RAWSON (ADNSUR) - No son pocos los que piensan en los despachos de Fontana 50 que si Mariano Arcioni se decidiera a hacer alguna reestructuración de cargos, el primero que debería eliminar sería la Secretaría General de la Gobernación; por lejos, el que más problemas le ha causado. Primero probó allí con Carlos Relly, quien pasó prácticamente desapercibido durante 6 meses, con un perfil muy bajo. Luego intentó con una especie de Jefe de Gabinete fuerte, con alto volumen político, en la fallida experiencia de Andrés Meiszner, que duró apenas un mes y terminó de la peor manera. Y por el mismo camino parece ir el futuro de su sucesor, el ingeniero Javier Touriñán, quien apenas tres meses después de haber asumido se siente prácticamente afuera del gobierno.

En el entorno del ex legislador admiten que el fastidio obedece a la falta de coordinación a la hora de tomar decisiones y salir a comunicarlas, expresada en una frase totalmente gráfica: "parecen bipolares". El hombre había venido supuestamente a solucionar esto, pero siente que está "pintado", sin margen de maniobra, y que no pudo plasmar lo que tenía en mente en agosto, cuando aceptó el cargo. La falta de coordinación interna quedó en evidencia públicamente el día del anuncio del pago de sueldos, cuando Touriñán quedó descolocado y terminó pegando un portazo para no volver más. Y lo más llamativo es que, luego de una semana en Comodoro sin dar señales de vida, nadie le escribió ningún mensaje ni mucho menos le hizo un llamado, por lo que dijo a sus allegados "se ve que no me necesitan, estoy más afuera que adentro".

Claro que a este estado de calentura que vive en estas horas Javier Touriñán no se llega de golpe, sino que hay razones concretas. Comenzando por el final, hay que hacer una cronología de los hechos de lo que fue una jornada caliente el último jueves 5 de noviembre, que hizo acordar a aquel 30 de junio en el que se terminaron yendo dos ministros como Andrés Meiszner y Cecilia Torres Otarola.

A las 10:30 de la mañana, Javier Touriñán recibió a dos periodistas que querían tener noticias sobre el pago de sueldos a empleados públicos, y en una entrevista afirmó que el depósito de haberes se haría la semana siguiente porque aún había gestiones en Buenos Aires para destrabar el arribo de fondos de Nación. 

A las 13, una vez que la nota de Touriñán se difundió, se instaló el rumor de que se podía pagar ese mismo día. Después de gestiones a último momento, a las 15 horas el gobierno anunció a través de un comunicado oficial que había logrado reunir los fondos para depositar a todos los empleados públicos, sin distinción de rangos, que iban a cobrar al día siguiente, viernes 6. Es decir que los dichos de Touriñán lo dejaron públicamente como desinformado. 

A las 15:30 llegó un comunicado por un grupo de WhatsApp, enviado por la subsecretaria de Información Pública, Vanesa Abril, indicando de parte del gobernador la orden de que nadie podía hacer declaraciones sin su permiso. Inmediatamente después, llegó el contra mensaje privado de Touriñán al gobernador Arcioni, con quien había estado reunido a las 10 de la mañana antes de su partida a Buenos Aires, y había coordinado la manera de comunicar el tema.

Touriñán entendió que el comunicado interno difundido por un subordinado suyo lo desautorizaba como jefe de gabinete ante todos sus pares, y para colmo, estaba dirigido de manera implícita contra su persona, casi como un escondido tirón de orejas, porque había sido el único que había abierto la boca con la prensa. En un mensaje telefónico se lo expresó al gobernador, y el mandatario le respondió que no lo tomara como algo personal, que no era con él. La respuesta siguiente de Touriñán fue lapidaria: “No te creo nada, hasta acá llegué”.

 

LA GOTA QUE REBASÓ EL VASO

 

Las averiguaciones realizadas por esta columna, con fuentes de ambos lados de la cuestión, marcan que la salida de Touriñán –que tenía fecha de vencimiento en diciembre por la licencia otorgada en Petrominera- no fue tan sorpresiva, y que los desencuentros por el anuncio del pago de haberes fueron la gota que rebasó un vaso que se venía llenando desde el mes de agosto. Cuentan que a las dos semanas de estar en el cargo, Touriñán ya se había empezado a dar cuenta de que los motivos que tuvo para aceptar el ofrecimiento y las ideas que pretendía llevar adelante no se iban a poder concretar. 

El nuevo funcionario se encontró con que cada lugar donde quería meter mano estaba vedado. En la Justicia, en Diputados, en la relación con gremios y partidos políticos, cualquier nuevo intento de cambiar las cosas quedaba trabado porque había que cumplir “acuerdos prexistentes” cerrados por el gobernador o por algún ministro.

A nivel interno, dos cuestiones le hicieron ruido: uno fue la orden de no tocar a algunos asesores que ya venían de antes y a los que Touriñán no necesitaba y que públicamente se había comprometido a remover. Otro fue la interna administrativa en Casa de Gobierno, donde el Secretario General designó a un funcionario como Juan Patterson para avanzar en una serie de decisiones, quien se encontró con mucha resistencia del personal histórico.

A esto hay que sumar la falta de acuerdo de Touriñán en el manejo comunicacional de varios temas: el fin del pago escalonado, que opina que se hubiera dado si se pagaba el sueldo de octubre, no lo que finalmente se hizo a último momento de pagar agosto a algunos rangos y septiembre a otros, que dejó "colgados" a 400 trabajadores que cobraron una semana después. Y tampoco compartió el modo de instalar la cuestión de la zonificación minera sin la búsqueda de un consenso previo, que como resultado inmediato ya cerró puertas con muchos diputados.

Y a este panorama que no venía bien se agregaron las cuestiones de salud por la pandemia, que obligaron a Touriñán a estar aislado muchos días en Comodoro Rivadavia, lo que acentuó aún más la incomunicación con sus pares del gabinete. En realidad, en la toma de decisiones y en el círculo de confianza de la gestión Arcioni, hay un grupo de funcionarios que se podría denominar el “círculo rojo”, que viene trabajando con el gobernador hace meses, y sigue siendo el eje sobre el que giran todas las decisiones importantes.

Los nombres de ese círculo de confianza son: los ministros de Gobierno, José Grazzini, de Economía, Oscar Antonena, y de Seguridad, Federico Massoni; la subsecretaria de Información Pública, Vanesa Abril, y el Fiscal de Estado, Andrés Giacomone. En un año tan particular con la pandemia, se puede sumar al grupo a Fabián Puratich, de acceso permanente al despacho del gobernador, pero para hablar más bien cuestiones de tipo sanitario, no político.

Más allá de que jamás existió un problema personal ni una discusión con nadie, es probable que Touriñán nunca haya terminado de encajar en ese grupo de colegas que ya viene funcionando con un ritmo propio desde hace tiempo. De hecho, los miembros de ese "equipo chico" estaban al tanto de las gestiones para conseguir los fondos para sueldos el mismo jueves 5. Pero esa información nunca llegó en tiempo y forma al ex diputado, que estuvo sentado todo el día en su despacho puerta de por medio con el del gobernador. Dicho en otras palabras, nadie le avisó al que en los papeles es el Jefe de Gabinete. 

A eso es lo que el (¿ex?) Secretario General considera un "ninguneo" que no tiene más ganas de soportar. Y por eso, cuentan que en la últimas horas le habría hecho llegar en un sobre cerrado una nota al gobernador Arcioni. Nadie sabe el contenido exacto, pero se sospecha que no son palabras amistosas. No sería estrictamente una renuncia, pero el resumen podría ser: "si esto no cambia, no tengo nada más que hacer acá". Una manera de decirle al gobernador que no espere que baje la espuma, que la bronca no se le va a pasar, sino todo lo contrario, cada día que pasa, ante la indiferencia total, la calentura es todavía peor.

Se cree que Arcioni intentará reunirse y calmar los ánimos, ante un Touriñán que no quiere armar un escándalo político, pero tampoco hacer más papelones. Nadie sabe si seguirá hasta diciembre, pero lo que sí está claro es que esta semana tampoco tiene pensado ir a Rawson. Más claro, solamente resta echarle agua.

 

NO MAS EXPERIMENTOS

 

En realidad, con perfiles distintos, se repitió lamentablemente la situación vivida con Andrés Meiszner, quien había durado apenas un mes en el cargo. Un jefe de gabinete, con poder de decisión y margen político para tener peso propio y alto perfil, no es un rol que se lleve bien con esta gestión. Más allá de la buena relación personal entre Arcioni y Touriñán, hace falta un tándem político que tenga máxima confianza y que se pueda leer la mente. Y eso se construye con el tiempo, no se inventa de un día para el otro.

De hecho, Arcioni ya había dicho en julio a los más cercanos que su alta estima por la figura de Touriñán lo llevó a apostar por última vez a un perfil así en ese lugar. Pero que iba a ser el último intento. Y efectivamente, según averiguaciones de fuentes gubernamentales, con la salida del presidente de Petrominera se va la última chance de un alto perfil político en ese lugar, que ahora pasará a ser un área meramente administrativa.

Para los miembros del gabinete, en realidad lo que ocurre en la práctica es que se da una especie de “doble comando” debajo del gobernador, por el fuerte rol que ejerce el ministro José Grazzini, en la relación con intendentes, con gremios, y también muchas veces en la contención y coordinación de sus pares del equipo. Y en eso aparentemente coincidiría Arcioni, quien tendría pensado no meter más mano sumando nombres al equipo, apostando a cuidar el entorno de mayor confianza, con el actual Ministro de Gobierno como el hombre fuerte desde lo político. 

Uno de los grandes desafíos del gabinete de Arcioni se resume en una palabra: falta de coordinación. Si se va más atrás, siempre fue el rol más difícil de resolver para el mandatario, quizás por su estilo de estar él personalmente en todos los temas y no animarse a "delegar". Desde el primer conflicto con el dasnevismo con la salida de Jerónimo García, luego el paso de Sergio Mammarelli con el intento de reformas inaplicables en lo político y mucha falta de cintura (el hombre sigue tirando bombas mediáticas desde San Luis); posteriormente el arribo de Marcial Paz, quien coordinó las famosas paritarias que terminaron siendo impagables en 2019; después la llegada de un perfil confrontativo como el de Federico Massoni, que se fue abruptamente luego de una represión policial a docentes; y sin olvidar el culebrón de fin de año, cuando en noviembre pasado se ofreció ese lugar al vicegobernador electo Ricardo Sastre, quien no quiso aceptar.

En el entorno del gobernador piensan que quizás llegó el momento de dejar de hacer experimentos, y mantener lo que ya está funcionando: darle más poder de manejo al ministro de Gobierno, José Grazzini, que empiece a pasar todo por una relación más aceitada que parece tener luego de un año con Arcioni, en la que se generó un vínculo de confianza y una aprobación del manejo realizado en silencio con los gremios, con empresarios, con los intendentes y también en el contactos con figuras del gabinete nacional. El paso de Touriñán -que puede terminar esta semana o en todo caso en diciembre-, había generado una gran expectativa que volvió a defraudar a todos, propios y extraños. Otra vez, llegó la hora de barajar y dar de nuevo.