RAWSON (ADNSUR) - En materia económica, la palabra que define el estado de ánimo por estos días en el gobierno es “optimismo”. Un optimismo prudente en todo caso, en el que nadie quiere salir a decir nada que lo pueda dejar pagando luego. 

Ahora bien, la cuestión es si se trata de una fe obstinada en el futuro, sin fundamentos concretos, que apuesta a una solución mágica que puede caer del cielo; o si se trata de una expectativa que está basada en datos reales que permitan ver la mitad del vaso medio lleno. ¿Se sale o no se sale de la crisis? 

En esta nota, exploraremos aquellas razones que los voceros del gobierno no están diciendo públicamente, pero que son las que les permiten soñar con un mes de noviembre como “punto de quiebre”. El resultado dependerá de dos ejes: uno, el cumplimiento del anuncio del pago salarial sin rangos, en un solo tramo; y dos, el avance en el proceso de renegociación con los bonistas.

Si algo marcó el tono de esta última semana -dejando al margen los temas referidos a la pandemia y la seguridad de la mano de funcionarios como Fabián Puratich o Federico Massoni-, fueron las pocas apariciones públicas de los referentes políticos de la gestión Arcioni: no está haciendo declaraciones ni el gobernador ni su ministro de Economía, y apenas hubo alguna aparición esporádica de funcionarios como Javier Touriñán o José Grazzini. 

Gobernador de Chubut, Mariano Arcioni.
Gobernador de Chubut, Mariano Arcioni.

 

La discusión parece haber corrido su eje a los cruces entre dirigentes de gremios estatales y legisladores nacionales, en una semana en la que se discutió en el Congreso el futuro Presupuesto 2021. Y a nivel local, con una Legislatura que estuvo muy tranquila y que no trató ningún tema candente.

La experiencia indica que cuando se da esta sensación de “tensa calma”, en la que parece que nada ocurre, en realidad algo se está cocinando en algún lugar. 

Y efectivamente, en estos momentos, la mayor parte de la actividad y la atención de la gestión de Mariano Arcioni está puesta en un tema central: la renegociación de la deuda en dólares con los acreedores de Chubut. Si el nivel de intensidad de las negociaciones pudiera medirse como un electrocardiograma, seguramente en estos días marcaría el pico máximo de 200 pulsaciones por minuto. Los encuentros virtuales por zoom con los representantes conectados desde Londres y Nueva York, llegan a repetirse a razón de 4 o 5 “meetings” por día.

Claro está que este dato, por sí sólo, no permite avizorar para nada que vaya a haber éxito en unas negociaciones que tienen un altísimo grado de dificultad, porque como ya se ha explicado hasta el hartazgo, no existe la opción de dejar de pagar. Los bonistas tienen la “vaca atada” con un bono como el Bocade, donde los pagos están absolutamente garantizados con los ingresos de las regalías hidrocarburíferas que van a parar a un fideicomiso. El contrato firmado en 2016 es tan “leonino”, que si la provincia llegara a amagar con una cesación de pagos, hay cláusulas que habilitan automáticamente a los acreedores a embargar el total de los ingresos por regalías hasta que se terminen de cobrar sus deudas.

Por algo hasta el momento ninguna provincia logró aún renegociar con éxito una estructura de deuda como ésta, con garantías afectadas. Más aún, en estos momentos Chubut es la única provincia que está hablando con sus acreedores, porque el otro caso testigo era Neuquén, que avisó esta semana que no va a efectuar el pago de intereses en uno de sus bonos, ingresando en un virtual “default”. Mientras otras provincias como Buenos Aires, Chaco o Salta frenaron sus negociaciones.

Oscar Antonena, ministro de Economía de Chubut.
Oscar Antonena, ministro de Economía de Chubut.

 

LO QUÉ ESTÁ EN JUEGO

El dato entonces no es menor: no puede soslayarse que la provincia del Chubut está sentada negociando, ahora con mucha mayor intensidad, en un proceso arduo que ya lleva dos meses de actividad. Siempre bajo un acuerdo de confidencialidad, que requirió en determinado momento un “ajuste de tuercas” por determinadas filtraciones inexactas que salieron a la luz y que obligaron al gobernador a achicar la cantidad de participantes por Chubut. 

Luego de estos retoques, el único actor que quedó sentado en la mesa por la provincia es el ministro de Economía, Oscar Antonena, mientras Arcioni “monitorea” cada uno de los pasos que se van dando. Son los únicos dos protagonistas del gobierno que están metidos en la negociación.

Por otra parte, hay una cuestión importante que viene a cuento aclarar ante la ansiedad que el tema genera. Nunca se puede hablar en esta etapa del “cierre de un acuerdo con los bonistas”, porque para que eso ocurra, debe haber un acuerdo de al menos un 75 % de los tenedores de bonos; mientras que en estos momentos, Chubut lleva adelante una negociación concentrada en un grupo más chico, que no alcanza al 50 % del total. Es decir que, en el caso de que se llegara a un principio de acuerdo con este grupo reducido, el paso siguiente es que la provincia haga una “oferta pública”, para que se puedan adherir el resto de los acreedores. Recién allí, si es que hay acuerdo con las tres cuartas partes, se podría anunciar el éxito del reperfilamiento.  

Hasta el momento, las reuniones llevan dos meses sin rechazos ni comentarios negativos, en un intento de restructuración en el que Chubut busca “aplanar la curva”, buscando un plazo mayor en los vencimientos que hoy se volvieron muy difíciles de afrontar –al tipo de cambio actual promedian los $ 1.200 mensuales- para que se vuelvan más “pagables”. 

El objetivo buscado es bajar el nivel de las cuotas y postergarlas en el tiempo, para lo cual, los bonistas deberían acceder a no terminar de cobrar todo en 2026, sino muchos años después. En materia de plazos, sólo una cosa está clara, porque está establecida por ley: se fijó como tope el año 2025 para volver a pagar la primera cuota de capital. El resto, es todo negociable.

LOS SUELDOS

Mientras este mes de noviembre puede ser clave entonces para la reestructuración de la deuda, hay otro asunto fundamental en el que el gobierno tiene apuntados sus esfuerzos, y que espera se vuelva un “antes y después” en la relación con los agentes públicos. Como ya se dijo, Mariano Arcioni anunció hace tres semanas que este mes iba a terminar el “pago escalonado”

 

Con esto quiso decir que el gobierno piensa acabar de una vez con el traumático sistema de rangos con orden de prioridades -que viene generando fuertes polémicas entre policía, salud y jubilados, e incluso entre ministros del gabinete con amenazas cruzadas de renuncia- para anunciar una sola fecha de pago por mes: un único día en el que cobrarán todos juntos, los más de 64 mil agentes públicos, tanto pasivos como activos, de cualquiera de los tres poderes.

Este anuncio, que debería ser algo “normal”, en realidad es todo un desafío que no se cumple hace más de un año, porque a la provincia se le hace imposible reunir toda la masa salarial de una sola vez. ¿Y cuándo sería esta fecha? Esa es la pregunta que ronda la cabeza de los empleados a los que se adeuda en algunos casos dos meses y el medio aguinaldo. 

De acuerdo a la información reunida por esta columna, la fecha de pago sería en la semana que va del lunes 9 al viernes 13 de noviembre. Recién a esa altura del mes, si llega un adelanto de coparticipación y habiendo ya ingresado la segunda cuota de $ 1.500 millones del Fondo Fiduciario, la provincia lograría reunir el total de la masa salarial, quizás teniendo que recurrir a algún tipo de herramienta financiera a corto plazo, ya que la Legislatura no autorizó aún la emisión de letras a “dólar linked” por U$S 50 millones.

El panorama sigue siendo muy duro, pero el optimismo en el gobierno para hacer cálculos a futuro está basado en leves mejores en los ingresos, que permiten soñar con otro panorama para 2021. La coparticipación mensual que llega desde Nación, dio un pequeño salto que elevó el monto que estaba hace un par de meses en $ 1.800 millones a unos $ 2.300 millones. A eso se le suma cierta mejora en ingresos por regalías, ya que el sistema del “barril criollo” no era favorable, y ahora con el nuevo valor del dólar el número pasó de $ 1.547 millones a $ 1.700 millones.

Es decir que la recaudación mensual, sin tomar en cuenta el rubro de los tributos provinciales, subió alrededor de $ 650 millones, un 20 % respecto al trimestre anterior. Si a ese monto se le suma la nueva cuota de $ 1.500 millones del Fondo Fiduciario, arroja en noviembre una cifra que se estima por encima de los $ 2.100 millones, lo que sumado a algunas decisiones en el achique de gastos, no hace ver tan lejano cubrir ese déficit que estaba tiempo atrás en los $ 2.600 millones mensuales. 

 

Es probable que aún haga falta algún tipo de ingeniería financiera a través del FUCO del Banco Chubut para cubrir ese bache, pero se entiende entonces que no haya habido apuro en que la Legislatura apruebe la autorización para emitir letras a mediano plazo. El plan consiste en que el mismo escenario se repita el mes siguiente, para lograr la previsibilidad de que el pago salarial comience repetirse todos los meses para la misma fecha.

La situación económica de la provincia sigue siendo la de un paciente en estado reservado que está en terapia intensiva. Pero en el gobierno creen que si se puede cumplir con el pago salarial en un solo tramo a partir de mejora en los ingresos y toma de deuda, y al mismo tiempo se llega a lograr un acuerdo para la postergación de los vencimientos de la deuda para dentro de cinco años, con un alivio de $ 1.200 millones mensuales, ese paciente podría dejar de requerir una máquina de respiración asistida, para comenzar a respirar por sí mismo. 

Por todo esto, es que este mes de noviembre que comienza, puede convertirse para el gobierno de Arcioni en una bisagra que de vuelta la página hacia adelante, o convertirse en una pesadilla que vuelva a traer los fantasmas del pasado