CAPITAL FEDERAL - La pandemia de sobrepeso y obesidad avanza en el mundo a un ritmo alarmante que Argentina acompaña: más del 60% de la población del país está excedida de peso y es sedentaria, mientras que sólo una cantidad ínfima ingiere el mínimo de frutas y verduras recomendado, según los primeros datos de los indicadores principales de la 4ª Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR), que también muestra un crecimiento en la prevalencia de la diabetes.

La importancia de este estudio epidemiológico radica en que es un diagnóstico actualizado y representativo sobre factores de riesgo en  mayores de 18 años vinculados a la alimentación, la falta de actividad física y el consumo de tabaco y alcohol, "principales causantes de las enfermedades crónicas (cardiovasculares, cáncer, diabetes, EPOC), que dan cuenta del 70% de las muertes y la discapacidad en Argentina", señaló en diálogo con Clarín el secretario de Salud Adolfo Rubinstein, quien esta tarde presentó los resultados preliminares de la ENFR 2018.  "Conocer las cifras actuales -afirmó- es clave para poder tomar decisiones apropiadas."

Más de 49 mil viviendas de todo el país formaron parte de la muestra. La encuesta de la Dirección Nacional de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ENCT) fue realizada entre septiembre y diciembre del año pasado bajo la coordinación general del INDEC y las direcciones provinciales de estadística. Por primera vez, a diferencia de las ediciones anteriores (2005, 2009 y 2013), además del autorreporte por cuestionario (que fue respondido por más de 29 mil habitantes) se realizaron mediciones objetivas en una submuestra de hogares, que incluyeron mediciones físicas (presión arterial, peso, talla y perímetro de cintura, realizadas a 16,5 mil habitantes) y  bioquímicas (glucemia capilar y colesterol total, realizadas a 5.300 individuos).

Uno de los mayores crecimientos se dio en el porcentaje de personas que presentan exceso de peso (sobrepeso+obesidad): problema que en la actualidad afecta al 61,6% de la población, mientras que en 2013 alcanzaba al 57,9%, y en 2005 al 49%. La escalada es sostenida: desde que empezó a realizarse la encuesta, en cada edición se registra un crecimiento que ronda los cuatro puntos porcentuales.

Se toma como parámetro el índice de masa corporal (IMC), que se calcula dividiendo los kilos de peso por el cuadrado de la estatura en metros.  El porcentaje de personas que reportaron tener sobrepeso (IMC ≥25 y <30) prácticamente no varió entre 2013 (37,1%) y 2018 (36,2%), evidencia de la cara más preocupante del problema: cada vez hay más personas con obesidad, es decir, con un IMC superior a 30.

“La epidemia de sobrepeso y obesidad, en consonancia con la tendencia en las ediciones anteriores de la ENFR y la observada a nivel internacional, continúa aumentando”, plantea el resumen ejecutivo de la ENFR. “Los datos son alarmantes si se tiene en cuenta que la obesidad entre adultos por autorreporte creció de un 20,8% a un 25,4% en tan solo 5 años –precisa el informe-. El hecho de que el indicador de sobrepeso se haya mantenido estable solo expresa que un número significativo de personas que tenían sobrepeso pasaron a la categoría de obesidad, y que una proporción de quienes tenían peso normal pasaron a la categoría sobrepeso.”

Un cuarto de la población presenta obesidad, indicador que aumentó 22% respecto de la edición 2013 y 74% desde la primera (2005).

Pero el cálculo del índice de masa corporal según mediciones antropométricas, es decir, a partir de la medición de peso y talla realizada por personal contratado por la Secretaría de Salud a través de la Universidad Nacional Tres de Febrero a una submuestra, arrojó una prevalencia de exceso de peso cinco puntos porcentuales por encima de la registrada en los cuestionarios (por autorreporte), ya que alcanzó al 66,1% (33,7% sobrepeso + 32,4% obesidad). El desfasaje no sorprende, según Rubisntein, porque "la gente tiende a subestimar la talla y el peso".

Un indicador que muestra que los patrones alimentarios continúan siendo inadecuados es que el consumo de frutas y verduras permanece estable y “extremadamente por debajo” del mínimo recomendado de cinco porciones diarias, que ingiere sólo el 6% de la población.

La mala alimentación es una de las caras de la moneda que puede explicar el avance alarmante en el exceso de peso. La otra es el sedentarismo: el 64,9% reporta actividad física baja. Esta es la principal diferencia estadísticamente significativa, ya que supone un salto de 10 puntos respecto de las últimas dos encuestas.

Rubisntein vincula el problema a los entornos urbanos obesogénicos. "Particularmente en los barrios en los que vive gente de menor nivel socieconómico, hay desde problemas de seguridad, de iluminación, falta de espacios verdes: todas barreras que hacen que la gente haga menos actividad física. No es sólo falta de tiempo y de tenerotras prioridades, si no que aún cuando hubiera ganas, voluntad y tiempo de hacerla, el entorno no lo facilita".

Los autores del informe destacan que la suba en este indicador está en línea con el aumento de la inactividad física registrado en los últimos años en América Latina y el Caribe,  “que contribuye a la epidemia creciente de obesidad y expresa la necesidad de profundizar las políticas públicas para promover la actividad física en toda la población, con un enfoque inclusivo y de protección de derechos. En países como Argentina, con una rápida urbanización, es necesario poner en marcha políticas poblacionales a favor del transporte activo, entornos laborales y escolares físicamente activos y la participación en propuestas de actividad física, deporte y recreación en espacios comunitarios”.

Consecuencia lógica del aumento en el número de personas que están por encima de su peso y que se mueven menos de lo aconsejado, también creció la prevalencia autorreportada de glucemia elevada o diabetes, que aumentó de 9,8% a 12,7% en la última ENFR, respecto de la edición anterior. “Este aumento significativo era esperable dado que acompaña el crecimiento de la obesidad y de la inactividad física, ambos factores de riesgo reconocidos de diabetes tipo 2”, señala el documento, en el que se sostiene que para reducir la prevalencia de diabetes “es fundamental implementar las políticas de prevención y control de la obesidad”.

A través de las mediciones bioquímicas, el 8,4% de la población registró glucemia capilar elevada (digitopunción con valor de glucemia ≥110 mg/dl). Asimismo, 3 de cada 10 individuos que se reconocieron con glucemia elevada o diabetes en el cuestionario, tuvieron registros altos en las mediciones bioquímicas; mientras que "resulta relevante que el 5% de la población que se refirió como no diabética por autorreporte, tuviera la glucemia elevada, lo cual demuestra por un lado el subdiagnóstico, y por el otro la necesidad de fortalecer la detección activa de personas con diabetes".

Los autores destacan, no obstante, que no se puede hacer una interpretación directa de que todas las personas con glucemia elevada por mediciones bioquímicas sean diabéticas y que el análisis más profundo de los datos se presentará en el segundo semestre del año.

Hipertensión y colesterol, estables

La prevalencia de presión arterial elevada entre quienes se controlaron alguna vez se mantuvo estable (34,6%), al igual que la de de colesterol elevado por autorreporte (28,9%).

La fase de mediciones objetivas arrojó otros datos: de la población general, el 40,6% tuvo la presión arterial elevada (mayor o igual a 140/90 mmHg). Y en cuanto al colesterol, el 30,7% registró colesterol elevado (mayor o igual a 200 mg/dl) en el control realizado a través de un pinchazo en el dedo. En ambos casos, tres de cada 10 que no habían reportado las condiciones al encuestador tuvieron registros elevados en las mediciones.

Si bien aclararon que sobre estos indicadores también se necesita realizar un análisis más completo y detallado, las autoridades sanitarias destacaron que "es evidente que la prevalencia de hipertensión arterial en adultos en Argentina es mayor al 34,6%" y que de los resultados preliminares se desprende "el alto nivel de subdiagnóstico de esta condición que es silenciosa y que requiere de una búsqueda activa y rastreo sistemático".

El consumo en exceso de sodio es una de las principales causas de hipertensión. En ese sentido, el uso del salero en la mesa se mantuvo también sin variaciones: sólo el 16,4% le agrega sal a las comidas en la mesa o después de la cocción (en 2005 era el 23%). "Si bien este aspecto cultural y de cambio de hábitos es importante, debe tenerse en cuenta que 2/3 del consumo de sodio proviene de los productos procesados o envasados y no de la sal agregada por el consumidor", subraya el informe.

Menos fumadores

El consumo de tabaco continúa descendiendo de manera significativa. Mientras que en 2005 fumaba casi el 30% de los adultos, hoy lo hace el 22,2%. Y entre la anterior edición de la ENFR y la actual, se observó una caída de tres puntos.

"Resulta evidente que la puesta en marcha e implementación de políticas públicas de control de tabaco conlleva un resultado positivo en términos sanitarios", destaca el resumen ejecutivo. "Hemos mejorado mucho, pero estamos muy lejos del ideal. Seguimos siendo uno de los países con mayor frecuencia de tabaquismo en la región", planteó el secretario de Salud, quien señaló que todavía habría que bajar las cifras al menos hasta la mitad de las registradas en la actualidad.

En la interpretación de los resultados, desde la Secretaría de Salud sostienen que continúan impulsando la ratificación del Convenio Marco para el Control de Tabaco, suscripto en 2003 y cuya ratificación se encuentra pendiente en el Congreso de la Nación. Argentina es el único país de la región que no lo ratificó.

Por primera vez se evaluó el uso de cigarrillo electrónico, que no está autorizado en Argentina, pero se consigue fácilmente. Lo utiliza sólo el 1,1% de la población. "Esto pone de manifiesto que el principal problema de la epidemia del tabaquismo en Argentina continúa siendo el consumo de cigarrillos regulares", enfatizaron las autoridades sanitarias.

Seguridad vial: una de cal y una de arena

Tres de cada cuatro habitantes utilizan siempre el cinturón de seguridad al manejar o viajar en auto; un crecimiento significativo, si se tiene en cuenta que en 2005 lo utilizaba la mitad de la población. También aumentó el uso de casco entre quienes viajan en moto (el 65% afirma usarlo siempre), pero sigue siendo bajo el porcentaje de los ciclistas que lo utilizan (uno de cada 10).

Un dato preocupante vinculado a la seguridad vial es que el porcentaje de personas que conduce (auto, moto o bicicleta) habiendo tomado alcohol es del 15,2%, una cifra significativamente mayor que la registrada en la medición anterior (12,1%), lo que revierte la tendencia decreciente de las últimas dos mediciones. Desde la Secretaría de Salud afirman que para interpretar las potenciales causas del empeoramiento del indicador es preciso esperar los resultados completos de la encuesta. "No obstante, los factores que potencialmente pueden explicar el empeoramiento del indicador son el aumento de consumo de alcohol, reportado por la Encuesta de Consumo de Sustancias Psicoactivas de SEDRONAR, y la baja percepción de riesgo a cerca del consumo de alcohol al conducir que tienen los jóvenes según reporta el Observatorio de Seguridad Vial", concluyen.