responsabilidad de los productores, que hasta que no ve hasta un resultado económico no lo adopta”. El control de predadores también debería pensarse en conjunto.

 

“El campo que genera predadoresdebe aportar para su control”

Javier Trucco, presidente de la Federación de Sociedades Rurales, advirtió que los dueños de campos desocupados, como no producen, no aportan fondos a la lucha contra la predación. “Quien tiene el campo vacío genera problemas a los vecinos porque los predadores van a reproducirse y se transforma en un lugar de aumento descontrolado”. El ruralista pide que “quien genera predadores aporte algo para controlar”.

-¿Cuál es su diagnóstico?

-En las zonas que están productivas, a full, costa y cordillera, está controlado porque los productores están trabajando mucho y hay vecinos activos. Pero en toda la parte central donde hay muchos campos desocupados es un problema muy grave y no hay forma de controlar porque no hay empleados ni gente de campo que se dedique.

La presencia del hombre mantenía a raya a los predadores. “Pero hoy está librado a la naturaleza bruta. Los animales se reprodujeron cuando el hombre empezó a poner agua donde no la había para llevar ovejas; eso atrajo a otro tipo de animales que en esa zona no había”. Los guanacos, por ejemplo, solo estaban cerca de aguadas naturales, arroyos o ríos. “Hoy es uno de los que más molesta a los productores”.

“Es conocida la anécdota de quien lleva agua en camión porque subterránea tampoco hay, llena el tanque australiano con un viaje de camión, vuelve a la tarde y los guanacos le tomaron todo”. El guanaco compite con la oveja en el consumo de pasto y agua, y por tamaño la desaloja.

Trucco sumó al gato montés, presente en zonas costeras. Son especies protegidas. “Cazar un predador es mucho trabajo, no es sencillo ni hay mucha gente que lo sepa hacer, debe ser observadora y convivir mucho con los animales para ver sus costumbres y formas de ataque, hay que especializarse”. Basta recorrer. Si el animal ve movimiento humano se retira. “Por eso el problema son los campos desocupados, que hacen que el animal esté libre”.

Para un pequeño productor, perder aunque sea pocos animales es un golpe grande. “Es el que más lo sufre”. Trucco respaldó el cuidarse entre vecinos. “Abandonar un campo es no ser solidario; es cierto que los números no cierran pero hay que buscarle la vuelta con un mecanismo de arrendamiento o facilidades si algún interesado quiere comprarlo, pero en definitiva ponerlo en producción”.

Hace unos años la Ley Ovina financió un plan provincial de control del jabalí en el departamento Telsen, con controladores contratados.

“Hicieron un buen trabajo y eran especialistas, pero al cortarse el plan se fueron y es gente que habría que recuperar porque conocen bien las especies”. Esa capacidad de caza no se transmitió a los pobladores locales.

En el norte de Santa Cruz hay muchos campos vacíos. “Lo más notable es el crecimiento del guanaco, que se transformó en algo muy peligroso. Por lo desmesurado del crecimiento se decidió habilitar la venta local de carne, pidió el tránsito federal y se le permitió una prueba piloto”. Al sur de Río Negro también hay abandonos.

 

-¿Cómo se caza?

-Lo principal es la trampa porque a bala no es sencillo. Al jabalí hay gente que lo caza con perros para acorralarlo pero es peligroso porque siempre es el hombre el que va con un cuchillo y no es sencillo acercarse a semejante bestia. No es para cualquiera.

Según Trucco, sin los daños de los predadores y con el precio de la lana, el campo es negocio. “Hay posibilidades de venta fluida, hay interesados y los números cierran, pero que si te quedás sin producción, desaparecés”.

Trucco sugirió que “el primer paso es el regreso, sin gente es imposible cualquier control”. La Federación propone un plan de empleo para el campo. “Hoy quien da trabajo en zona desfavorable es castigado: debe pagar más sueldo y más cargas sociales”. Los ruralistas quieren que ese excedente valga para compensar otros impuestos. “Mucha gente dice que el sueldo no es una traba y vale la pena pagarlo porque trae un beneficio, pero las cargas sociales se hacen impagables, entonces no emplean a nadie”.

-¿Es viable?

-En un campo cerrado el Estado recauda cero, si pusieran un empleado recaudaría algo. Muchos funcionarios de segunda y tercera línea a nivel nacional comparten esto pero cuando llega a niveles de decisión dicen que no. Deben entender que no se achicará la recaudación por bajar un porcentaje de cargas sino al revés porque se crean empleos. Debería estar incluido en la reforma laboral. Por ejemplo, que para la producción en Patagonia haya un 20% de fondos libres de cargas sociales.#

“Cuando la producción no es rentable pero es laúnica posible, se ahorra en lo que no se debe”

-¿Por qué la batalla se está perdiendo?

-Porque de los 3.800 productores, 3.200 tienen ovinos y el 90% o más tienen menos de mil animales. El 90% de las explotaciones ovinas o caprinas chubutenses, bajo los ojos de un economista, son unidades económicamente inviables o no rentables. Cuando la producción es no rentable pero es la única posible necesariamente se empieza a ahorrar en cosas que no debieras, como el control de predadores. El problema se agrava año tras año, cada vez más gente sale de la actividad productiva, se va a la ciudad y abandona su predio, o reduce los recursos humanos o económicos al máximo. Quedan zonas productivas con cierta capacidad de inversión como la zona costera, la precordillera y cordillera. Por más que tengamos que valores récord de la lana, no es suficiente para volver a hacer funcionales esas unidades.

-¿Pero el campo no se está recuperando?

-Esa curva de crecimiento es extremadamente lenta. Los que viven este veranito de los precios son los campos que ya estaban en plena producción, costeros o de la cordillera. Pero si yo era un productor de la meseta de toda la vida que tuve 3 mil animales y ahora 500, y la lana en vez de valer 3 dólares el kilo ahora vale 6, perdí tanto que con un año bueno no alcanza.

-¿Qué debería suceder?

-Deben consolidarse a largo plazo los precios y el buen clima. Así puede ser que en el futuro alguien vuelva al campo y sea negocio aún para esas escalas que hoy quedaron chicas. Pero si sos hijo de alguien que tenía un campo, por más que sea un año de precios buenos, ¿vas a abandonar tu trabajo para volver a un oficio que tu papá conocía pero vos no? Si te dejaron 500 ovejas y necesitás 1.500 más, a mil pesos cada una es un millón y medio, además de camioneta, peón, pagar la esquila, etcétera. No es fácil decir “hay altos precios, volvamos”. No es la Pampa Húmeda donde hacía maíz y me paso a la soja inmediatamente porque tiene precios superiores o la rentabilidad es mucho más rápida. Acá venías de un campo fuera de producción. Repoblarlo, cambiar tu forma de vida, renunciar a lo que estabas haciendo, reinstalar las fuentes de agua, alambrados, restaurar caminos y viviendas, no es algo que uno, dos o tres años de buenos precios hagan a una familia tomar semejante decisión.

-¿Antes era más simple?

-En el pasado había escuelas con internado, por ejemplo. Las familias los mandaban, nadie se preguntaba si tu hijo sufría y los veías 4 veces por año. Hoy no harías eso, la forma de vida cambió y es un paso evolutivo sin marcha atrás. Los criás cerca para que vayan a la mejor escuela posible y verlos todos los días. Antes era posible una producción que hoy en muchos lugares está cuestionada porque sería volver al pasado; no tendrás internet, TV o energía. No todos están dispuestos a eso.

 

“Si no hay controles, el negocio no cierra”

-¿El problema de la depredación se agrava con los años?

-La situación es muy compleja porque tener un lugar desocupado es un problema desde todo punto de vista. Es como abandonar un barrio: se cae la infraestructura y se multiplican los problemas. Si un productor pretende poner en producción, llevar animales y ocupar un campo, el control de predadores debe estar planificado con estrategias porque es un tema con el que se convive. Del mismo modo que sin tecnología no hay posibilidad de competir en el mercado, hay que sumar tecnología de control, si no el negocio no cierra. Es muy importante la relación entre vecinos. Hay mucho entusiasmo en la producción porque el proceso de degradación del pastizal por la sequía y ceniza se está revirtiendo y hay una mejora sustancial del pasto. Muchos privados y pobladores locales quieren poner en producción el campo, pero si no hay control de predadores hay muy pocas posibilidades de desarrollar la actividad.

 

-¿Qué implica?

-Hay que contemplarlo en el presupuesto y significa más recorridas, un caballo, fardo, alimento, un peón y un salario. Si en un área tenemos evidencia de predadores y hay intenciones de ponerlo en producción, si hay vecinos hay que acordar para ver de qué manera nos ponemos al hombro la situación. Por ejemplo, con la categoría de animales más compleja, la oveja en parición, en vez de tenerla cada uno por su lado por qué no juntarlas y tenerlas a resguardo. Acuerdos así pueden ser útiles en un esquema de ganadería viable.

 

-¿Funcionan estos consejos?

-Los entes técnicos lo único que podemos hacer son recomendaciones. La decisión final la tiene el productor. Si no lo comparte es como un tiro al aire. Por más que haga bien la suplementación estratégica, si no controló con un peón al predador el negocio no va a cerrar. Deben asociarse y consultar información tecnológica porque hoy, si no está esa unión de pequeños productores, no se ve otra salida.