La apatía y falta de motivación que notábamos de parte de la ciudadanía en nuestros análisis previos a las PASO, finalmente se cumplió en la jornada de este domingo, que marcó la participación más baja de los electores en Chubut desde el retorno de la democracia en 1983. El número final del escrutinio provisorio difundido por el gobierno nacional marca un 66,46 % de votantes en Chubut, con casi el 98 % de las mesas escrutadas.

Esto significa 10 puntos menos de la media histórica, que oscila entre el 75 y el 77 %. La diferencia es aún mayor si se compara con el siglo pasado, con elecciones como las de Presidente en 1983 (80 %), 1989 (81 %), 1995 (81 %) y 1999 (81 %). Siempre las presidenciales son elecciones más convocantes, como se pudo ver en 2011 y 2015, con 79 % de participación en ambas.

Luego las elecciones legislativas nacionales, así como las contiendas a gobernador, han tenido picos de 80 % de participación -como en 1987- o del 78 % -en 1985- pero en general oscilan en un piso del 75 % -en los años 2001, 2003, 2005 y 2007- y una media del 77 % -es el porcentaje que más se repite, en 1991, 1993, 1997, presidenciales de 2003 y 2007, así como en 2009, 2011 y 2013.

Ya se había notado cierta merma de votantes en las legislativas de 2017, con un 74 % de votantes, y en las elecciones provinciales anticipadas de 2019, que fueron en junio, con un piso histórico del 73 %, que meses después subió al 77 % en las elecciones presidenciales de octubre.

Pero sin dudas, nunca se había perforado el piso del 70 % como ocurrió en esta oportunidad, donde los votantes no llegaron al 67 %, lo que significa que un tercio de los ciudadanos empadronados no fue a votar este domingo.

El desinterés es todo un mensaje para la clase política, tal como habíamos analizado semanas antes en nuestros análisis previos. Sin dudas, el año marcado por la pandemia, los miedos a la hora de ir a votar por parte de quienes pudieran tener factores de riesgo en un contexto sanitario y epidemiológico difícil, sin dudas fue uno de los factores que incidió. Pero no el único.

A la pandemia, hay que agregar el desinterés de la ciudadanía por una campaña política que nunca logró entusiasmar, marcada por la falta de propuestas de los precandidatos y por una agenda alejada de los temas del vecino común: lo más habitual fueron las chicanas entre los representantes de las distintas fuerzas, en el afán por achacar al rival político los errores y las culpas del pasado.

Quedan dos meses hasta las elecciones generales del 14 de noviembre, en el que los dirigentes deberán rearmar una estrategia de campaña que busque atraer y motivar a los votantes para acercarse a una escuela y emitir su voto. El resultado de las PASO ya les dejó un mensaje claro de la sociedad: deben acercarse más a los temas que interesan a la gente, y jugarse con proyectos de lo que piensan hacer en el futuro.