CAPITAL FEDERAL -  "Estacionar y andar marcha atrás es una tarea que requiere para los conductores comunes un mayor esfuerzo cognitivo. Se trata de una actividad más desafiante que limita el recurso disponible para otras tareas", sostiene María Roca, doctora en Psicología, coordinadora científica del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), e investigadora independiente del Conicet.

"La atención, que es aquel recurso que permite focalizar nuestros procesos intelectuales en algo, es un recurso limitado. Uno no puede prestar atención ilimitadamente sino que debe focalizar su atención en algunas cuestiones. Al ser un recurso limitado, el cerebro elige dónde poner esa atención para realizar la tarea que se quiera realizar", suma.

"Hay tareas que se pueden realizar de forma automática. Por ejemplo, cuando uno maneja sin hacer ninguna tarea compleja asociada a esa actividad puede estar escuchando música sin bajar el volumen. Esto es porque la tarea ya se ha repetido con la frecuencia suficiente como para automatizarse, entonces se puede tener la atención dividida en dos actividades", describe Roca. Y agrega: "Cuando alguna de esas dos tareas requiere de un esfuerzo cognitivo determinado, se puede decidir sacar el 'efecto de interferencia' que en este caso puede hacer la música, que en ese momento es una sobrecarga del sistema atencional".

No todos los conductores bajan el volumen de la radio o la música para estacionar el auto. Muchos, incluso, se sorprenden cuando escuchan que otros no conciben arrinconar el coche contra la vereda sin poner la radio casi en silencio. Los que sí bajan los decibeles, cada tanto y plenamente concientes de esa acción deliberada e inevitable, intentan reconocerse entre ellos.

"Busca un lugar para estacionar... ***baja el volumen de la radio. ¿Lo hacen o estoy sola en esta?", tuiteó la atleta olímpica Jenny Dahlgren en enero de este año. "Todos bajamos el volumen de la radio cuando vamos a estacionar, no? Creo que está en el manual de tránsito", escribió en esa misma red social el usuario @BarackusObama. "Todos bajamos el volumen de la radio cuando estamos por estacionar o nos perdemos, no? NO? No me dejen sola…", publicó @meetMeAtMontauk.

Son apenas algunas de las cuentas desde la que se lanzó esa mezcla de pregunta y búsqueda de complicidad. Entre las respuestas más repetidas a esos tuits y a otros que también se preguntaban de dónde viene la necesidad de bajar el volumen para estacionar, el impulso para que la radio se silencie en el momento de buscar la altura de una calle poco conocida pica en punta.

"Lo que pasa en los casos en los que se baja el volumen para estacionar es algo que puede pasar con cualquier tarea que requiera de un esfuerzo mental determinado, como concentrarnos en una cuenta matemática o mantener una conversación seria. Vamos a bajar la música porque tenemos que enfocarnos en eso que nos desafía intelectualmente", explica Roca.

Algunos modelos de Audi, Seat y Volkswagen con caja automática bajan automáticamente el volumen de la radio cuando el conductor pone marcha atrás. Es, a la vez, una manera de ahorrarles el trabajo a quienes girarían la perilla para el lado del silencio y una señal de que, tal vez, esa música que viene sonando puede convertirse en un ruido molesto al momento de estacionar.

¿Los cerebros de los que no bajan el volumen son distintos de los que sí lo hacen? ¿Tienen mayor capacidad de atención? "No diría que hay cerebros que tienen que bajar la música y otros no, sino que si uno realiza una tarea de forma tan repetitiva, eso que hace se le puede automatizar y entonces ya no requiere de tanto recurso intelectual. En ese caso, se puede mantener la música sin que sea un distractor. Pero no se trata de cómo es ese cerebro, sino de los estímulos a los que ese cerebro ha sido presentado", responde Roca.

Antes de bajarse del auto-parlante y mientras sube las ventanillas, el conductor le vuelve a subir el volumen al MTV Unplugged de Charly García. "Pasajera en trance, pasajera en tránsito perpetuo", se escucha desde afuera. La atención alcanza de nuevo para que la música recupere su espacio.